//Cambio de mando El Che García, el trotamundos que será el sucesor de Oveja Hernández en el banco de la Selección de básquet

Cambio de mando El Che García, el trotamundos que será el sucesor de Oveja Hernández en el banco de la Selección de básquet

El experimentado DT se dará el gran gusto de su carrera a los 56 años y cumplirá el sueño que le faltaba.

Hace algunos días se terminó oficialmente el ciclo de Sergio Hernández en la Selección argentina de básquetbol. Fueron seis temporadas de alto vuelo, con un equipo siempre protagonista y que, en las horas que se presumían más oscuras tras la salida de la plana mayor de la Generación Dorada, terminó consiguiendo uno de los mayores logros de la historia. Sin embargo, es tiempo de renovación. Y el hombre que se pondrá del otro lado de la línea del parquet será Néstor el Che García.

Todavía se están definiendo algunos detalles respecto a lo que será el contrato definitivo del entrenador, pero las charlas ya ocurrieron, el acuerdo entre la CAB y el coach es un hecho y en el transcurso de esta semana o más tardar a principios de la próxima, todo debería estar resuelto para el anuncio formal.

El final del camino de Oveja parecía marcado desde diciembre de 2019, cuando Federico Susbielles, por entonces titular de la Confederación Argentina de Básquetbol, debía bajarse de la elección por no contar con los delegados necesarios para presentarse a la contienda electoral. Así fue que asumió Fabián Borro, hasta entonces presidente de la Asociación de Clubes, y las cartas quedaron echadas.

Porque Hernández había sido uno de los primeros defensores de la gestión Susbielles y no había dudado a la hora de apoyarlo públicamente cuando se presumía que habría una elección.

Más allá de esas diferencias, tanto entrenador como dirigencia tuvieron la sensatez y madurez para colaborar entre sí y llevar adelante una relación respetuosa y en buenos términos. Uno de los mayores ejemplos de esto fue la decisión de Borro de aceptar una gira previa a los Juegos Olímpicos por Estados Unidos, como querían el coach y los jugadores, en detrimento de un paso por España que representaría mayores beneficios económicos para una golpeada institución.

Eventualmente, Hernández decidiría que el camino recorrido era suficiente. Si bien lo rumiaba desde aquel “no necesitado” acto eleccionario, también su desgaste personal y el haber tocado, una vez más, las puertas de lo más alto del mundo lo llevaron a tomar la decisión, dificultades incluidas en el último tiempo por cuestiones personales cuando dirigió en España y volvió para estar cerca de la familia.

Néstor García y Sergio Hernández, en un Peñarol-Atenas de 2012. Foto Fabián Gastiarena

Néstor García y Sergio Hernández, en un Peñarol-Atenas de 2012. Foto Fabián Gastiarena

Al presidente actual no le costó mucho encaminar la sucesión: tiene debilidad por el Che, un entrenador con el que mantiene una estupenda relación (de hecho, el titular de la CAB incluso ha ido a visitar al DT a España en su momento), lo cual no es menor para el mayor directivo que tiene por estos tiempos el básquet nacional. Es la posibilidad de empezar a agrandar un equipo de trabajo con el que tenga total comunión sin resignar credibilidad por ello.

Verborrágico, eléctrico, exterioriza la pasión que le provoca dirigir como pocos y contagia a propios y extraños pero además, y sobre todo, García tiene pergaminos de sobra para ser el entrenador de la Selección. Y después de más de tres décadas de trayectoria, el gran anhelo de su vida profesional se le aparece en el horizonte.

Fue asistente de Julio Lamas en el Preolímpico 2011 y estuvo al frente del plantel que salió campeón del Sudamericano 2012, pero esta será su primera vez como head coach del seleccionado mayor.

La Selección está en mis sueños; ahí es donde la proyecto. En la realidad, pienso en todo lo que es a corto plazo y posible. Eso te genera una credibilidad y una confianza para llegar al medio plazo. Recién ahí te reinventás y proyectás a largo plazo”, le decía a Clarín a principios de 2018.

Ahora le llega su gran oportunidad después de comenzar su carrera a los 23 años en Puerto Rico como parte del staff del reconocido entrenador de aquel país Julio Toro y de trabajar en nueve países: el mencionado Puerto Rico, Argentina, Uruguay, Arabia Saudita, Venezuela, México, Brasil, España y República Dominicana.

Filosofía de vida

El Che García, viviendo un partido a su estilo. Foto DPA

El Che García, viviendo un partido a su estilo. Foto DPA

“Creer en los imposibles es mi manera de vivir”. Así se definió el Che ante este medio cuando llevaba al Fuenlabrada español a vivir poco menos que un cuento de hadas.

“Después de 28 años entrenando en ocho países distintos, sé que se puede jugar de muchas maneras y en la cancha todo se puede dar. Después, a la larga el deporte te acomoda donde tenés que estar, pero siempre te da la posibilidad de competir de igual a igual”, aseguraba. Otra declaración de principios que vaya si le cabe a una Selección argentina que hizo del competir contra (y vencer a) rivales a priori superiores casi un modo de vida.

Para el Che hay mucho de eso que durante 25 años pregonó Scola y adoptó cada uno de los seleccionados nacionales: la aceptación de que el destino de un partido es una consecuencia que no se puede controlar y la importancia de lograr la mejor versión propia como factor determinante del éxito: “Yo creo en ser competitivo, que es no tener miedo a ganar ni a perder, estés donde estés. Yo doy todo y el resultado después depende de muchas cosas. Vos tenés que irte tranquilo de que diste lo mejor. Baso toda mi vida en eso”.

¿Qué puede esperarse de la Selección, entonces? Por ahí pasará tal vez una de las cuestiones más interesantes para desgranar respecto a lo que ha venido sucediendo. Argentina siempre se ha hecho fuerte desde la defensa y esa es una premisa que a García le cae como anillo al dedo.

Sin embargo en el ataque, y ante equipos a priori con mayor poderío, mientras la Selección de Oveja igualmente apostaba a un palo por palo bajo el “7 segundos o menos” que popularizaron hace tiempo Mike D’Antoni y los Phoenix Suns en la NBA, con posesiones rápidas para castigar tanto como fuese posible en transición, los equipos del Che (se insiste, siempre hablando de jugar ante rivales superiores en los papeles) suelen apostar precisamente a lo contrario: jugar con un ritmo muy bajo y dejar correr el reloj tanto como se pueda. En este caso, de todos modos, debe hacerse una salvedad: solía hacerlo con un personal de menores recursos jerárquicos que el que, en teoría, tendrá como seleccionador albiceleste.

Néstor García y la gesticulación, a la orden del día. Foto EFE

Néstor García y la gesticulación, a la orden del día. Foto EFE

Es un interesante desafío, pero también lejano, porque salvo en Mundiales o Juegos Olímpicos, Argentina en el continente (donde jugará al menos hasta 2023) siempre tendrá la pilcha de favorito, por lo que puede presumirse que el estilo ofensivo en estos casos estará más orientado a imponer las condiciones desde un goleo alto.

El tiempo juega a favor para descubrir el estilo que mejor se adapte y lo interesante es que el Che es un entrenador camaleónico y que probablemente buscará que el equipo tenga un plan B y también hasta un C. Claro que allí se encontrará con las mismas dificultades geográficas que debió sortear su predecesor: recién se medirá con potencias cuando lleguen los grandes torneos.

Hay algo, de cualquier manera, que Néstor García tiene claro. “Hay cosas que no son para uno; disimularlo te hace lucir mejor. En eso soy durísimo con mis jugadores: ‘Esto no, no y no’. Es clave conocer la diferencia entre los jugadores a entrenar y los jugadores a adiestrar: los primeros son los que tienen un bagaje mejor; los segundos, en su rol son únicos. Con un jugador podés intentar algo que no hará nunca o podés perfeccionar lo que tiene y convertirlo en un especialista. Conocer las propias limitaciones es vital para que uno produzca”.

Ser un tipo “de la vieja guardia” no exime al entrenador de haber incorporado cuestiones muy necesarias para el deporte de los tiempos que corren. Por caso, desde 2011 hace terapia con Elina, una psicóloga que, asegura, lo ha ayudado muchísimo. Y él mismo le recomendó a varios de sus jugadores contactar con terapeutas en distintos momentos de sus carreras.

Del mismo modo, intenta asesorarse permanentemente con periodistas de su confianza respecto a cómo encarar las atenciones a los medios o cómo elaborar tal o cual frase. “Uno es conductor de grupo y una actitud en un minuto y medio de entrevista puede marcarte para toda tu carrera”, asegura. Al detalle en todos los aspectos.

Satisfacción garantizada

El Che con el trofeo de campeón del FIBA Américas 2015. Foto REUTERS/Henry Romero

El Che con el trofeo de campeón del FIBA Américas 2015. Foto REUTERS/Henry Romero

Más allá de que por una cuestión de gustos o continuidad de estilos buena parte del ambiente, incluidos muchos jugadores de la Selección, querían que el elegido saliera del equipo de trabajo que había acompañado a Hernández hasta Tokio (más precisamente que fuese Silvio Santandernadie discutirá la elección del Che.

En el país supo ser campeón de la Liga Nacional con Peñarol (1994) y del Súper 20 con San Lorenzo (2020), temporada esta última en la que volvió al país, además de haber sido subcampeón de la Liga con Boca en 1998.

Fronteras afuera le fue incluso mejor: ganó títulos en UruguayVenezuelaPuerto Rico, desde ligas nacionales o Sudamericanos de clubes hasta la Liga de las Américas (actual Champions League Americas) que consiguió con el venezolano Guaros de Lara. Y siempre se destacó por llevar a ciertos equipos a rendir mucho más por arriba de sus potenciales posibilidades.

Fue con la selección venezolana con la que logró tal vez sus mayores gestas. Ganó el primer FIBA Américas de la historia del país en México 2015, cuando superó en la final a la Argentina de Hernández, pero antes de levantar el trofeo contra el equipo que ahora dirigirá venció a una Canadá que tenía 9 jugadores de la NBA en su plantel y era máxima favorita del certamen, ganándose así el boleto a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Pero también conquistó con ese equipo dos Sudamericanos, nada menos que contra las potencias continentales: los de 2014, ante el propio seleccionado albiceleste, y 2016, frente a Brasil. Esos títulos consecutivos son dos de los tres que tiene la Vinotinto en toda la historia del torneo, que se juega desde 1930.

Después de despedirse de Venezuela se embarcó en su primera gran ambición: el básquetbol europeo. Y una vez más dio la talla, demostrando que no solo es ganador sino que también es un excelso gestor incluso con menores recursos, algo valioso pensando que tomará un equipo que deberá lidiar con la salida del último bastión de la Generación DoradaLuis Scola.

El Che García en un entrenamiento con Walter Herrmann en su etapa en la Selección. Foto DYN

El Che García en un entrenamiento con Walter Herrmann en su etapa en la Selección. Foto DYN

En España dirigió al mencionado Fuenlabrada, un humilde club que apostaba a no descender, y lo convirtió en sensación, clasificándolo como cabeza de serie a la Copa del Rey, el certamen que juegan los mejores ocho equipos de la primera mitad de la temporada en la Liga ACB.

Y luego, una hazaña más: meter a República Dominicana, con apenas seis meses de trabajo, en la segunda fase del Mundial de China 2019 tras vencer a Alemania, equipo que sin ir más lejos sería cuartofinalista dos años más tarde en el reciente torneo olímpico de Tokio.

Pocos meses después, volvió a Argentina para liderar al título del mencionado Súper 20 al gran club argentino de estos tiempos, San Lorenzo. Ahora dará el paso más grande de su trayectoria: será el DT de la Selección.