Pocos recuerdan que el ciclo de Martín Demichelis en River empezó con un cimbronazo: la lesión de Matías Kranevitter, uno de los refuerzos más deseados, en un amistoso con Unión La Calera, de Chile, a fines de diciembre pasado. El entrenador dio la primera muestra de que estaba preparado para el desafío que su joven carrera le ponía por delante. Cuentan los más cercanos que el temple que mostró con el futbolista, el plantel y hasta con los dirigentes, puertas adentro, quedó como una garantía de durabilidad. Algo se notó.
En la mala, demasiado rápida para un ciclo incipiente, Demichelis, el líder dio la primera muestra de esa convicción indispensable para salir adelante después del ciclo más querido y ganador, como fue el de Marcelo Gallardo. Nada fácil, por cierto. Sobre todo por las dudas que aparecía sobre su figura y que el mismo Demichelis explicó en una entrevista con LA NACION.
Eran momentos de incertidumbre. Se pedía paciencia. River hizo algo bien: rechazó las comparaciones. Cerró un capítulo y, más allá de la nostalgia, se entregó a una aventura de las más difíciles, como lo fue mantener el afán competitivo luego de ocho años dentro de un cuento irrepetible. Construyó sobre lo ya hecho. No desparramó por el suelo las fichas de un manotazo. Ahí tuvo una gran ventaja y entregó un mensaje superador, incluso, para otros ámbitos de la vida. ¿Político? Seguramente. Hoy, en un 2023 de elecciones nacionales, las grietas avanzan no sólo entre adversarios, sino entre los mismos correligionarios. Así será duro progresar. Prácticamente imposible.
Martín Demichelis y cómo manejar un grupo
A propósito de lo sucedido hoy con Paolo Guerrero en Racing, Martín Demichelis explicaba post triunfo vs Instituto, la difícil tarea que tienen los entrenadores para gestionar las emociones de los jugadores que tienen menos minutos.
A la semana rotaba todo el equipo en Barracas. pic.twitter.com/Fi4ADnWJ1D— Fabian De Cesare (@FabianDeCesare) July 6, 2023

















