La semifinalista de Roland Garros 2020 se desbarrancó por una molesta lesión y ahora se reconstruye para volver a ser. «Tengo que romperme el lomo de nuevo», le dijo a Clarín.
Empezar de nuevo. Ese el desafío que encara desde hace varios meses Nadia Podoroska. La tenista rosarina tuvo en 2020 una temporada de ensueño, en la que llegó a las semifinales de Roland Garros y fue premiada como la Revelación del año por la WTA. Y el año pasado alcanzó el 36° escalón del ranking, su mejor posición. Pero en su mejor momento, una lesión que al principio le costó identificar le causó muchos dolores de cabeza.
Una tendinopatía proximal de los isquiosurales de su pierna derecha frenó su ascenso y la obligó a tomarse un largo descanso del circuito: no jugó desde agosto de 2021 hasta junio de 2022. Esa larga inactividad la dejó frente a un escenario parecido al que había enfrentado en sus primeros años como profesional y ante la necesidad de empezar desde abajo.
«Es como arrancar de cero otra vez. Con mucha experiencia en la mochila y más madurez de la que tenía cuando empecé a jugar, pero haciendo exactamente el mismo proceso y el mismo trabajo que cuando tenía 20 años y estaba 200° del mundo, casi como estoy ahora», resumió la Peque, 195ª del ranking , en el arranque de una charla con Clarín en un rincón del Buenos Aires Lawn Tennis.
-Tu experiencia y saber que tenés el tenis y la capacidad para estar entre las mejores del mundo, ¿es algo positivo en esta etapa o te hace querer llegar más rápido y te genera ansiedad?
-Un poco de las dos cosas. Apenas volví a competir, estaba jugando el nivel más alto de estos meses y sentía muchísimo la ansiedad de volver a ser, de volver a estar. Hoy también la siento, porque ya conociendo el camino y habiendo tenido esa experiencia, una quiere descansar en eso. Pero la realidad es que es una incertidumbre total, porque haber llegado una vez, haber tocado ese ranking, no te garantiza absolutamente nada. Entonces trato de tomarlo como una experiencia que tuve, que fue muy buena para mí y que me demuestra que soy capaz de hacerlo, algo que nunca sabés cuando sos chica y estás empezando. Pero al mismo tiempo sé que tengo que romperme el lomo de nuevo.

-¿Te costó manejar esas ganas de querer avanzar más rápido de lo que podías?
-Fue difícil. Lo hablé muchísimo con mi ex equipo, del que me separé a principios de noviembre, y lo trabajo con mi coach mental. Es un proceso que estoy atravesando. Por momentos lo puedo ver más claro, por momentos no… Estoy en el medio. La confianza y la salud mental son fundamentales en el tenis, porque nos exponemos a situaciones bastante complicadas. Por eso siempre me gusta tener un equipo muy contenedor, para sentirme libre a la hora de expresar mis sentimientos. De chiquita me costaba muchísimo decir lo que sentía, lo que pensaba. Creo que en lo que más maduré fue en ese aspecto: poder confiar en el afuera, en el equipo, y expresar lo que me pasa sin miedo a que me juzguen.
Podoroska cerró su 2022 en el Argentina Open, un torneo de categoría WTA 125 (equivalente a los challengers masculinos), que marcó un nuevo paso en su camino para «volver a ser». Un camino que había empezado a transitar en junio, cuando perdió en la segunda ronda de la clasificación de Wimbledon, el primer certamen oficial que jugó después de diez meses de inactividad.
Desde entonces, fue alternando torneos del ITF World Tour (llegó a la final en uno en Gran Canaria, España, en agosto), la WTA 125 Series y el circuito WTA, en el que su mejor resultado fue la semifinal en el 250 de Chennai, en septiembre. Tuvo muchos altibajos y fue consciente de eso, pero no se desanimó.
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