/Gabriel Milito: “Los futbolistas se prostituyen detrás de ciertas conductas”

Gabriel Milito: “Los futbolistas se prostituyen detrás de ciertas conductas”

El técnico y el hombre se entrecruzan en esta charla con LA NACION, donde revela miedos, distingue valores y habla de su salud.

Suena el celular. La característica es de España, pero el número es desconocido y Gabriel Milito no responde en Buenos Aires. Corre agosto de 2008 y la maldita rodilla derecha lo mantiene rehén de infinitas sesiones de kinesiología. Vuelve a sonar el celular. “…Vaya a saber por qué, pero atendí. Era Pep. Faltaban tres horas para su debut oficial en Barcelona, en un partido de pre-Champions contra Wisla Cracovia, y quería decirme algo: ‘Hoy arrancamos la Champions que tú vas a jugar. Te echamos de menos y pronto estarás aquí’. Guardiola estaba a un paso de abrir su carrera como entrenador, con todos los ojos encima, y se acordaba de mí que estaba a 11 mil kilómetros en medio de una recuperación que nadie sabía si me iba a permitir ser futbolista de nuevo. Ese tipo de gestos lo definen. A mí me ayudó mucho para superar todo lo que me pasó… Es muy importante que los entrenadores sepamos manejar el factor humano. No hay que perder nunca de vista una obviedad: el futbolista es una persona, antes que nada. Si vos no le llegás a su corazón, no vas a conseguir mucho de él. Y la mejor manera de entrar en su corazón no es la ‘palmoterapia’, sino decirle la verdad. Lo que quiere escuchar y lo que no quiere escuchar, y de la manera más sincera. Y ahí es donde el jugador se entrega. Aparte del trabajo de campo, el conocimiento… aspectos que ya deben darse por descontados”. Huidizo, contracultural, profundo. Viajar a la dimensión ‘Gabriel Milito’ propone escuchar, invita a pensar.

Milito elige mostrarse poco. Ese perfil subterráneo le permite llevarse bien con la altísima consideración que le reserva el ambiente del fútbol y sus vitrinas vacías como entrenador. Nada de deudas internas… “Sé muy bien de qué va el fútbol, que es como la vida. Si el ego te domina, uhhh, estás complicado. Porque tarde o temprano, la vida o el fútbol te colocan en tu lugar. Hago todo para que me vaya bien, para obtener un buen resultado, para ganar. Pero también sé que muy pocas veces se gana. Ganan pocos, es dificilísimo ganar. Entonces prestigio el proceso, el camino, y lo disfruto. Tampoco creo que ganar un campeonato vaya a modificar mi manera de pensar ni me va a cambiar el estatus. Está bueno, sí, pero ya lo viví como jugador profesional, cuando gané y cuando perdí, y perdí un montón, muchas más veces de las que gané… y acá estoy. Quiero ganar, pero no para satisfacer mi ego, quiero ganar porque significará que habremos generado alegrías en los demás. ¿Pero en mí? No me va a hacer mejor entrenador ganar algo. Quizás para afuera sí, y me vean con otros ojos, pero para mí, no. En mi último proceso en Argentinos no ganamos, pero para mí fue hermosísimo: crecí como persona y como profesional por cómo desarrollamos el camino. Y eso me dejó muy satisfecho. Y eso no es un hecho menor. Porque además, si algún día llego a ganar, quiero que sea a mi manera.

Aquellos años dorados de Barcelona: Messi grita un gol y va al encuentro del abrazo con Milito; al lado, Guardiola como DT
Aquellos años dorados de Barcelona: Messi grita un gol y va al encuentro del abrazo con Milito; al lado, Guardiola como DTArchivo

-¿Eso es innegociable? ¿No concederías correrte nada de tus ideas por un título?

-Es muy complicado eso, muy complicado. ¿Sabés por qué? Porque yo relaciono el acto de ganar con el convencimiento, y es muy difícil convencer a un grupo si vos no estás convencido. Vos convencés a través de la pasión, y las cosas que te apasionan son las que sentís: las genuinas. Las que te generan una emoción. Después, que algún día o en un partido tengamos que renunciar a las cosas que pensamos…, porque el fútbol no es lineal. Hay días que vos querés desarrollar algo y no te sale, o el rival te controla bien o te domina. Bueno, ese día intentaremos sacar el partido adelante de la mejor manera que podamos. De la manera que más convenga. Si el partido demuestra que en la antesala al juego estábamos equivocados, bueno, hay que tener alternativas. Eso sí, y ahí no veo una traición.

-Ganar o perder, ¿es tan delgada la línea?

-Los que competimos jugamos para ganar. Después, uno elige de qué forma quiere ganar. El triunfo trae una felicidad muy grande en el momento, pero si te quedás enganchado mucho tiempo en ese lugar, el futuro va a ser una mierda. Entonces, viví el momento y salí rápido de ahí, en victoria o en derrota. Lo que sí se afecta es el estado de ánimo, claro. Mirá, volvamos a mi ego: ganar me provoca alegría, está bien, pero lo más difícil de manejar es la derrota. ¿Por qué? Entiendo que se gana y se pierde, mucho se pierde, pero yo entreno cada semana pensando que voy a ganar el próximo partido. Entonces pongo toda la energía ahí, y cuando no se consigue, eso me deja bastante mal. Si se logra, sí, me provoca alegría… pero fundamentalmente me trae paz, tranquilidad.

-¿Perder condiciona el resto de tu vida? Familia, hábitos…

-Me afecta mucho, pero lo estoy mejorando, estoy aprendiendo… Quizás, el paso del tiempo, la experiencia que uno va adquiriendo… Yo perdía en 9na y 8va división de Independiente y no iba a los cumpleaños de 15, lo mío viene desde chico. Hoy, con 43 años, de alguna manera me sigue pasando algo parecido, pero ya intento controlarlo mejor. Cuando pierdo, esa semana siguiente, internamente para mí no es lo mismo. Pero ante los jugadores sí soy el mismo, y hago el duelo y me saco esa sensación horrible del cuerpo dirigiendo y entrenando. Frente a ellos soy el mismo en la victoria y en la derrota, pero es cierto que la derrota te va curtiendo. La derrota es necesaria, es necesario sentir el dolor que te trae para después no volverte loco en la victoria. Aprendés que es cíclico, por eso lo mejor es el equilibrio. Hace un año ganamos el Mundial, algo fabuloso y deseado por todos los argentinos, y si algo me encantó fueron los niveles de discreción y tranquilidad con los que se manejó el cuerpo técnico. Su aplomo en el éxito ha sido extraordinario. La pasión es imprescindible, pero al mismo tiempo tenemos la obligación de ser racionales. Una persona que está tomando decisiones todo el tiempo no puede dejarse invadir solamente por la pasión. Yo no puedo dejar de pensar. Si no tenés ese punto de frialdad, en los momentos complejos, es imposible ser un buen entrenador.

El 'método Milito': "La mejor manera de entrar en el corazón del jugador no es la ‘palmoterapia’, sino decirle la verdad"
El ‘método Milito’: «La mejor manera de entrar en el corazón del jugador no es la ‘palmoterapia’, sino decirle la verdad»DANIEL DUARTE – AFP

-¿Te permitís, en alguna ocasión, llamar a Guardiola, a Menotti, a Bielsa, a Pekerman… alguno de tus técnicos?

-Me cuesta mucho llamar a esa gente enorme que me ha dirigido. Siento que ellos también tienen sus líos y siento que los voy a molestar o incomodar. Sí hablo con mi hermano [Diego], me apoyo mucho en mi cuerpo técnico… hablo mucho de fútbol con Masche, con el Gringo Heinze cuando podemos, pero principalmente trato de resolver los problemas con mi cuerpo técnico. Somos nosotros los que le tenemos que encontrar la vuelta. Y ahí está el crecimiento: ver en qué la cagué, para mejorar. Muchas veces la tendencia es culpar a los jugadores, pero yo después de cada partido que salió mal me encierro y me pregunto qué podría haber hecho mejor.

-¿Y te equivocás muchas veces?

-Muchas, muchas veces. Y cuando sucede, disfruto mucho ir al día siguiente y decirles a los chicos: “Muchachos, quédense tranquilos que la cagada fue mía”. Y explicar los por qué: por esto, por esto y por esto. No puedo mirar para el costado, el responsable soy yo y debo asumirlo. Porque también es marcarles que, no importa el rol de cada uno, todos nos podemos equivocar. Equivocarse, honestamente, sinceramente, no es un problema. Lo que no perdono, cuando las cosas no salen bien, es si detecto que el equipo dio dos marchas menos.

-¿La capacidad de interpretación del futbolista argentino ha decaído?

-Tal vez un entrenador con una carrera de 30 años podría responderlo mejor… El fútbol, desde que yo lo jugaba, para acá, cambió mucho. Es otro fútbol. Hoy hay análisis muchos más profundos de los rivales, en mi época eran tres o cuatro conceptos y nada más. Y acá también hay que tener cuidado: hay jugadores que disfrutan que le des todos los datos desglosados de lo que puede ocurrir en el partido, y a otros les complicás la vida si hacés lo mismo. La información debe ir en su justa medida para que no altere su rendimiento para mal. Porque donde vos creés que vas a llevar una solución, le instalás un bloqueo. Yo creo que el jugador debe tener interpretación, pero también uno, previamente, le puede advertir con qué se va a encontrar. No quiere decir que todo lo que vos viste en lo previo después sucede, pero generalmente se da. Por eso, cuántos más jugadores inteligentes tengas, mejor. Jugadores que interpreten los momentos del partido son clave. Son tan importantes como los jugadores determinantes en el uno contra uno. Obvio, si el jugador piensa y sus ejecuciones son malas, no sirve. Todos queremos al jugador que técnicamente sea muy bueno, pero si no piensa y no entiende el juego… no, no. Yo prefiero al jugador con una gran mentalidad y comprensión del juego, resignando la técnica. Yo llegué a esa conclusión.

“Ganan pocos, es dificilísimo ganar; entonces prestigio el proceso, el camino, y lo disfruto”, define Milito
“Ganan pocos, es dificilísimo ganar; entonces prestigio el proceso, el camino, y lo disfruto”, define MilitoGonzalo Colini

-El técnico diagrama y convence, y el jugador interpreta y ejecuta. ¿Qué porcentajes le cabe a cada uno en el resultado final?

-Hoy el aspecto táctico se volvió muy importante. Yo creo mucho en la mentalidad y en las condiciones del jugador, pero estos dos aspectos son potenciados si encontrás el funcionamiento colectivo. Cuando vos ves grandes equipos, desde luego que tienen futbolistas con capacidad y mentalidad, pero no serían tales sin funcionamiento colectivo. Pero, para alcanzar el funcionamiento, colectivo se necesita, indispensablemente, mucha calidad y mentalidad. Se retroalimentan. De lo contrario, nunca habrá un gran equipo ahí.