//Retroalimentación Los argentinos y la NBA: ese amor imposible que se transformó en realidad e hizo historia

Retroalimentación Los argentinos y la NBA: ese amor imposible que se transformó en realidad e hizo historia

Desde que hace 20 años debutaron Pepe Sánchez y Rubén Wolkowyski, los jugadores nacionales fueron buscados y rindieron a pleno en la elite, con Manu Ginóbili a la cabeza.

Aquella puerta -más que puerta, parecía un muro infranqueable- que derribaron Rubén Wolkowyski y Juan Ignacio Sánchez hace dos décadas abrió una dimensión hasta entonces desconocida para los basquetbolistas argentinos: la NBA.

Aquellos disruptivos hombres fueron los primeros, al cabo, de lo que hasta hoy es una docena de representantes albicelestes, a la espera de lo que pueda suceder con los dos próximos candidatos a jugar en esa liga: Facundo Campazzo y Leandro Bolmaro.

El de Argentina y la liga estadounidense es un matrimonio que ha tenido pocos capítulos, pero algunos de ellos muy fructíferos, apuntalados -claro- por la leyenda en que se convirtió Manu Ginóbili.

Se profundizó, con el paso de varios criollos por aquellos pagos del Norte, una admiración nacida en los dos golpes que la Generación Dorada le propinó a Estados Unidos en 2002 y en 2004.

Más allá de aquel aterrizaje argento en el planeta NBA en 2000, la liga estadounidense llevaba tiempo siguiendo talentos argentinos. Sin ir más lejos, ya en 1988 el Gigante González había sido seleccionado en el draft. Luego siguieron otros nombres, aunque ninguno llegó a debutar hasta que lo hicieran Pepe y el Colo.

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Y no es casualidad. Al margen de que Wolkowyski ya tenía 27 años al jugar su primer partido con la camiseta de Seattle, el resto de los que se empezaron a sumar fueron varios de aquellos jugadores que en 1997 habían disputado el Mundial Sub 22 de Australia.

Tal era la confianza en algunos de ellos que no hizo falta esperar al golpe en Indianápolis 2002: Ginóbili había sido elegido en 1999, Luis Scola en 2002, antes del Mundial…

Pero todo se potenció con aquel subcampeonato en propia tierra norteamericana y más aun con la medalla de oro en Atenas, eliminación al Dream Team mediante.

Argentina y la NBA se retroalimentaron. Así como la liga y sus equipos sacaron partido del talento argentino, el seleccionado logró mantenerse en los primeros planos del básquetbol mundial durante casi una década gracias a la posibilidad que tuvieron sus jugadores de medirse permanentemente con los mejores del mundo.

Chapu Nocioni llegó a ser ovacionado en el estadio de los Bulls. Foto AP

Chapu Nocioni llegó a ser ovacionado en el estadio de los Bulls. Foto AP

Rubén Wolkowyski, único argentino en jugar en Boston Celtics. Foto AP

Rubén Wolkowyski, único argentino en jugar en Boston Celtics. Foto AP

Salvo Manu, que se fue a Estados Unidos en 2002, el resto no necesitó jugar allí para ganar el oro olímpico, pero sí varios integrantes llegaron a la liga precisamente después de aquella gesta, una de las -¿tal vez la más?- grandes en la historia del deporte.

Andrés “Chapu” Nocioni arribó a la NBA en 2004, mismo año que Carlos Delfino (único argentino drafteado en primera ronda hasta hoy). En 2005 fue la hora de Fabricio Oberto y un año más tarde le tocó a Walter Herrmann.

Scola se sumó en 2007 y esa retroalimentación queda de manifiesto en su caso puntual. El capitán argentino asumió ese rol en la Selección precisamente en ese año y a partir de entonces alcanzó su mejor versión con la camiseta nacional, aunque hoy, ya lejos de la NBA, siga desafiando al tiempo y se añeje como un vino de calidad.

Probablemente Pablo Prigioni, que llegó a los 35 años y se convirtió en el “novato” más viejo en la historia, haya sido el único que le dio a la NBA más de lo que recibió. Entendible: ya tenía el grueso de su recorrido hecho.

Luis Scola vivió sus mejores años NBA en Houston Rockets. Foto AP

Luis Scola vivió sus mejores años NBA en Houston Rockets. Foto AP

Nicolás Brussino fue el último jugador argentino -con excepción de Ginóbili- con un buen paso por la NBA, aunque sorpresivamente duró poco. Foto AP

Nicolás Brussino fue el último jugador argentino -con excepción de Ginóbili- con un buen paso por la NBA, aunque sorpresivamente duró poco. Foto AP

Después de aquellos símbolos fue el turno de la actual camada de Selección. Fueron pasos cortos y sin estridencias, que de todas maneras les sirvieron a los jugadores para crecer, mamar cómo se trabaja en el más alto nivel posible y madurar hasta convertirse colectivamente y juntos en subcampeones del mundo.

Nicolás LaprovíttolaNicolás Brussino y Patricio Garino fueron los últimos representantes argentinos en la NBA. Llegarán otros, eventualmente.

Ninguno, puede afirmarse con seguridad, será como Ginóbili, aunque sería una injusticia mayúscula semejante pretensión. Al cabo, lo importante ya está hecho: todos en la NBA saben qué es o dónde queda ese alguna vez ignoto país llamado Argentina.

Y aunque haya quedado demostrado que el país puede competir en la escena internacional sin depender de llegar a ese estrato, también es cierto que medirse con los cracks de la liga puede llevarlos todavía más alto. Ahí, en un límite color cielo, radica la gran esperanza del básquet argentino.

HS

Fuente:Mauricio CodoceaMauricio Codocea – Clarín.com – Deportes – Fotos: AP – Clarín.com – Deportes