//A River le costó, pero pasó a cuartos de final de la Copa Libertadores: las razones de la victoria y la invencibilidad de Gallardo contra los brasileños

A River le costó, pero pasó a cuartos de final de la Copa Libertadores: las razones de la victoria y la invencibilidad de Gallardo contra los brasileños

Dale que se le termina el tiempo!”. Nicolás De La Cruz mira al árbitro venezolano Jesús Valenzuela y le reclama con los brazos abiertos. Pasado el primer cuarto de hora del segundo tiempo y con el resultado 0-0, el arquero brasileño Bento se dispone a realizar un saque de arco con total tranquilidad. Lo curioso es que, con el empate, River podía cerrar la serie a su favor para sortear a un incómodo Athletico Paranaense y meterse en cuartos de final de la Copa Libertadores. En ese grito se refleja parte de la vocación ofensiva incesante del equipo de Marcelo Gallardo. Y ese deseo fue lo que le permitió destrabar el resultado para ganar 1-0 y seguir en la Copa. Luego, tras el tanto de Nicolás De La Cruz que llevó tranquilidad, primó la voz de los experimentados. “¡Ey, muchachos! ¡Tranquilos! ¿Para qué vamos corriendo?”, disparó Leo Ponzio, quien ingresó en los minutos finales, y su grito recibió la aprobación de Enzo Pérez. Ambición y experiencia, claves de un equipo que lucha hasta el final.

Sin mostrar su mejor versión, con una marcada falencia para concretar lo que genera y algunas desatenciones defensivas, a River le alcanzó para vencer a un diezmado Paranaense (tuvo 15 bajas entre 11 casos de Covid-19, tres lesionados y un suspendido) que tuvo una figura superlativa: el arquero Bento, quien a los 21 años jugó recién su tercer partido en primera, tuvo una actuación increíble y fue sostén absoluto de un equipo que cedió el protagonismo y se amparó en sus salvadas. Pero el juvenil no pudo repetir la historia de Librado Azcona, aquel arquero de Independiente del Valle que tuvo una noche soñada en el Monumental y le impidió a los de Gallardo superar los octavos de la Libertadores 2016.

Una de las tantas atajadas de Bento, el arquero de Paranaense, que fue la gran figura del partido ante River.
Una de las tantas atajadas de Bento, el arquero de Paranaense, que fue la gran figura del partido ante River. Fuente: AP

Con ocho atajadas decisivas, el brasileño se lució una y otra vez. Lo probaron Matías Suárez, Rafael Borré, Nicolás De La Cruz, Gonzalo Montiel, Milton Casco y Robert Rojas, pero nadie parecía poder doblegarlo. Fueron 15 aproximaciones diferentes hasta que Christian bajó a Borré en el área tras un desborde del colombiano Jorge Carrascal -un ingreso que empezó a desequilibrar el partido-. Aunque, claro, también costó: De La Cruz estrelló su remate en el palo y el rebote en la espalda del arquero le permitió marcar el 1-0 a los 38 minutos del segundo tiempo.

En un partido cerrado, de mucha disputa y fricción y sin lucimientos, los números también terminan marcando la superioridad que fue imponiendo River de menor a mayor a lo largo del partido. Sin brillar, ganó en todos los aspectos -según las estadísticas recogidas por Opta-: 67,9% contra 32,1% de posesión; 23 remates (9 a puerta) contra 9 (4 a puerta); 9 córners contra 4; 13 centros contra 9; 68 duelos ganados contra 53; y 577 pases (82,3% de precisión) contra 271 (60,5% de precisión).

Borré lucha en lo alto. el colombiano mejoró, pero no brilló.
Borré lucha en lo alto. el colombiano mejoró, pero no brilló. Fuente: AP

Gallardo regresó al 3-3-2-2 y dispuso el cambio de Robert Rojas en lugar de Santiago Sosa. Pero en el primer tiempo el equipo se mostró estático, irresoluto y previsible a pesar de dominar la pelota y los tiempos. Además, los jugadores más fundamentales del esquema no funcionaron: los laterales Montiel y Casco no se proyectaron con profundidad entre errores propios y virtudes del cerrojo defensivo de los brasileños, fueron endebles a la hora de marcar y retroceder y no tuvieron su habitual lucidez para decidir.

El gol de De la Cruz

A su bajo nivel, se sumaron las imprecisiones de Nacho Fernández y De La Cruz, el poco espacio de un tapado Enzo Pérez para jugar y las escasas asociaciones que se pudieron generar entre Borré y Suárez. Frente a eso, el que sacó ventaja fue Paranaense. El equipo de Curitiba apostó a replegarse rápidamente para no sufrir, buscó siempre lastimar las espaldas de Montiel y Casco, no bajó nunca la intensidad para marcar y también aprovechó la pelota parada para exigir a Franco Armani y a los centrales millonarios. Molesto e incómodo para River, pero con pocas intenciones para lastimar, a pesar de que el 1-1 de la ida lo obligaba, al menos, a marcar un gol para pelear la clasificación.

En el segundo tiempo hubo un cambio de actitud total. El Millonario salió decidido a renovar su imagen y tener contra las cuerdas a su rival. Con mejores conexiones, más tiempo para decidir y potenciando la precisión al trasladar y distribuir, pudo crecer para llevarse la victoria. Ahora, con la clasificación sellada, será momento de levantar la vara: frente a un Paranaense con 15 bajas que no estuvo dispuesto a atacarlo ni en la ida ni en la vuelta, River terminó imponiéndose haciendo valer su jerarquía individual, su temple y su experiencia. Y aquel agónico gol de Paulo Díaz en el cierre en Brasil terminó siendo vital.

Gallardo sigue sumando puntos a su lista: con esta nueva victoria, ganó las seis series eliminatorias en las que se enfrentó a equipos brasileños. Y ahora tiene una marcada misión: ajustar detalles a la espera de Nacional o Independiente del Valle, rival de cuartos de final. Por cuarta Copa consecutiva, River supera los octavos. Lucha, trabaja y sabe que tiene que pulir detalles, pero también se sostiene en su carácter para poder soñar.

El festejo de River tras el gol de De la Cruz.
El festejo de River tras el gol de De la Cruz. Fuente: AP