El volante español y el carrilero neerlandés llegan a la final con 29 años y una historia de vida futbolística que arranca en las ligas menores de sus países.
7 minutos de lectura
Llegó el momento que el mundo del fútbol espera en cada temporada: la final de la UEFA Champions League, esta vez en Múnich, Alemania. No habrá ningún anfitrión presente, tampoco el habitual Real Madrid ni un Barcelona que parecía retomar los grandes tiempos de Lionel Messi y compañía, pero quedó a las puertas. Paris Saint-Germain e Inter serán los protagonistas, uno buscando alzar su primera conquista y otro queriendo hacerse de su cuarta “Orejona”.
Necesitarán de sus grandes estrellas. Sobresalen candidatos a ganar el próximo Balón de Oro, según trasciende: el vuelo de Ousmane Dembélé y la artillería pesada que significa Lautaro Martínez. Tienen a sus segundas guitarras: Kvicha Kvaratskhelia, el refuerzo top de comienzos de año, y la joven promesa Desiré Doué desequilibran por los extremos franceses, mientras que Marcus Thuram es el complemento perfecto para el “Toro”. Sin embargo, para que el funcionamiento sea completo están los actores silenciosos, aquellos que parecen pasar desapercibidos al lado de esos apellidos -y otros pesados-, pero son tan (o más) esenciales. Ahí están Fabián Ruiz en el medio campo de PSG y Denzel Dumfries en el carrilero derecho Nerazzurri. Sus historias, más allá de matices, tienen mucho que ver con la lucha y búsqueda desde muy abajo.
Para empezar, apenas 15 días de vida los separan. Ambos arianos, el volante español nació el 3 de abril de 1996, mientras que el defensor neerlandés lo hizo el 18 del mismo año. Ruiz es un zurdo exquisito; Dumfries, un diestro en modo “tractor” que viaja por toda la banda. Sus recorridos se acercaron en ciertos puntos, pero las diferencias que siempre existen también hacen al relato: las urgencias familiares no resultaban idénticas cuando eran niños, mientras que las oportunidades que luego surgieron en medio de sendos sueños por ser profesionales, tampoco.
Fabián Ruiz nació en Sevilla, en el municipio de Los Palacios y Villafranca e inmerso en un contexto familiar muy humilde. Chari, su madre, debió sacar adelante su vida y la de sus tres hijos: cuando el mediocampista tenía 12 años, sus padres se separaron. “La pasamos mal económicamente”, contó hace menos de un año. En esos difíciles momentos no era consciente de las corridas de su progenitora, que se ocupaba de la casa y la educación de sus niños, trabajaba de lunes a domingo en el rubro de la limpieza (su único ingreso económico) y llevaba a Ruiz a entrenarse en Betis.
















