//Entrevista con Clarín Maximiliano Espinillo, el goleador de Los Murciélagos que le pega con un caño y sueña con el oro en Tokio 2020

Entrevista con Clarín Maximiliano Espinillo, el goleador de Los Murciélagos que le pega con un caño y sueña con el oro en Tokio 2020

Quedó ciego a los 4 años, fue vendedor ambulante para comprarse botines y es clave en el invicto de Argentina en los Juegos Paralímpicos.

“Al comienzo fue complicado, porque le tenía que perder el miedo a golpearme o a chocarme. Gracias a Dios, lo superé rápido. Siempre me dijeron en mi casa que era muy corajudo, que no le tenía miedo a nada. Y cada cicatriz nueva era como el trofeo del día para demostrar que yo podía”, le cuenta Maxi Clarín ya con 27 años, casado con Victoria y asentado como el goleador de Los Murciélagos en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

Hablar cara a cara con este bonachón de tonada pausada, educado a cada paso y de frases precisas y al hueso es una experiencia fascinante. Su tranquilidad contagia. Pero adentro de la cancha del fútbol sala para ciegos es una tromba. Lo buscan, la lleva con los dos pies y castiga a los arqueros videntes rivales con golazos para enmarcarLe metió dos a Marruecosdos a España uno en el 3-0 a Tailandia, para que Argentina siga invicta y ahora piense en la semifinal de este jueves, a las 4.30, contra China.

“Me considero un jugador que por ahí técnicamente no soy de los mejores, pero suplemento eso con garra, corazón y enjundia. Tengo que encontrar la pelota que ande boyando por ahí y pegarle fuerte, que es mi virtud. No le tengo miedo a nada y voy siempre para adelante”, explica Maxi como si hiciera falta.

Por eso lo buscan a él en cada jugada, córner o tiro libre. Y por eso apenas infla la red busca el abrazo con Germán Márquez, el guía que orienta detrás del arco rival, con sus compañeros y con el técnico Martín Demonte.

Maximiliano Espinillo celebra con sus compañeros uno de sus goles en Tokio 2020.
Foto Reuters

Maximiliano Espinillo celebra con sus compañeros uno de sus goles en Tokio 2020. Foto Reuters

Maxi es el típico buenazo. Se le nota en el alma, en cada gesto y palabra. Y vaya que pudo haber tenido motivos para encarar hacia otro camino. “Tuve una infancia muy buena, en una familia muy humilde que siempre me contuvo. Vivía en una villa de emergencia en Córdoba y mis padres eran vendedores ambulantes. Como toda familia humilde, por ahí faltaban cosas, pero no me quejo porque nunca faltó el amor, el cariño y la comprensión”, comienza a relatar cual discurso de presentación quien fue alumno del Instituto Helen Keller.

Un momento bisagra en su vida fue cuando sus padres se separaron y sus hermanos se fueron a vivir con sus parejas. “Como hombre de la casa, tenía que aportar a pesar de ser muy chico y me tocó trabajar como vendedor ambulante en el transporte público para colaborar y también para empezar a sustentarme, porque todo adolescente en un momento de la vida genera gasto y quiere empezar a independizarse y tener su dinero. Yo lo necesitaba para comprarme botines, ropa y los elementos de protección, porque ya jugaba en la Liga”, explica.

¿Cómo enfrenta un adolescente ciego la mirada de la sociedad en la calle? La pregunta se le traslada a Maxi. Y él dice tajante: “La gente con la que me he cruzado siempre me ha ayudado. Jamás me ha dado la espalda. Quizás una de diez no te ayuda, pero el resto generalmente siempre te da una mano”.

Su constancia no fue la única responsable de afrontar la vida con enjundia y sonrisas. Siempre estuvo su pasión. Esa pasión de tantos pibes. “El futbol no sólo fue una puerta sino que siempre quise estar en la Selección”, sentencia. Pues entonces, ¿cómo fue su llegada a vestir la camiseta celeste y blanca? De novela, como lo cuenta Demonte, integrante del cuerpo técnico de Los Murciélagos desde 2000 y entrenador desde 2009.

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“Lo conocí de chiquito cuando vino con Froilán Padilla, referente de la Selección, al Instituto Román Rosell. ‘Traje al hermanito de mi pareja’, me dijo ‘Coqui’. Bien. Empezamos a hacer la entrada en calor y de repente veo que el nene le pega una vez al arco. Lo miro de costado, como diciendo: ‘¿Le pegó el nene a la pelota?’. Y de repente le pega de vuelta y la estalla contra el travesaño. En esas dos primeras dos pelotas, yo sentí que Maxi tenía talento”, recuerda Martín.

“Recién estábamos comenzando el trabajo de la categoría juvenil -recuerda-. Sentí que podía hacer algo muy bueno con lo que tenía y fue mi intención que él siguiera el camino del fútbol. Tan convencido estaba que quise hacerlo entrar rápidamente al plantel mayor de Los Murciélagos en 2010 o 2011 para poder perfilarlo. Pero me dijo que no”.

-¿Cómo que no?

-Me dijo: “Profe, yo soy muy chico y si acepto ahora me voy a perder hacer cosas de chicos y capaz me mando un moco y puedo llegar a perder la oportunidad. Cuando tenga esa oportunidad, quiero realmente aprovecharla”. Yo me quedé, porque estar en Los Murciélagos era todo para un jugador ciego. Fue algo muy raro. Fue el único jugador que me dijo que no.

-¿Cómo volvió entonces?

-Lo respetamos, pasaron dos o tres años y en un partido de la Liga me acerco y le digo: “Maxi, ¿ahora estás maduro?”. “Ahora sí”, me contestó. Fue en 2013. Y en 2014 jugó el Mundial, convirtió el gol que nos dio el pasaje a la final, tuvo situaciones y muchos minutos en la cancha, y salimos subcampeones.

Maxi tampoco se olvida del día en que aceptó ser un Murciélago, su segunda familia. “Fue un click y decirme: ‘Quiero esto y tengo posibilidades de mejorar’. Me acompañaron jugadores que son mis pilares dentro y fuera de la cancha, el cuerpo técnico, mi familia y mi esposa Victoria”, detalla el goleador, quien se mudó a Santa Fe por amor.

Fue parte de los planteles que ganaron la medalla de plata paralímpica en Río de Janeiro 2016, los subcampeonatos mundiales de Tokio 2014 y Madrid 2018, y las medallas de plata en los Juegos Parapanamericanos de Toronto 2015 y Lima 2019. “Estoy muy feliz de ser parte de este equipo, porque sabemos que si trabajamos bien, siempre vamos a estar en la discusión de cualquier campeonato”, avisa.

Le encantaría jugar la final contra Brasil. Y ganarle, claro. “Nos ha tocado disputar las finales con ellos y por detalles nos han sacado ventaja, pero creemos que este es el momento de ganarle a Brasil -muestra su hambre-. El ambiente es especial. Un momento único. No se compara con ningún campeonato. Se siente el ruido de medallas”.

Aquel niño que corría escuchando la pelota y se pegaba algún que otro palo es hoy este hombre que tiene el gol en su mente. Sabe que todos confían en él y no le escapa a la misión.

Maximiliano Espinillo se define por la pasión. Y lo deja en claro: “A la pasión la tenés o no la tenés. Para mí, jugar a la pelota es una pasión. Lo hacés sin pensar en nada, sin medias tintas, al cien por ciento. Te puede salir o no, pero mientras lo sientas con pasión, no importa el resultado porque sabés que dejaste tu máximo”.

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Martín Demonte (DT de Los Murciélagos)

Todo el equipo, sus compañeros, los profes y los técnicos esperamos que Maxi sea el mejor jugador del mundo, porque creemos y estamos convencidos de que tiene con qué.

Maxi es dueño de una pegada única y absolutamente potente. Nuestro desafío permanente es acompañarlo, llevarlo para que él pueda mostrar su talento y se convierta en el mejor jugador de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 y en el mejor jugador de todo lo que venga por delante. Y sostenerlo durante mucho tiempo.

Es muy humilde y sabe de sus condiciones y de su potencial. Pero creo que su humildad y su perfil bajo a veces lo llevan a no demostrarlo, a no expresarlo. El equipo no espera un salvador, pero sí espera que él pueda disfrutar de ser el mejor jugador de Los Murciélagos en el presente y en el futuro.

Maxi es un jugador totalmente pasional. Son más los momentos en los que hay que bajarlo para llevarlo para el lado de analizar, de pensar… Porque es un jugador que todo el tiempo está apasionado y obsesionado con convertir el gol en el arco rival. Es un apasionado del gol y eso hace bien y contagia.

Es un jugador que siempre quiere estar. Cuando uno da una lista, está esperando que diga su nombre para que salga de titular. Y en el momento que es reemplazado quiere volver a entrar, porque quiere estar en el campo. Y todo jugador que quiere estar en la cancha, que quiere tener minutos, es un jugador que no le escapa al desafío.

HS

Fuente: Hernán Sartori – Clarín.com Deportes – Fotos: AP – Reuters – Clarín.com Deportes – Tweets DEPORTV@canaldeportv – Clarín.com Deportes