El DT no paró de dar indicaciones y el equipo dio indicios de una leve mejoría colectiva.
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l destino caprichoso lo trajo de nuevo a River. Como lo anheló, como tantas veces lo pensó y como alguna vez lo anticipó públicamente que lo haría: en otro rol, pero con el mismo histrionismo. Y el reencuentro fue a lo grande, aunque sin emotividad y sin la presión de su gente. Después de 22 años de su último partido como jugador del club de Núñez, Eduardo Coudet tuvo su debut oficial como entrenador del Millonario con un sufrido triunfo ante Huracán por 2 a 1 y comenzó a dar señales de su plan para reconstruir anímica y futbolísticamente a un plantel apuntado como el principal responsable de la salida de Marcelo Gallardo.
Más allá de que River no jugó todo lo bien que se espera de un equipo con jerarquías individuales por encima de su rival, dio indicios de un leve mejoramiento defensivo y una notable predisposición ofensiva, aunque no pudo capitalizar lo mucho que generó. Además, se mostró mucho más dinámico y punzante en ataque. Porque el 4-2-3-1 que dispuso Chacho, con Moreno y Vera de doble cinco, Galvan por derecha y Subiabre por izquierda, le posibilitó a Kendry Páez moverse con libertad y hacer un buen partido.
En el complemento, los nervios y la verborragia del Chacho Coudet afloraron en su máxima expresión. El juego se volvió desprolijo y las polémicas decisiones del árbitro Nicolás Ramírez fueron calentando el ambiente y el humor del técnico de River, que pasó de lamentarse por el penal errado de Juanfer, a los 26 minutos, a desahogarse con el penal convertido por Montiel, a los 40. Así y todo, con el triunfo 2 a 1 en el bolsillo, no se permitió relajarse hasta el final del partido.
Por eso nadie esperó más que él ese pitazo de Ramírez. Nadie lo disfrutó tanto como él. En ese instante se sintió el tipo más feliz del mundo Eduardo Coudet. Crispó los puños y se abrazó con su ayudante Musto en un rincón silencioso del banco de suplentes y encaró para el medio del campo de juego a saludar uno a uno a sus jugadores antes de perderse por el túnel con la satisfacción de haberle hecho honor al trillado axioma de “técnico que debuta gana”. “No lo pudimos rematar y se nos terminó complicando. Pero en esta dinámica que tuvo el partido creo que fuimos justos ganadores. Me voy muy conforme con lo hecho por los jugadores”, admitió Coudet. “Nunca me fui del fútbol argentino. No me perdí ni una fecha desde que me fui”, aseguró sobre cómo estuvo al tanto de todo lo que sucede aquí, más allá de todo el tiempo que estuvo en el exterior.
Ahora, será cuestión de seguir puliendo detalles para crecer futbolísticamente y revertir el estigma de rufianes de aquellos jugadores acusados de fundir el bronce de Gallardo para que el cambio sea total y no un simple lavado de cara.


















