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Andanin Vilas

“A mí papá le gusta saber que la gente sigue pensando en él”

El papá de Andanin es un superhéroe. Un adelantado para su época. Un perfeccionista que, empuñando una raqueta de tenis, se encumbró en semidiós. Es una leyenda. Un hombre que popularizó un deporte que, en los 70 y en la Argentina, era practicado por una pequeña porción. Un ganador. Un competidor obsesivo, creativo y tozudo que marcó a varias generaciones.   Andanin nació en París y cumplirá 20 años en noviembre. Pero vivió mucho tiempo en la Argentina. Para ella, su papá, Guillermo Vilas, también es un superhéroe, aunque, claro, tiene una óptica distinta. Fue su primera “heredera”, además. Y, según dice, es la más parecida de carácter a su papá de los cuatro hijos que tuvieron Vilas y la tailandesa Phiang Phathu (completan Lalindao, de 13 años; Intila, de 12; y Guillermo Jr., de 6).

foto AML
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MOMENTOS. Andanin y una sonriente caminata junto con su familia, en 2016; el año pasado, en Buenos Aires, probando una raqueta de madera del modelo que usaba su papá

Es educada y simpática, Andanin. Sonríe con frecuencia. Es atenta. También, nostálgica; le interesa el pasado en blanco y negro y el porqué de cada acción. A mediados de 2022 terminó el colegio secundario en el International School de Mónaco, la ciudad en la que está radicada la familia Vilas desde hace muchos años. Suele escabullirse de los pedidos de entrevistas y no por antipatía, sino por timidez y, también, porque protege la intimidad de los suyos. Existe un respetuoso silencio sobre el estado de salud de Guillermo, que atraviesa una enfermedad que la familia nunca comunicó. Y así, preservando la privacidad, se mantendrá por el momento. En pocos días, el 17 de agosto, habrá un momento especial: Guillermo cumplirá 71 años. Y Andanin, esta vez, hizo una excepción ante un medio periodístico y abrió su mundo. Su charla con LA NACION, por videochat, se produjo desde su casa en Mónaco, poco después de haber viajado a Punta Cana, a una de las sedes de la academia que lleva el nombre de su papá (la otra es en Mallorca), para jugar un torneo profesional de categoría W25 y participar de la ceremonia de premiación (le entregó el trofeo a la campeona, la española Carlota Martínez). Este año, Andanin también compitió en Turquía, España y Túnez.

ADMIRACIÓN La mirada de Andanin sobre el Guillermo Vilas papá

–Cuando naciste, Guillermo tenía 51 años. Él siempre buscó formar su familia de grande, luego de ser tenista profesional, ¿verdad?  –Nosotros tenemos muchas conversaciones entre mi familia, nos reímos de las cosas que pasaron hace muchos años y hace poco lo hablamos. Dijimos: ‘Bueno, ¿cómo fue eso?’. Me contaron que nadie sabía nada, que era todo medio secreto. Él es una persona muy familiar, ama a su familia, hace todo por su familia y creo que eso es lo que le faltaba en la vida, eso es lo que él quería tener alguna vez. Ahora tiene cuatro (hijos) y somos un desastre (sonríe). –¿Por qué?  – Nooo, si ven mi casa. Recién fuimos a comer y estaban todos peleándose. A uno se le caen los juguetes al piso, las otras se pelean. Es así. Esa es nuestra casa.   –¿Cómo describirías a tus hermanos? Empecemos por Lalindao.   –Es muy tímida. No te habla, se va a quedar con la cara abajo, no te va a sonreír y si lo hace, porque tal vez la hacés reír, va a ocultar su sonrisa. A veces le digo: ‘¿Por qué ocultás la sonrisa?’. Y la oculta aún más. Es muy tímida con otras personas, pero después en la familia, ahí nos matamos…, ella mata a todos en realidad. Mi mamá le tiene miedo. Tiene una personalidad muy fuerte. Otros la ven y dicen: ‘Ay, qué callada, qué tímida’, pero no, no. No para de hablar y lo hace muy rápido. A veces no le entendemos de lo rápido que habla. –¿En qué idiomas hablan?  –En cuál no hablamos (sonríe). Mi mamá habla más en thai o en inglés con nosotros, pero entiende muy bien el español. Creo que cuando se fue de la Argentina empezó a hablar más el español. Mi hermano habla solo en inglés. Pero él entiende algunas palabras en español, algunas en thai. Pero el inglés es el lenguaje en el que habla con nosotras. Mis dos hermanas hablan de todo. A veces se hablan en español o en francés y conmigo hablan en español o en inglés. Con mi papá, bueno, él entiende un poco de todo, excepto thai. Yo hablo thai también, pero no es tan bueno. –¿Cómo es Intila?   –Tiene una personalidad muy fuerte. Es muy divertida. Vive en su mundo.   –¿Y Guillermito?  (Sonríe)–Él es el que manda. ¿Qué queremos comer hoy? Él decide. ¿Dónde vamos hoy? Él decide. ¿Vamos a la playa o a la pileta? Él decide. Él es el que siempre decide qué hace el resto. Pero si le hacemos algo malo o le sacamos algo, se enoja y le dice a mi mamá o a mí, porque yo también la ayudo un poco. Entiende algo de español. Lo fui a ver cuando estaba jugando al tenis y el entrenador le hablaba en español y él entendía; le respondía en inglés.

foto AML
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EMOCIONES. En 2014, Andanin debutó en el court central del BALTC, en un torneo Sub 12, bajo la mirada de sus padres; de más chica, jugando con Batata Clerc

–El significado de tu nombre, en thai, es “la bella mar”. ¿Te contaron por qué lo eligieron?  –La que decidió el nombre fue mi mamá. A mi papá le gustó la idea porque era thai. “Anda”, sería el mar, como el Andamán. Y “nin” sería hermoso, por las piedras bellas, las piedras preciosas. –¿Qué te genera visitar Tailandia, la tierra de tu mamá?  –La última vez que fuimos fue hace poco. Me gusta conocer las diferentes culturas, saber las historias del pasado; siempre me atrajo. Aprendí mucho; fuimos a templos, a ciudades. Estar de vuelta en un lugar al que a mis padres les encantó… Yo había ido de chiquita y ahora me trajo recuerdos. –¿A qué edad tomaste consciencia del significado de tu papá en el deporte?  –Desde chica yo demostraba mi orgullo; demasiado. Me tomaba un taxi y decía: ‘¿Sabés quién es mi papá?’. Me contaban y yo escuchaba. Pero mediante los años, cuando la gente me viene a hablar, recibo mensajes, a veces me vienen a decir: ‘Mirá, vos no sabés lo importante que es tu papá para nosotros, jugamos por él’ o cosas así. Yo pienso… A veces Sergio Sabadello, que es el head coach de la academia de mí papá, hizo poner unos posters con todos los torneos que ganó mi papá y yo miro, miro y hay millones. Y pienso: ‘¿Cómo pudo haber ganado eso?’. Y, claro, en esa época era complicado, además. Miro, me cuentan y digo, mmm, tienen razón (sonríe). Tienen razón. Hizo muchas cosas. –¿Qué sentís cuando personas mayores que vos y que no conocés te cuentan historias vividas o generadas por tu papá?  –Yo tengo una manera diferente de ver a mi papá de la que tiene la gente. Tengo esa otra parte de mí, porque viví con él toda mi vida. Y, claro, como lo conozco, sé cómo es y quién es, entonces tardás un poco en darte cuenta que es la misma persona. Estas personas me cuentan sobre una vida que yo no viví, en la que yo no estuve. Creo que a mi mamá le pasa lo mismo: ella lo conoce desde el día que lo conoció [en 2000] y a la otra persona no lo conoce. Pero mi mamá siempre nos recuerda sobre lo que es mi papá, que fue el mejor, que él jugó en todos lados, que viajó por todo el mundo. Les cuenta a mis hermanas para que escuchen, porque ellas están jugando al tenis también y mi mamá quiere que hagan ese esfuerzo extra (sonríe). Entonces les dice: ‘Ustedes tienen que jugar como papá, jugar torneos y ganarlos’. Él se entrenaba mucho y a una persona que se entrena como un robot es difícil ganarle. Él estaba en la cancha todo el día, comía en la cancha, tomaba en la cancha, estaba viviendo en la cancha. Si vos lo sacás de la cancha, no sabe qué hacer. Tenés que dejarlo en la cancha. Él se quedaba en la cancha y se entrenaba por horas, horas y horas.

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AMOR FAMILIAR. En mayo de 2016, Vilas y Phiang se casaron en una parroquia de Belgrano; están radicados en Mónaco desde hace muchos años

–¿La primera vez que jugaste al tenis fue con él?   –Siempre digo que nací con una raqueta en la mano, porque desde antes de que naciera ya estaba la raqueta lista para mí. Yo creo que, a los tres años, me acuerdo que empecé a poner la pelota arriba de la red. Creo que estábamos en México, en un hotel, estaba con mi papá, claro. –En 2014, cuando tenías 10 años, hubo un hecho simbólico: jugaste un torneo en la cancha central del Buenos Aires Lawn Tennis Club, donde tu papá construyó gran parte de su obra. Y él también estuvo allí esa mañana.   –Me acuerdo de ese día. A mí no, pero a mi familia le gusta llegar temprano a los lugares, porque le tienen terror a estar tarde, entonces salen seis horas antes. Y me acuerdo que antes del partido yo estaba entrenando en el frontón, en las canchas de atrás. Yo siempre tenía que hacer un calentamiento, porque me hacía sentir cómoda. Tengo, como todos los jugadores, sus rituales. Los hago porque me siento bien. Y, claro, mi papá estaba ahí conmigo. Un frío…, de morir. Yo estaba con todo (el abrigo) arriba y mi papá también, porque le tiene pánico al frío. Él no puede estar en un lugar con frío y a mí sí me gusta. Él estaba hasta con guantes. Me acuerdo del partido, de las pelotas yéndose debajo de las escaleras, de mi familia sentada en los escalones y no en las sillas. Muy lindo.   –¿Tus padres te criaron con una filosofía deportiva, de disciplina, alimentación, horarios…?   –Sí, sí, desde chica. Pero lo de la puntualidad, no sé, no sé (sonríe). En mi familia, si no entrenás, no comés. Así que tenías que entrenar. Entonces todas las tardes, después del colegio, tenías que entrenar porque no entrabas en la casa. Mi mamá es la que dice: ‘Vos tenés que entrenar’. Jugamos todos los días excepto los domingos; esa es una regla de la casa. No se entrena los domingos. Y después de entrenar, cuando volvés a la casa, no se habla de tenis. Afuera de la cancha no se habla de tenis. A veces tengo partidos los domingos, entonces ahí sí se puede jugar, pero no se puede entrenar. –¿Tu mamá también juega?   –Sí, mi mamá juega. Jugaba bien. A veces entrenaba conmigo y con mi papá.   –Durante años fue habitual verte practicar con tu papá, en el Vilas Racket primero y en River después, independientemente del clima.   –No podíamos faltar, excepto que lloviera; era lo único que nos dejaba afuera, porque sabíamos que las canchas estaban mal, que podíamos arruinar la cancha. No había un día que paráramos. Todos los días había que entrenar.–Hoy, tu familia y vos juegan en el Monte-Carlo Country Club, un sitio muy importante en la carrera de Guillermo, donde ganó títulos y muchos partidos en los 70 y 80. ¿Es un sitio que los conecta con él?  –Cuando entramos en el club ves algunos nombres conocidos en las paredes y hace poco fuimos con mi hermano. Él es chiquito, tiene seis, pero es el más orgulloso de todos nosotros. Va a todos lados y dice: ‘Mi papá fue jugador de tenis y es el mejor’. Cuando bajás las escaleras para ir a la cancha central hay un cuartito, que creo que es el VIP, en donde están las placas con los nombres de los que ganaron ahí, contra quién y qué año. Y podés encontrar las veces que ganó mi papá. Ese es el lugar favorito de mi hermano en el club. Bueno…, sin contar la piscina. Él va y dice: ‘Quiero ir a ver el nombre de mi papá’. Después dice: ‘Ese soy yo’, porque tiene el mismo nombre. ‘Ese soy yo, ese es mi papá, tenemos el mismo nombre’, les dice a todos. Si le preguntás cómo se llama, te dice: ‘Me llamo Guillermo, como mi papá’. Se emociona por eso. –¿A Guillermito le gusta jugar al tenis?  –Sí, sí. Es diestro. Le gusta jugar mucho. Pero como él tiene su escuela y a veces va a natación, porque está aprendiendo a nadar, no tiene mucho tiempo para jugar, porque se cansa y no puede estar muy lejos de casa. Tiene que volver, relajarse y volver a jugar después. Es el mimado de la casa. –Hubo un encuentro especial en Montecarlo, hace unos años, entre tu papá y Björn Borg, del que fuiste partícipe y todavía se recuerda ese registro con cariño. ¿Cómo fue aquel día?   –Fueron mejores amigos. La visita no estaba planeada. Yo había visto a Björn cuando fui a jugar un (torneo de) Tennis Europe en Suecia y su hijo (Leo) estaba jugando, y lo vi ahí con la mujer y el perrito. Le dije: ‘Hola, ¿cómo estás? Soy Andanin, la hija de Guillermo’. Y me dijo: ‘Ay, ¿cómo estás?’. Y hablamos un poco. Y después vi de vuelta al hijo y a la mujer en Dinamarca y los saludé. Justo venían a Mónaco y le escribió a mi mamá: ‘¿Cómo estás? Queríamos saber si nos podíamos encontrar. Hace mucho que no nos vemos’. Mi mamá quería, pero el problema es que nosotros somos muchos en mi familia, es un lío hablar entre todos. Mi mamá no sabía qué hacer, porque las chicas, que eran chiquitas ahí, iban a gritar mucho, yo estaba con mi papá en el club, entrenando. Dije: ‘No pasa nada, vamos’. Fue muy lindo. Nos reímos muchísimo. Son muy buena gente. Vivieron mucho juntos. Y Björn nos contó muchas historias y nos reímos mucho. Esa familia es muy buena, siempre estuvieron ahí cuando necesitábamos. Mi papá con Björn no se podía parar de reír.

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ÁLBUM. Borg, gran amigo e histórico rival de Guillermo; París, la ciudad en la que nació Andanin; graduación, tenis y familia

–Habrá sido movilizador aquel primer momento en el que fuiste a saludarlo en Suecia y le dijiste quién eras.   –Sí. Estaba con la mano temblando. Decía: ‘Le hablo, no le hablo’. Hablé con mi mamá: ‘Está acá Björn, ¿le digo hola’. No sé qué hacer’. Yo soy muy tímida también. Y ella me decía: ‘Dale, andá, andá’. Entonces le dije a mi papá: ‘Estoy con Björn en un torneo en Suecia’. Mi papá estaba contento, porque su primer torneo internacional creo que había sido en Suecia, no estoy segura. Y justo lo vi a Björn donde jamás me imaginé que iba a estar. Me acerco y le digo: ‘Hola, soy Andanin, no sé si se acuerdan de mí’. Yo estaba temblando. –¿Cómo describís a tu mamá?  –Ella tiene cuarenta años, pero actúa como si tuviera veinte. Yo soy más vieja que ella mentalmente (sonríe). Es muy divertida, pero le tenés que tener miedo. Cuando empieza a hablar en tailandés… Muchas personas nos dicen que cuando ella y yo nos hablamos y discutimos en tailandés damos miedo. ‘¿Qué se estarán diciendo estas dos locas?’ Pero es muy buena. Muy buena y divertida. –¿Cómo fueron tus años viviendo en la Argentina?  –Me divertía mucho en la Argentina. Primero estuve seis años, después nos fuimos a Mallorca, volvimos a Argentina y estuvimos otros tres años. Tengo muchos recuerdos buenos, de asados con amigos. Cada día venía un amigo distinto de mi papá a nuestra casa, que pasaba el día con nosotros. En Mónaco es distinto. No conocemos a mucha gente. Para encontrarnos con viejos amigos nos cuesta el viaje, eso es lo que nos separa, pero hablamos todos los días. Eso es lo que más recuerdo de Argentina: los amigos. Cuando íbamos al cine era difícil porque siempre querían sacarse una foto con mi papá. En su momento, cuando era chica, me molestaba un poco, porque yo quería ir al cine a ver mi película y la gente pedía fotos. Mucho no entendía lo que estaba pasando.   –¿Hoy qué relación tenés con el tenis?  –Este año me lo tomé sabático para tratar de jugar todos los torneos que pueda. Estoy en esa etapa en la que trato de viajar lo máximo posible porque voy a empezar mis estudios y la universidad que elegí, me permite seguir viajando para jugar. Tomé mi decisión, lo pensé bien, porque había entrado en un par de universidades en Estados Unidos, pero el problema es que me quedaba un poco lejos de mi familia y eso es lo que yo necesito también. Nos tenemos a nosotros. Eso es lo que siempre dice mi mamá. Nosotros somos los únicos acá y tenemos que estar juntos, entonces decidí ir a la universidad que está en Mónaco, que me permite viajar también. Voy a estudiar Comercio. –¿Ves tenis habitualmente?  –De vez en cuando miro partidos. Cuando hay un partido bueno, lo estoy mirando. Mi familia también. Mis hermanas son un poco vagas en ese aspecto. Pero mi mamá se asegura de que lo hagan.  –¿Ves partidos de tu papá en YouTube?  –De vez en cuando sí. Me gusta ver cómo se jugaba antes, porque es una cosa histórica. La televisión en blanco y negro, la pelota blanca, los estilos…, está buenísimo. Las vinchas, los moños que se utilizaban. Me gusta mucho ver eso.

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VÍNCULO ETERNO. Uno emotivo posteo en Instagram de Andanin dedicado a su padre, en uno de los últimos cumpleaños de Guillermo

–¿Para la música y el cine también preferís algo clásico?  –A mí me gusta mucho la música. Escucho de todo. Especialmente todas esas canciones de rock que me las presentó mi papá. Él me decía: ‘Mirá esta canción, está muy buena’. Y yo le muestro alguna actual, de algún cantante de ahora. Me gusta ir al cine, veo de todo. Me gusta ver documentales, crímenes…, me gustan las comedias. –Tu papá representa al deporte, pero tuvo un fuerte vínculo con la música y la poesía. ¿Cuando estás con él le hacés escuchar música?   –Últimamente estamos escuchando mucho Pappo. Después escuchamos mucho Spinetta, porque a él le trae memorias y empieza a cantar y yo (hace un gesto como cubriéndose por el pudor): ‘¿Qué estás haciendo?’. Están buenas las canciones de Spinetta; muy buenas. Ahora estamos escuchando más música argentina. También escuchamos a Steven Tyler, porque le gusta. Y yo le muestro algunas canciones que aparecen en películas o en series que me gustan y digo: ‘Uy, me gustan’. Escuchar a Spinetta le gusta, porque le trae recuerdos y se las sabe todas.   –En mayo pasado tu mamá publicó una tierna foto con Guillermo que generó repercusión, porque hacía mucho que no se lo veía en público. ¿Qué te generó esa postal familiar?  –El problema, cuando ella posteó eso, es que yo me fui de Instagram por un rato (sonríe), pero, claro, yo la había visto y dije: ‘Qué linda foto’. Ellos siempre se sacan fotos y me las manda a mí, porque siempre soy la que veo las fotos, por el WhatsApp o así. Y era una de las fotos que me ya había enviado. No me sorprendió que la gente actuara así, bien, porque era una linda foto. –Ustedes, como familia, siempre protegieron la intimidad de Guillermo y su salud. ¿Hay algo que puedas contar sobre su estado?  –Yo…, prefiero no hablar de eso, pero en mi opinión, cada vez que me pregunta la gente yo digo que está bien, porque está bien. Y hablamos de vez en cuando.   –¿Cada cuánto lo ves?  –Yo lo veo todos los días, pero, sí…, prefiero no hablar.   –¿Cómo describirías a tu papá?  –Siempre tuvimos una relación en la que nos reímos de todo. Tenemos el mismo sentido del humor y somos muy parecidos; a veces nos peleamos, pero a veces. La pasamos bien. Siempre tenemos el mismo género de música que nos gusta, me llevaba a los conciertos que yo quería ir. Cuando él me escuchaba decir ‘Ay, me gusta esta película’ o ‘Esta cantante me encanta’, me sorprendía y me llevaba. Yo no sabía que esa cantante iba a venir, como me pasó con un concierto de Selena Gómez en Argentina hace muchos años. Creo que era en GEBA. Mi papá sabía que yo era muy fan, era muy chiquita y de la nada me dijo: ‘Vamos’. ‘¿Adónde?’, le pregunté. ‘Al concierto de Selena Gómez’. A veces te sorprendía con esas cosas. Otro día me llevó a conocer a Tini antes de que se convirtiera en lo que es hoy. Siempre le gustó sorprender con esas cosas. A mis hermanas también. O que organice fiestas de cumpleaños con mucha gente.   –Guillermo cumplirá años en pocos días. Para él debe ser muy emotivo estar rodeado de su numerosa familia en cada una de esas fechas.   –Sí, sí…, él siempre quiso tener una familia, siempre dijo que quería tener muchos hijos. Porque le gustaba estar acompañado, le gustaba estar con gente. Él siempre tuvo ese cariño por la familia. Hacía lo que sea por su familia. Y lo sigue haciendo. A veces cuando me enojo con una de mis hermanas o hacen tanto lío en un lugar público, le digo a mi mamá: ‘¿Para qué tuviste a estas tres cosas? ¿No estaban bien conmigo?’. Y ellos me dicen: ‘Pero paraaa’ (sonríe). ‘Tu papá quería tener más hijos’. –¿Creés que a tu papá le quedó alguna cuenta pendiente con el tenis?  –Yo creo que es una persona que nunca se cansa de más. Todo lo que él hizo lo hizo al máximo, pero sueña y desea haberlo hecho más de lo máximo. Algo que él siempre quiso hacer fue ayudar a la gente, en el aspecto del tenis: quería ayudar más al tenis argentino. No sé… (piensa), no estoy segura de cuánto hizo por el tenis argentino, pero él desea poder haber hecho más en ese aspecto. Su sueño siempre fue haber sido el capitán de la Copa Davis, pero eso es lo que hay [NdR: lo fue de cierta manera, pero sólo en un breve y dificultoso período en los 90 y con la denominación de director deportivo; Guillermo sí quería serlo en la época de la Legión, pero no fue elegido]. Creo que él quería hacer más por los jóvenes que estaban empezando, ir ahí y hablar con los jóvenes que empezaban a jugar torneos, creo que eso era lo que más quería hacer.   –¿Qué les dirías a los admiradores de tu papá que siguen pendientes de él?  –Cada vez que me dicen: ‘Mandale un abrazo a tu papá’, yo le mando el abrazo a mi papá. Le digo: ‘Mirá, esta persona te manda un abrazo, lo conocí este día, a tal hora, te manda un fuerte beso’. Yo se los mando. A él le gusta eso, le gusta saber que sigue, que la gente piensa en él a veces, claro porque se siente que es un jugador viejo ya, entonces dice: ‘Bueno, qué va a pensar en mí esta gente’.   –Es que Guillermo nunca se retiró del tenis.  –Nunca. Nunca se retiró.

Fuente: Sebastián Torok  LA NACION – A FONDO – Fotos: LA NACION – LA NACION Deportes