//Entrevista exclusiva Sergio Hernández, a fondo con Clarín: “A los argentinos nos cuesta todo y por eso sabemos que la gloria sólo se logra en equipo”

Entrevista exclusiva Sergio Hernández, a fondo con Clarín: “A los argentinos nos cuesta todo y por eso sabemos que la gloria sólo se logra en equipo”

El entrenador de la Selección masculina de básquetbol remarca los desafíos del deporte nacional, la carencia de centros de entrenamiento de alto rendimiento y el peligro de juzgar sólo los resultados.

Sobre la mesa, un cortado chico, dos más en jarrito, tres vasos de agua, un añejo pero fiel grabador MP3 y dos celulares. En el aire, preguntas, respuestas e ideas que van y vienen. Hablar a agenda abierta con Sergio Hernández durante dos horas, incluida la caminata hasta la cortada en Núñez para hacer las fotos, es siempre interesante para reflexionar. Se viene Tokio 2020, sí, pero el entrenador de la Selección masculina de básquetbol se apasiona al hablar con Clarín de los temas que nutren al deporte.

Cómo serán estos Juegos Olímpicos me genera una gran incógnita. Es verdad que vamos a estar casi todos vacunados, pero el comedor de la Villa tiene 6.000 personas en hora pico y comés sin el barbijo puesto. Todo es una gran pregunta y no tengo respuestas. Vamos a extrañar el colorido del hincha argentino que está en todos lados, pero alguna celeste y blanca veremos. Olvidate”, avizora Oveja.

La preparación de los deportistas fue desigual, porque la pandemia los afectó en tiempo y forma diferentes, según su hábitat y la contención estructural en sus países. ¿No es injusto competir en este contexto? “Afecta a todo el mundo. Hoy veo una mayor luz de esperanza con el porcentaje de vacunación y soy optimista. Esto va a ser historia. No soy de los que creen que aparecerá una nueva cepa y todos nos vamos a morir -afirma terminante-. Pero claro que afecta a la preparación y habrá inconvenientes. Mirá lo que les pasó a las chicas (Las Gigantes sufrieron un brote masivo en plena AmeriCup, fueron descalificadas y se perderán el Mundial 2022). Fijate la Copa América. Esperemos que haya la menor cantidad de piedras posibles. Vale la frase: ‘Espero lo mejor, me preparo para lo peor’”.

La lista de convocados a la Preselección estaba “cantada”, más allá de apuestas por algunos jóvenes, por la enorme base del subcampeonato mundial logrado en 2019. “Es una camada relativamente joven y no había muchas incógnitas. Hay jugadores del Mundial de China que no sólo mantienen el nivel sino que lo han elevado y jóvenes incipientes como Leandro Bolmaro y Francisco Cáffaro, que hace dos años sabíamos que iban a estar en la lista de Tokio. A lo mejor la sorpresa fue el chiquito (Juan Manuel) Fernández. No hubo mucho que pensar”, explica.

Sergio Hernández, durante la charla con Clarín.
Foto Juano Tesone

Sergio Hernández, durante la charla con Clarín. Foto Juano Tesone

-Siempre dijiste que a los grandes torneos no se va a probar…

A los torneos se va a competir con lo mejor. Si hay jóvenes, es porque están preparados para competir. No van sólo a hacer experiencia. En todo caso, si entre los jugadores 11 y 12 hay paridad entre un joven y un viejo, tenés que priorizar jóvenes por proyección. La Selección no es mía y no fue de Lamas, Magnano, Vecchio ni Ripullone. Lo importante es el básquet argentino, que merece por lo menos que tengamos opciones como Cáffaro, Bolmaro, Fernández, Vaulet, Fjellerup… Como la tuvo Agustín (Cáffaro) hace dos años… Como hizo Lamas llevando a ObertoManu Pepe Sánchez al Mundial de Grecia. Claro, hoy aplauden todos porque es Ginóbili. Pero en los torneos hay que armar equipos para competir. Y en éste, ni hablar, porque es el número uno de los torneos. Pero siempre hay quienes critican.

-¿Te parece que se los critica?

-Estamos en una era en la que hay que decir cosas, sobre todo en las redes sociales. Leés: “¿Por qué no hay más juventud?” o “¿Por qué no sigue jugando Diego Osella?”. Si ponés jóvenes, quieren más viejos. Si ponés viejos, quieren jóvenes. A lo mejor yo entro en esa historia cuando veo a la Selección de fútbol. Hoy todos decimos algo. Y así creemos que hay un millón de anti Messi que viven criticándolo, cuando en realidad son dos y lo que hay son millones que defienden a Messi.

-Así como hablás de los anti Messi, Los Pumas deben ser la Selección con más “antis” en Argentina. Pero al básquetbol no le pasa eso…

-Cae bastante simpática la Selección, es cierto.

-¿Ustedes lo sienten?

-Vuelvo a lo de Los Pumas, que tiene que ver con la famosa grieta histórica. Hay gente que no quiere que les vaya bien porque supuestamente representan a una parte de la sociedad -la high society- que no les gusta, cuando en realidad qué tienen que ver Los Pumas o la guinda o el rugby como deporte con eso. Lo que digo es que es vox populi que en Argentina se ve al rugby como deporte de un estrato económico alto. Yo no lo veo así. A lo mejor Los Pumas pagan ese estereotipo, cuando no creo que hayan sido antipáticos. Por el contrario, mucha gente los abraza porque ve en ellos la pasión, el sentimiento, eso de cantar el Himno…

La Selección, en el podio del Mundial de China 2019, con la medalla de plata.
Foto Reuters

La Selección, en el podio del Mundial de China 2019, con la medalla de plata. Foto Reuters

-¿Entonces por qué no hay una ola anti Selección de básquetbol?

-El básquetbol no tiene esa cosa exagerada de cantar el Himno y llorar ni las críticas o detractores que tienen otros deportes que no sean el fútbol, que es un caso aparte y de estudio. No representa a una parte de la sociedad. Abarca a todas las clases y tiene un torneo federalísimo, que se juega en todos los rincones del país. No se polarizó nunca en Buenos Aires, lo que es una contra y puede ser una cosa a favor.

-Se puede pensar que los resultados llevaron a esa conexión con la gente, pero también que los valores lograron esa identificación. Porque la Generación Dorada y esta camada mantienen una identidad y generan empatía.

-Todas las selecciones la generan. El handball, el waterpolo… Como está muy trillado, no hablo de valores. Porque se tiende a hablar de los valores de los equipos que ganan.

-Vos decís que así como siguen cosechando lo que fue la medalla de oro en Atenas, si el fútbol hubiera ganado el Mundial, sería distinto.

-Habría calles que se llamarían “Di María”.

-Así y todo, el básquetbol lo logró.

-Es incomparable el fútbol con los demás deportes en los que no somos una potencia mundial histórica. Tokio serán los quintos Juegos Olímpicos seguidos del básquet argentino, ganamos un oro y un bronce, Ginóbili brilló en la NBA, esto y lo otro. Pero no somos potencia. Lo lamento. Ser potencia es otra cosa. El fútbol argentino sí es potencia mundial. Levantás una piedra y aparece un futbolista nacional. Y entrenadores por todo el mundo. Argentina siempre se clasifica a los Mundiales. El mejor es argentino. El anterior, también. Y antes de MaradonaDi Stéfano y KempesManu, que es nuestro Dios, o Luis (Scola) nunca fueron los mejores del mundo. Es la realidad. Es la realidad. Manu jugó en la época de Kobe BryantLeBron JamesKevin DurantTim DuncanShaquille O’Neal… No fue el mejor del mundo. En Argentina el básquet es un deporte chico, con poca gente que lo practica, y por eso gracias a sus logros obviamente se ganó la admiración, la simpatía y el respeto de un pueblo que dice: “Esto es lo que nosotros queremos. Con poco hacen mucho”.

-Es contradictorio.

-Sí. Y no sé si es tan meritorio lo que hacemos. No sé si es tan mágico ponernos en ese lugar de “¡Guau!”.

-¿Pensás que esa valoración se da sólo por el resultado y no también por lo que reflejan dentro y fuera de la cancha?

No me gusta la idea de que los valores están en los equipos que consiguen resultados, como el básquetbol, los Leones o las Leonas. Que el compromiso, el amor, la pasión, la unión y la responsabilidad están sólo en los que ganan. No. Hay otros que hacen lo mismo que nosotros y no ganan, pero cultivan valores y hay que aprender a mirarlos. No tengo una respuesta definida sobre por qué pasa esto con el básquet.

-Pero sabés que en un deporte colectivo debe haber química, porque un grupo destruido no puede llegar.

-Claro. Pero no prioricemos la idea de que sólo tuvo valores la Generación Dorada. ¿Los demás no tuvieron valores porque no consiguieron lo mismo? La Generación Dorada tuvo valores y tuvo a Ginóbili, Oberto, Scola, Montecchia, Wolkowyski, Chapu NocioniDelfinoHerrmann. Tuvo valores, más estos tipos. Otras generaciones no tuvieron tanta calidad, experiencia y roce internacional, pero también tenían valores. No tiene más valores Ginóbili que (Mauro) Cosolito. Las selecciones argentinas de básquet siempre han respetado la ética de trabajo y el compromiso. Pusieron siempre lo colectivo sobre lo individual. Pusieron sus egos “al servicio de”. Otros deportes también lo hacen y puede que nunca lleguen a unos Juegos Olímpicos. Si no, parece que nosotros somos distintos y les decimos: “Si ustedes hacen esto, van a ganar el oro”.

“Cuando vi el estadio de Santiago del Estero, me hizo mal porque con ese dinero se pueden hacer 500 centros de entrenamiento en la Argentina”

Sergio Hernández gesticula durante la entrevista con Clarín.
Foto Juano Tesone

Sergio Hernández gesticula durante la entrevista con Clarín. Foto Juano Tesone

Hernández tiene una visión integral, como se trabaja en las potencias. Por eso reflexiona sobre el estado del deporte argentino, que le hace frente a una realidad lejana a las grandes luces. “Muy poquita gente hace deporte federado en el país. Imaginate en el básquet, donde no nos favorece el biotipo y creemos que tenemos política deportiva, estructura y muchas canchas. Mentira -aclara-. No tenemos idea de lo que es un centro de entrenamiento serio. La Selección no tiene un lugar acorde a nivel internacional, salvo el Dow Center (en Bahía Blanca). El CeNARD, al que amo con todo mi corazón, tiene una cancha con dos aros. Eso no es un centro de entrenamiento”.

-Pero el básquetbol se juega en los clubes…

-¿Por qué existen las Leonas como marca registrada en el mundo? ¿Por qué los Leones son los últimos campeones olímpicos? ¿Por qué existen Los Pumas? ¿Por qué el hockey sobre patines es cada tanto campeón mundial? Julio Velasco tiene una lectura. ¿En qué deportes triunfamos? En los que se hacen los clubes, porque ahí se juega a todo con una pelota. Tenemos suceso en eso. Por eso no en atletismo.

-Pero de ahí a ganar hay un trecho…

-Tiene que haber algo extra, ¿no? Somos petisos, blancos, flacos y no somos atléticos, pero nos gusta ganar. Vas a jugar contra gente mucho más grande, atlética, rápida y fuerte. ¿Qué hay que hacer para ganar? La única manera es dejar todo y ser muy claro al armar la estrategia y la táctica, y agarrarte de eso. Y poner el ego de cada uno. Si hacés eso, competís. Listo. A los argentinos no nos alcanza con participar. Siempre queremos competir y ganarle al que se supone que no le podés ganar. No sé si es así en todos lados.

-Por más profesional que sea, el atleta mantiene el espíritu amateur…

-Es que amateurismo es eso: el que ama lo que hace. No es quien hace algo gratis, como nos quieren hacer creer quienes dicen: “Esto es amateur, ¿usted quiere cobrar?”. El deportista argentino definitivamente mantiene el espíritu amateur. Si no, sería milagroso.

-¿Y no es milagroso el deporte argentino ?

-No existen los milagros. Esto sucede y vuelve a suceder. Buscás entre las campeonas de la Champions del vóley y está Yas Nizetich. Buscás el crack del handball europeo y es el Chino Simonet. ¿Por qué? ¿Qué onda, boludo?

Los pibes deportistas no tienen tiempo de entrenar, estudiar y comer. No podemos permitir que un federado no estudie al menos hasta el secundario. Pero avalamos que suceda.

Sergio Hernández

El progreso del básquetbol argentino es notable y se nutre de una cantera surgida de los clubes donde trabajan en silencio los formadores. “Es uno de los grandes secretos. El colectivo de entrenadores de formativas es altísimo. Para mí, de lo mejor del mundo -resalta Oveja-. Pero su calidad no coincide con las herramientas que les podemos dar”.

Y advierte sobre un problema que sufren los jóvenes: “Hay demasiada competencia, por exigencia de los dirigentes, que la sobrevaloran. Se les coarta su educación, porque nuestra estructura deportiva no contempla la edad del jugador. Falta quien piense: “Che, esto que estamos haciendo no le va a dar tiempo para ir al colegio”. Y vendrá otro a decirle: “Yo no quiero que vaya al colegio; quiero que juegue al fútbol”. Es un tema social y estructural.

Sergio Hernández, junto a Andrés Nocioni y Facundo Campazzo, en uno de los tantos campus en los que les habla a los pibes.
Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Sergio Hernández, junto a Andrés Nocioni y Facundo Campazzo, en uno de los tantos campus en los que les habla a los pibes. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

-Como la falta de una política deportiva integral…

Cuando vi el estadio de fútbol de Santiago del Estero, me hizo mal. Miré el partido de la Selección (contra Chile, por las Eliminatorias) con un nudo acá. No acepto cuando dicen: “¿Cómo vas a criticar algo que está destinado al deporte?”. Es que con eso se pueden hacer 500 centros de entrenamiento en la Argentina. Si lo querés hacer en Santiago del Estero, trasladamos el CeNARD allá. Pero en Argentina faltan otras cosas. Lo mismo que cuando piensan que los clubes tienen que invertir en estadios. No. Necesitamos lugares de entrenamiento de alto rendimiento en serio, de acuerdo al deporte que más se juegue en un club. Lugares donde se puedan anotar más chicos. Y si el deporte se puede meter en el sistema educativo, mejor. Aunque eso me suene utópico. Necesitamos más lugares para hacer deporte. Cuando el dinero va a cosas que no son necesarias, me molesta.

La resiliencia de los atletas, el éxito y el resultadismo fanático

Sergio Hernández, en una cortada de Núñez, posa durante la entrevista con Clarín.
Foto Juano Tesone

Sergio Hernández, en una cortada de Núñez, posa durante la entrevista con Clarín. Foto Juano Tesone

Los atletas olímpicos hicieron lo imposible para entrenarse en el país durante el aislamiento estricto por la pandemia. A Hernández no le sorprende en lo más mínimo. “Los argentinos somos los reyes de la reinvención. Estamos acostumbrados a todo. Si no es una pandemia, es otra cosa. Pero es duro, porque si ya de por sí no tenemos las condiciones necesarias, imaginate con esta situación. Que hayan tenido que entrenarse en un balcón no nos parece tan raro. La Secretaría de Deportes y el ENARD les mandaron elementos a los atletas, pero había algunos que no podían tener una cinta porque no les entraba en el departamento. Lo que hacen los deportistas argentinos es meritorio y emocionante. Es ese ‘algo’ que los empuja a desafiar siempre”, analiza.

Hernández es un habitué a la hora de explicar qué es el éxito. Y la cercanía de Tokio 2020 lo enciende. “Los Juegos Olímpicos son los que te enseñan verdaderamente lo que es el éxito y el fracaso. Y si lo sabías, te lo sellan a fuego -dice-. Se puede tener éxito sin ser el número uno. Esa es la manera de ver las cosas. Y te lo digo yo, que me encanta ganar y cuando pierdo estoy dos días sin poder emitir sonido”.

-¿Todavía te pasa?

-Soy mucho peor perdedor ahora que antes, pero cuando me enfrío puedo razonar que el éxito no está en ganarle al otro. Estoy convencido de que si hubiésemos perdido con Serbia en el Mundial, también habríamos tenido éxito para esta camada. Como el quinto puesto en Turquía 2010. Siento el mismo orgullo con la medalla de bronce en Beijing 2008 que con la final del mundo. Estoy orgulloso, pero no pretendo que los demás también lo estén.

-Te jode el resultadismo extremo.

Nadie es el número uno en todo. Es imposible. Me tocó ganar un montón de veces, pero no gané la NBA, la Euroliga ni la medalla de oro olímpica. Tengo veintipico de títulos y eso no es algo que te cambia la vida. ¿Cuántos años jugó Manu en la NBA? 16. ¿Cuántos títulos ganó? 4. Perdió 12. ¿Es perdedor o ganador? Sigo poniendo el ejemplo de Marita Peralta, porque la quiero y la vemos en Google y aparece festejando en Londres 2012. La gente dice: “¿Esta chica qué festeja si salió 80° (en maratón)?” ¡Pero cómo no va a festejar si consiguió su objetivo! También pasamos al otro lado: “Entonces, si da lo mismo…”. No, no da lo mismo. Todos lo hacemos para ganar, pero ese tremendo esfuerzo que hacés te lleva a algún lugar. Tenés que decir: “Quería aquello, pero hasta acá llegué y es un logro”. Si no, es joda.

-¿Te da lástima que no se piense así?

Me da lástima quien no ve sus propios logros. Sufro, porque esa persona se pierde parte de la vida. Quien dice que un atleta va “a pasear” a unos Juegos Olímpicos no me preocupa. Pero esa persona muy probablemente sufra porque sus cosas las verá así y piensa que nada es alcanzable. “Me compré este auto y el vecino tiene el otro”, dirá. Nunca está conforme. Nunca le parece que algo es un verdadero logro.

-Pero hablás contra el resultadismo fanático y se te tiran en contra…

-Yo también quiero ganar, eh. De hecho, estamos en los Juegos porque tuvimos esta mentalidad y ganamos. Y nuestra meta era llegar a semifinales de un Mundial, porque nos asegurábamos la clasificación. Si no, hubiésemos llorado. Pero en Turquía 2010 queríamos ganar y fuimos quintos. Y en Beijing 2008 queríamos el oro y fuimos bronce. ¿Y? Estoy podrido de que muchos me pongan en el lugar de un romántico. Yo no soy un romántico. Entrá a Google y lo primero que ves es una piña a un negro (la noche en que descarrilló en un San Lorenzo-Peñarol, en 2015). Eso no es romántico y no me gusta verlo. Tengo que ser responsable.

“No somos candidatos al oro en Tokio 2020, pero nadie nos quita la ilusión”

Luis Scola arenga sus compañeros en el Mundial de China 2019.
Foto Reuters

Luis Scola arenga sus compañeros en el Mundial de China 2019. Foto Reuters

Sergio Hernández es un privilegiado. Dirigió a la Generación Dorada, el mejor equipo de la historia del deporte argentino, y condujo una transición hacia lo desconocido, que desembocó en lo inesperado: el subcampeonato mundial en China 2019 con una camada de jóvenes atrevidos. Aunque no sólo Luis Scola es el común denominador entre ambos procesos, sino que el entrenador tiene claro las similitudes entre aquellos amigos ganadores y estos amigos que siguen por su senda e irán al nuevo desafío: Tokio 2020.

“Lo que une a ambos equipos en lo humano es que les encanta convivir. Están esperando este momento. La pasan súper bien. Parecería algo normal y no es tan normal, porque podrían pensar: ‘Uf, tengo que ir a la Selección’. Acá vale realmente eso del ‘viaje de egresados’ de todos los años -asegura Oveja-. Son tipos que vienen de 80 partidos con sus equipos, siempre bajo presión, y aun así vienen, están felices y se divierten”.

-¿Qué te asombra del grupo?

-Respeto la parte social del jugador porque confío mucho en cualquier persona de bien. No estoy atrás del jugador cuando termina el día. Me gusta que vaya al cine si quiere. Después no van, je. Les digo: “Esta noche tienen libre. Pueden ir a comer afuera”. No hubo una sola vez que hayan ido tres a un restorán y cuatro a otro. Van siempre juntos. “Para eso comemos en el hotel”, les digo. “A nosotros nos gusta estar juntos”, me contestan. Puede que en Las Vegas me pregunten: “¿Podemos tener dos horas libres para ir todos a ver al Cirque du Soleil”. Y van todos. Lo mismo pasaba con la Generación Dorada o la anterior. Tienen esa similitud y claro que influye mucho en el campo. En el Mundial pasado estuvimos muy por arriba de nuestro potencial. Es raro y esto tuvo mucho que ver.

-¿A qué lo atribuís? ¿A la idiosincracia? ¿Hablás con otros entrenadores a ver si les pasa?

-No, no es tan normal. Posiblemente sea nuestra idiosincracia, pero detesto ponernos de ejemplo. No me gusta. Si no hubiésemos clasificado a los Juegos Olímpicos, ¿estaríamos hablando de los valores y de la unión de esta generación, que son inalterables por un resultado? Me cuesta ponernos de ejemplo. Sí creo que los argentinos tenemos una cosa muy especial a la hora de ponernos la camiseta y que amamos competir. Todo lo que nos cuesta desde que nacemos hasta que morimos en este país hace que sepamos que la única manera de conseguir la gloria es jugando en equipo.

Uno de los festejos de Argentina en el vestuario del Mundial de China 2019.
Foto CABB

Uno de los festejos de Argentina en el vestuario del Mundial de China 2019. Foto CABB

-¿Te sorprende a vos también que hayan tenido semejante rendimiento en China?

-No hay que perder de vista que no llegamos a 2019 y ¡pum!: “¿Estos tipos dónde estaban?” No. En 2015 decidimos ir a los Juegos Panamericanos de Toronto con este grupo (siete de los doce subcampeones en China). Luis tuvo el gesto de conseguir el centro de entrenamiento de Houston Rockets para la previa, porque esta camada necesitaba ver el Norte. La mayoría jugaba en Argentina, donde no tenemos infraestructura de alto rendimiento, y todos abrieron los ojos cuando vieron cómo se entrena allá. Cuando terminó ese torneo, dije: “Acá hay algo”. Son los mismos que con Nocioni y Scola se clasificaron a Río 2016 y la mitad fue a esos Juegos Olímpicos.

-Fue un proceso ordenado y conducido hacia un determinado fin.

-Antes de la AmeriCup 2017, (el preparador físico) Manuel Álvarez les dijo: “En este proceso, Sergio no solo quiere que el equipo logre ganar la mayor cantidad de partidos, sino que insistamos en incorporar hábitos del alto rendimiento. Ustedes son atletas de alta competencia, que es el hábitat al que llegás porque sos alto, rápido o tenés puntería, pero no son de alto rendimiento. El alto rendimiento tiene que ver con los hábitos y el único que estoy seguro que los tiene es el señor (por Scola)”. Llegaron a la final con Estados Unidos y se siguieron cocinando a fuego lento en sus clubes.

-Y explotaron con un rendimiento superlativo y la plata en China…

-La preparación fue de altísimo nivel. A eso se le sumaron la química especial del grupo, la armonía, las ganas de jugar juntos, el respeto por el otro y por el rol, el deseo de competir y de darle lo mejor al equipo. Eso llevó a un rendimiento por arriba de las posibilidades y a una final del mundo, eliminando a Serbia y a Francia. Y ahora le agregamos que varios dieron un nuevo salto de calidad, porque acumularon experiencia, tuvieron performances increíbles y saltaron de Europa a la NBA o de un equipo chico a un grande en Europa. Pensá que Deck llegó al Mundial sin experiencia europea y hoy está en la NBA porque dominó Europa en su puesto en el Real Madrid. Pasa que podés decir: “Ahora la Selección es campeona olímpica”. Y no.

Con tababocas mientras no tomaba el cortado o agua, Sergio Hernández habla en la entrevista con Clarín.
Foto Juano Tesone

Con tababocas mientras no tomaba el cortado o agua, Sergio Hernández habla en la entrevista con Clarín. Foto Juano Tesone

-¿Qué esperás en Tokio?

Hay dos candidatos exclusivos al oro: Estados Unidos -sobre todo- y España, a la que hay que ver cómo le pegará el retiro de algunos y está en nuestra zona, a la que vendrán Lituania, con Sabonis y Valanciunas, o Eslovenia, con Luka Doncic. Son otros dos favoritos al oro. Y Japón, de local, no es el de hace 20 años: tiene dos NBA muy buenos (Hachimura y Watanabe), nacionalizados, un entrenador FIBA (Julio Lamas) y una liga japonesa que ha mejorado mucho. Es un equipo que va a romper los huevos. Hay que ser realistas: es duro. Pero ellos piensan lo mismo: “¡Uh, mirá el grupo que nos tocó, la puta madre!”.

-¿Qué plus tiene la Selección para que ellos piensen lo mismo?

-Argentina se ganó el respeto a nivel internacional hace 20 años y llega con el antecedente del Mundial 2019, donde no sólo fuimos finalistas sino que fuimos el equipo que mejor básquet jugó, salvo en la final en la que España fue mejor de punta a punta. Y ahora metimos jugadores en la NBA. Pero todos tienen jugadores en la NBA y no tomamos en cuenta cuántos tienen en la Euroliga, donde los top de CSKA, Fenerbahce, Barcelona, Real Madrid y Panathinaikos juegan a nivel olímpico todos los días del año. Nosotros tenemos muchos jugadores que no tienen ese roce diario: Gallizzi, Delía, Fjellerup, Vaulet. Lo juegan Campazzo y Deck hace dos años. Por eso tiene tanto valor lo que hizo Argentina en el Mundial. Nosotros seguimos teniendo las mismas virtudes y dificultades que antes. No es que si lo pudimos hacer diez veces, lo vamos a volver a hacer. No. Hay que pensar de nuevo cómo haremos para jugar con un 2,05 contra un 2,10 en el juego interior, donde tenemos menos fortaleza. Hay ilusión, pero las dificultades son terribles.

-No te podés hacer cargo de la expectativa de la gente…

-Imposible.

-..pero ellos vieron lo que pasó en China y saben lo que pueden dar. ¿Van a cargar con una mochila más pesada ahora como subcampeones mundiales?

-Estos chicos ya manejaron la mochila contraria. No nos olvidemos que hace cinco años creíamos que había un pozo negro del que no íbamos a salir nunca más, que se había terminado todo al retirarse la Generación Dorada y que no íbamos a tener por muchos años jugadores en la NBA ni suceso a nivel Selección quién sabe hasta qué camada. El exitismo hace que rápidamente nos hayamos olvidado y pongamos a esta Selección como candidata al oro olímpico. Ahora bien, si el título sólo es que no somos candidatos al oro, es un problema. Nadie nos quita la ilusión. Y queremos que la gente tenga esa ilusión, pero no le queremos mentir.

Las barreras que rompió Facundo Campazzo y el futuro de los argentinos en la NBA

Facundo Campazzo, protagonista en su debut en Denver Nuggets, en la NBA.

Facundo Campazzo, protagonista en su debut en Denver Nuggets, en la NBA.

“Soy de los que dicen que Facundo Campazzo rompe todas las barreras que le ponen”. No demora ni una frase Sergio Hernández para dejar un título sobre lo que hizo el cordobés en su temporada debut en la NBA con Denver. “Entró tarde al equipo, más allá de la ausencia de (Jamal) Murray, que le abrió una puerta, y su participación estuvo por encima de lo que yo esperaba en esta primera etapa. Llegó a la semifinal de Conferencia, jugó 25 minutos por partido, compitió y se ganó el respeto de rivales, compañeros y de la gente… No me sorprendió, pero reconozco que superó un poco las expectativas que yo tenía para su primera temporada”, dice el entrenador.

-¿Qué te genera lo que puedan hacer Deck y Vildoza?

Deck tuvo la suerte de tener una muestra gratis y rompió el hielo. Le va a costar menos, pero la NBA lleva un proceso de una temporada entera. Por el derecho de piso y por la concepción del juego y las reglas, muy diferentes a las europeas. Todo eso lleva tiempo. Vildoza y Deck se destacaron en la Euroliga, así que no hay dudas de que cuando se acomoden y se adapten, lo van a hacer bien. Son jugadores muy inteligentes y ya han vivido procesos de ir de un rol chiquitito a uno grande y tienen mucho potencial.

-¿Y Bolmaro?

-Bolmaro va más por proyección, pero tiene todo lo que otros argentinos, salvo Manu Ginóbili o Delfino, no tenían: su nivel atlético y su biotipo es lo que un equipo NBA busca en un perimetral. Es un “combo guard”: no juega ni de 1 ni de 2 y eso les encanta. Juega con los pies arriba del piso y juega en el aro. Tiene todo para instalarse 10 o más años en la NBA. Y tener a Pablito (Prigioni, asistente de Minnesota) le va a venir muy bien de entrada.

-¿A vos mismo te asombra este salto de cuatro argentinos a la NBA?

-¡Claro! Van a estar bien. Es mi deseo el que habla. Mi parte de argentino antes que el entrenador. No creo que vayan a tener grandes contratiempos, pero van a necesitar tiempo y los argentinos somos un poquito ansiosos. Ahora bien, ¿Brussino podría volver a la NBA? Sí. ¿Y Francisco Cáffaro? Vamos a ver qué pasa entre los mayores, pero son 2,15 metros de un tipo agresivo, al que le tenés que decir: “¡Pará, tranquilo!”. Puede que dentro de dos años esté en la NBA o que no o que vaya otro del que no sabemos ni el apellido. Y (Juan Francisco) Fernández mide 2,10, es ala pivote, tira de tres, pone la pelota en el piso…

“Luis Scola es mucho mejor líder que antes”

Luis Scola y Sergio Hernández, durante el Mundial de China 2019.
Foto Reuters

Luis Scola y Sergio Hernández, durante el Mundial de China 2019. Foto Reuters

Luis Scola se retirará de la Selección luego de sus quintos Juegos Olímpicos consecutivos, con una medalla de oro en Atenas 2004, otra de bronce en Beijing 2008 y el orgullo de haber sido el abanderado nacional en la ceremonia de inauguración de Río de Janeiro 2016. Resta saber qué sucederá en Tokio 2020. Sergio Hernández vivirá ese momento y siempre supo que el capitán estaría en Japón.

“Apenas se postergaron los Juegos hasta 2021, sabía que iba a hacer algo para mantenerse. Siguió con su proceso de entrenamiento tan particular, encontró la Liga de Italia, le encantó y tuvo un suceso tremendo. Está impecable y sigue comprometido”, lo define Oveja.

-¿Qué más se puede decir de un jugador que a los 41 años mantiene semejante compromiso?

-Tengo una enorme admiración por él, más allá del cariño, y creo que el básquet le debe muchísimo, sobre todo la Selección. Sigue siendo un aporte fundamental. No sólo lo que hace cuando juega o entrena sino en la gestión. Nos ha iluminado y abierto el camino y como líder del equipo es increíble. El mejor Luis Scola que conocí en mi vida es el de los últimos años. Pasa que en otra época era el mejor de todos en otro rubro y ahora ya no se le exige tanto en los números. Hoy es mucho mejor líder de lo que era antes.

El capitán es voz autorizada, cantante y escuchada a la hora de planificar el trabajo de la Selección. “Es uno más en las mesas de trabajo sobre cómo prepararnos, pero no porque se lo pida yo o la dirigencia. Cada vez que opinó algo o puso algo sobre la mesa como opción, siempre ha tenido razón -explica el entrenador-. Es uno de los tipos a los que yo recurro cuando empiezo a idear el nuevo proceso. Tanto en recambios generacionales, en mechar jóvenes con veteranos, en los lugares o sistemas nuevos de entrenamiento, como cuando pasamos del doble turno al turno integrado”.

La Selección viajó a Las Vegas, donde la primera etapa de trabajo hasta el 6 de julio fue coordinada entre el cuerpo técnico y la dirigencia de la Confederación Argentina de Básquetbol. Desde el 7, el equipo se acoplará a la “burbuja” de USA Basketball, que invitó a la Selección con las mismas facilidades que tendrán los NBA para jugar un cuadrangular. El debut será ante Australia, el sábado 10, desde las 0.30 de la Argentina, mientras con Nigeria jugarán el lunes 12 desde las 17.30 y ante Estados Unidos lo harán el martes 13, a las 19.

-¿Hubo roces con la Confederación en cuanto a esta preparación?

-No sólo Luis sino todos los jugadores no querían tener mucho movimiento este año por la pandemia. Como estaba la invitación de Estados Unidos y ya comprobamos lo que es la NBA, coincidimos que es la mejor preparación que se puede tener, porque jugaremos con Australia, Nigeria y Estados Unidos. Cuando te llevan, te dan lo mismo que le dan a su Selección. El equipo no se quería perder esa preparación y tampoco queríamos hacer Argentina-España-Estados Unidos-Tokio en época de pandemia.

-El argumento de la dirigencia es que se perdió el dinero que hubiera significado, por ejemplo, reeditar la final del Mundial en España…

-Es una pregunta para Borro (Fabián, el presidente de la CAB). Yo opino que vamos al lugar correcto, pero no me meto en “la guerra”. Hubo discusiones, como corresponde. El jugador va a la Selección a poner el hombro y a jugar por su equipo. Y la Selección le ha dado mucho a los jugadores y a los entrenadores. Entiendo que ellos tengan voz y voto en cuanto a la preparación, porque vienen de jugar 80 partidos en el año. Estamos yendo al mejor lugar que puede ir hoy un equipo profesional.

Termino mi contrato en los Juegos Olímpicos y la Selección se queda sin entrenador. Pero mientras yo siga ejerciendo la profesión, siempre será una motivación dirigir a la Selección.

Sergio Hernández

El día en que decidió volver de España para estar cerca de sus afectos

Sergio Hernández, cuando dirigía al Zaragoza en la Liga ACB.
Foto EFE

Sergio Hernández, cuando dirigía al Zaragoza en la Liga ACB. Foto EFE

Sergio Hernández dejó provisoriamente la Selección cuando a comienzos de noviembre de 2020 se le presentó una gran oportunidad laboral: dirigir a Zaragoza en la Liga ACB, la más fuerte de Europa. Era un desafío atrapante y el equipo llegó a clasificarse al Final Eight de la Basketball Champions League. Pero a mediados de abril le puso punto final a la experiencia y un mes después retomó en la Selección. La pandemia y ver a la distancia cómo se contagiaban sus afectos le pegó demasiado duro.

“En España estaba bien, en un club fantástico y en una ciudad preciosa. No conocía y me enamoré de Zaragoza por su parte histórica. Tiene más de 2.000 años. Me impactó -rememora con nostalgia-. Tenía un equipo que no estaba mal, pero era difícil hacerlo jugar colectivamente, con un staff de asistentes preparados y muy buena gente. No tenía excusa. Pero sufrí mucho estando lejos de mi gente en época de pandemia. La pasé mal”.

-¿Hasta qué punto?

-Estaba permanentemente pendiente de lo que sucedía en Argentina. El desarraigo estaba potenciado por esto. Durante los primeros cinco meses, los días se terminaban a las 18 y había que meterse adentro y no podías hacer vida social. Después empezaron a caer mis afectos con Covid y un día dije: “No puedo más”. Yo creía que le afectaba al equipo. Algo adentro me decía: “No puede estar tu cuerpo en un lugar y tu cabeza en otro, porque quien te contrató te merece al 100 por ciento”. Y un día lo blanqueé.

-¿Cómo fue ese momento?

-Hablé con el director deportivo Pep Cargol, un fenómeno, y con el presidente. Les dije lo que me pasaba, pero avisé: “No se asusten, que si les genera un problema sin solución, me quedo. Pero si ven que lo pueden encaminar, me hacen un favor porque necesitaría estar cerca de…”. Argentina estaba en el peor momento.

-¿Cómo lo tomaron?

-Para ellos fue sorpresivo y a las 24 horas me dijeron de buena gente que me liberara. Quedaban 10 días para jugar el Final Eight, algo histórico para el equipo. Hoy creo que tomé la decisión correcta, porque hay momentos en los que hay que estar cerca y hay otros en los que podés seguir aceptando desafíos, dejando atrás un montón de otras cosas.

HS

Fuente: Hernán SartoriMauricio CodoceaMauricio Codocea – Clarín.com Deportes – Fotos: Juano Tesone – Reuters – Rolando Andrade Stracuzzi – CABB – EFE – Clarín.com Deportes