/Miguel Ángel Russo: “El liderazgo no viene por la fuerza, viene a través del diálogo”

Miguel Ángel Russo: “El liderazgo no viene por la fuerza, viene a través del diálogo”

A los 67 años, íntimo y reflexivo el entrenador del campeón Rosario Central: “Hoy, el dinero supera al amor por el fútbol”, alerta en tiempos agitados.

¿Creemos que conocemos a Miguel Ángel Russo? De las personas solo sabemos lo que nos dejan ver. “No sé si jugué alguna vez al fútbol con mi papá, si pateamos una pelota… No lo sé, no tengo ni idea, no guardo ni un recuerdo. Mi papá murió antes de que yo cumpliera 5 años”, comenta con una mirada que acompaña el viaje imaginario. “Dios me quitó algo tan importante como crecer sin un padre, pero la vida me compensó con muchísimas cosas –continúa–­. Con muchas personas que me han protegido, que me han cuidado y eso para mí es invalorable. No reniego. Sí, me hubiese gustado tener una charla para preguntarle si estaba contento con lo que hice en mi vida. Dios sabrá por qué, ¿no?”El tiempo no borra todo. “En esa época no se sabía tanto de las enfermedades, él andaba por los 25 años… no sé qué pasó. Y yo tampoco nunca quise remover esa historia. La vida es así, la acepto y punto”. En Russo asoma mucho más que un entrenador campeón, y él abre la hendija.

La vida le ha dejado cicatrices a Russo, pero le cuesta mostrarlas y detesta la autocompasión. En febrero de 2018 lo operaron en Bogotá por un cáncer de próstata, cuando dirigía a Millonarios, tarea que no desatendió, entre sesiones de quimioterapia, hasta conquistar el título colombiano. Nunca habló de lucha. “Confié en los médicos y no me asusté porque fui medio inconsciente. Yo seguía para adelante. Todo se cura con amor, en definitiva creo mucho en eso”, aclara. Y asume que esa marca la mira cada día. “Los controles son clave porque uno nunca sabe por dónde te puede volver a aparecer. Y los controles son preventivos. No estoy curado, sí estoy bien y debo seguir con todos los estudios periódicos. Hoy ha avanzado muchísimo la ciencia, y eso abre la esperanza de los pacientes. A mí me gusta estar cerca de ellos, porque yo también lo soy. Hace unos días estuve en el hospital Vilela, y no te digo que me molestó que haya habido prensa, pero prefiero el silencio. Porque el enfermo debe sentirse cómodo y no invadido. Yo estuve ahí, y sé que al enfermo de cáncer no le gusta la exposición. A mí no me gustó. Hay que sentir lo que atraviesa el otro, ponerse en su lugar, y por supuesto el que pasó por ahí lo entiende mucho mejor. A mí me pasó lo mismo, y me ayudó mucho Joan Manuel Serrat [tuvo cáncer de vejiga y pulmones en 2004, 2010 y 2013] en la primera charla que tuve con él, y fue clave para mi cabeza. Para asumir, para aprender a transitar. Entonces yo trato de repetirlo con el que me necesita. Yo no quiero ser ejemplo ni soy héroe de nada. Siempre con mucho silencio”. Y Russo hace silencio.

La entrevista con Miguel Ángel Russo se terminó de acordar el miércoles de la semana pasada, horas después de su visita al sector de oncología del Hospital de Niños Víctor J. Vilela, en Rosario. Él propuso la charla para el sábado, al día siguiente de la final contra River por el Trofeo de Campeones. El cronista se sorprendió… ‘Pero, ¿bajo cualquier circunstancia Miguel?’. Es que una derrota podía cambiar los ánimos… Miguel, confirmó. Central perdió y Miguel estuvo el sábado, puntual. “Las derrotas me duelen, como me dolieron siempre desde que estoy en el fútbol. Es un dolor natural. Saber aceptar la derrota forma parte de este juego, hay que saber perder. Sí, con los años, he notado que el análisis post derrota lo realizo con más calma. Y las victorias, como la Copa de la Liga, tienen un sabor muy especial; las disfruto mucho interiormente porque sé lo que cuesta conseguirlas y nadie sabe si llegará otra”.

-¿Necesitabas salir campeón con Central?

-Uno busca siempre ser campeón… pero tampoco sentía una necesidad imperiosa de pagar nada. Uno le da a la gente lo que puede… por eso, ahora que disfruten. El cariño de la gente nace de los esfuerzos que hemos hecho… Siento que la gente de Central quería que el equipo saliera campeón, claro, y también quería que me tocara a mí. Y eso se los agradezco muchísimo porque significa que los hinchas se dieron cuenta desde el primer momento de lo difícil que iba a ser esta etapa.

-¿Tu quinto arribo al club fue el más traumático?

-Recuerdo que algunos amigos me decían ‘¿para qué te metes en ese quilombo, Miguel’… Sabía que tenía mucho para perder. Estábamos a cinco puntos del descenso, venía muy deteriorado Central, estaba muy mal su fútbol amateur, los jugadores que se habían promovido a Primera yo ya sabía que se debían vender… El panorama no era el mejor, pero bueno, mi relación con Gonzalo Belloso es muy profunda, viene desde hace mucho tiempo, y se fueron generando esas pequeñas sociedades donde él trabajó tranquilo en su área y yo trabajé tranquilo en la mía. Con apertura, con diálogo, llegaron mejoras estructurales, las obras que están en marcha en el estadio, por ejemplo, y todo lo que falta por hacer.

-El hincha se acostumbra el éxito. Ahora pedirá más, querrá que llegue Di María…

-Vamos a jugar Copa Libertadores, eso es muy importante para el club, pero tampoco habrá que olvidar el torneo local porque el torneo local es clave. Hay cosas, como los promedios, que no te pueden volver a pasar. Y para que venga ese tipo de jugadores, el club debe estar bien armado. Ojalá se dé, y para eso la función de Gonzalo [Belloso] y mía es poner a Central lo más alto posible en formación, desarrollo, infraestructura y competitividad.

“No hay otra ciudad futbolera como Rosario. Con sus desbordes, sí, pero única”, dice Miguel, saludado a cada paso en la calle
“No hay otra ciudad futbolera como Rosario. Con sus desbordes, sí, pero única”, dice Miguel, saludado a cada paso en la calleMarcelo Manera – LA NACION

Russo nació en Villa Diamante, Valentín Alsina, en el partido de Lanús. ¿Carencias? Casi todas. “Si tomabas el tren, las estaciones eran Villa Diamante, Villa Caraza, Villa Fiorito y después la Salada. No era París, Nueva York…, no. Me eduqué ahí, la gente grande te formaba… y por más que quizás ellos hacían alguna cosa mala, a vos no te las permitían”, resume. Aquellos años tuvieron un vecino ilustre… que más tarde sería popular. “Con Diego jugamos juntos una final de papi fútbol en un club que está a una cuadra del policlínico de Lanús. Los dos, casi, casi, ya estábamos en Primera. Nacimos muy cerca, en barrios muy cercanos… De chiquitos ya jugábamos en equipos de gente más grande, por plata, y ahí también nos cruzamos y nos enfrentamos”.

Sin padre de familia, todo fue cuesta arriba en la infancia. Los días de semana transcurrían entre la villa y los potreros, y el fin de semana se abría un universo de fantasía. Aparecía la abuela paterna y lo invitaba a Miguelito a un viaje de ficción… “Era una señora con muchas relaciones, pero ya venía de un círculo distinguido desde Capri, donde estaban sus orígenes. Con mi Nona tuve una relación muy fuerte, yo era su primer nieto… Había fallecido su hijo, mi padre, y más allá de todos los cuidados de mi madre, mi abuela fue importante para incorporarme cultura. Yo era muy chiquito y los fines de semana íbamos al teatro Colón, a museos, me explicaba los cuadros y me hablaba de sus pintores, me llevaba a tomar el té a Harrods Gath y Chaves, me enseñaba a usar los cubiertos… Después, volvía a mi Villa Diamante…”

La madre de Russo nuevamente se casó cuando Miguel tenía 12 años. Tuvo seis hermanos más, son ocho en total. La menor cumplió 50 y él, claro, es el mayor. De su primer matrimonio, con Cecilia, nacieron Natalia e Ignacio, delantero, surgido en las inferiores de Central, que estuvo a préstamo durante este año en Patronato por decisión del entrenador… su papá. Las charlas que le faltaron a Miguel con su padre, abundan con “Nacho”. Y con Pedrito, su único nieto, el hijo de Natalia. “No me engaño: a media que uno va avanzando en la vida… los logros se disfrutan más también. Y además, en los últimos años mi nieto me ha acompañado siempre… A partir del campeonato con Millonarios, los dos títulos en Boca y este con Central… ¡Ya suma cuatro! Es una experiencia única para él, y para mí, ni qué decir… Y a través de él, la familia se realza; nosotros tenemos un perfil familiero muy alto y todo lo disfruto mucho más con ellos”.

Con Pedrito, su único nieto, compañero inseparable en los últimos cuatro títulos de Russo en Millonarios, Boca (2) y Rosario Central
Con Pedrito, su único nieto, compañero inseparable en los últimos cuatro títulos de Russo en Millonarios, Boca (2) y Rosario Central

Cuando dice “ellos”, son todos sus afectos. Le gusta decir que es la gente que lo cuida. Mónica, su mujer actual, sostén emocional. Y los amigos, esa cofradía con rutinas impostergables. Con bares y restaurantes de culto. Como “Centralito de Pizzas”, sobre la calle Avellaneda; como “Refinería”; como la Escauriza, de cara al río, como “Mediterráneo”, frente a la plaza Alberdi. Si Lanús y La Plata están grabadas en su vida, Rosario es su lugar en el mundo. “No hay otra ciudad futbolera como Rosario. Con sus desbordes, sí, pero única. Hay algo que le agradezco a Rosario, y es que acá no dejo de hablar de fútbol. Es fútbol todo el día de todos los días. No hay lugar ni persona que no me hable de fútbol, y a mí eso me revive permanentemente. Me obliga, me hace crecer. No hay otra ciudad con esta pasión, una idiosincrasia futbolística irrepetible. Después, hay una realidad en toda Argentina, no es Rosario sola. Ojalá encontremos la tranquilidad que nos hace falta, pero insisto, no solo en Rosario, sino en todo el país. Rosario también tiene muchas cosas buenas, no me gustan los prejuicios, acá hay mucha gente buena, sana, como en toda la Argentina. Y como en toda la Argentina, nos merecemos vivir de otra manera”, advierte.

-Tu identificación con Estudiantes y Lanús es lógica. Ahora, ¿por qué creés que te adoptaron casi como propio en Vélez, Boca, Millonarios, Central…?

-Yo he sido el mismo en los distintos clubes, solo han pasado los años. Estudiantes ha sido mi formación como hombre, y por eso le estaré agradecido siempre, porque primero moldeó a la persona y luego al futbolista. Y me empezaron a formar también como entrenador, quizás de manera inconsciente, con Bilardo y Manera, y fue Lanús el que me terminó de consolidar como entrenador… Estuve cinco años. La gente de Lanús dice ‘antes y después de Miguel Russo’… Vélez fue el primer equipo donde salimos campeones, Boca y la Libertadores 2007… he tenido logros en muchos lugares y también momentos malos que no supe resolver. Creo que no hay una forma: tengo una manera de trabajar, una forma de comunicar, una guía de respeto… Los empleados de cada club por los que pasé me tratan con mucho cariño y esos gestos los valoro especialmente, creo que dicen mucho.

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