//“El Borgia”, ese modelo silencioso de Alumni que se replica en todos los clubes de rugby

“El Borgia”, ese modelo silencioso de Alumni que se replica en todos los clubes de rugby

Gay Talese, escritor estadounidense y maestro del periodismo, dueño de una pluma elegante y detallista, dice que “los vestuarios de los perdedores enseñan mucho”. Buena parte de esas brillantes crónicas que retratan a los deportistas desde otro lugar está plasmada en su libro El silencio del héroe, cuyo título hace honor a Joe DiMaggio, la leyenda del béisbol que nunca dejó de depositar flores en la tumba de su mujer, Marylin Monroe. Allí, por ejemplo, se rescata otra historia que escribió Talese, pero para el libro Vida de un escritor. Se refiere a su decisión de viajar a China para retratar a Lui Ying, que fue la única que falló en la definición por penales que su selección perdió en la final del Mundial de fútbol femenino de 1999, ante Estados Unidos. “No soy, ni nunca he sido, amante del fútbol”, advierte Talese en la primera oración.

En el rugby, como seguramente en cualquier otro deporte, además de las enseñanzas que deja la derrota, muchas veces más importantes que las que trae la victoria, hay una historia rica que es escrita por gente de bajo perfil, pero que es esencial en la vida de los clubes. Carlos Alberto Casanova, “El Borgia”, ha sido una de esas personas. Dio todo lo que tenía, y aun más, por su Alumni. Jugador, entrenador, presidente, amigo y padre de todas las camadas que pasaron por el club de Tortuguitas, a los 79 años se fue de gira el miércoles de la semana pasada, dejando un legado por el que le agradecieron decenas y decenas de integrantes de diversos clubes. “El Borgia” siempre será recordado por un atributo: su eterna sonrisa.

Casanova, cuyo primer sobrenombre fue “El Pomo”, heredado por su hijo Carlos Diego, llegó a Alumni cuando el club transitaba sus primeros pasos. Lo hizo junto a un grupo de amigos desde Liceo Militar. Integró como segunda línea el equipo que ascendió a la segunda, y también otro que se enfrentó con el plantel del seleccionado argentino que se preparaba para la histórica gira a Sudáfrica de 1965. Entrenó varias divisiones y, con apenas 32 años, presidió la delegación que realizó la primera gira a Europa. Aquellos jugadores, entonces muy jóvenes, lo despidieron de un modo conmovedor.

"El Borgia" Casanova fue jugador y presidente de Alumni y padre de todas las camadas posteriores a la suya; un hombre que amó a su club desde los comienzos de la institución.
“El Borgia” Casanova fue jugador y presidente de Alumni y padre de todas las camadas posteriores a la suya; un hombre que amó a su club desde los comienzos de la institución.

Presidió el club durante cinco años, pero lo más importante es que siempre estuvo ligado a su vida. Los domingos a la mañana recorría las canchas levantando las botellas que habían quedado tiradas desde la noche anterior; si se cortaba la luz, llamaban a él, porque era el único que sabía dónde estaban las llaves de las cajas; si veía un alambre roto, lo arreglaba. Su último acto fue poner dinero para el nuevo quincho. “Si papá veía que un chico pateaba un bidón vacío, iba delante de él y lo levantaba, mostrándole que eso no se hacía. Daba el ejemplo en silencio”, cuenta Carlos Diego, que sigue el legado al igual que su hijo Rafael, que completa la tercera generación Casanova en Alumni. A propósito: en 2015, el grupo de veteranos, llamados “Los Inoxidables”, le dio a “El Borgia” el “Premio al Silencioso”.

Amiguero, honesto, compinche de su hijo y de sus nietos, siempre alegre y de llanto fácil, “El Borgia” Casanova representa a esos miles y miles que fueron o son sostenes de los clubes. Guardianes del rugby, definición que inventó su hijo para una campaña publicitaria. Los que ponen sólo –y nada menos que– a cambio del amor que tienen por el juego, los que plantaron los palos, pintaron las canchas, levantaron ladrillos; los que nunca faltan a un partido, cualquiera sea el clima. Los que más sufrieron esta pandemia, ya que sus cenas en la semana y los almuerzos previos a los partidos constituyen, a esta altura de sus vidas, unos de los bienes más preciados. Estas líneas que homenajean a Casanova son también para ellos.

Hoy, sus cenizas serán esparcidas en Alumni. En los in-goals de la cancha 1 y en el quincho. Desde ahí seguirá cuidando al club y al rugby.

Fuente:Jorge BúsicoJorge Búsico PARA LA NACION – Fotos: LA NACION DEPORTES