Alejandro Garrahan siempre llamó la atención por su inusual potencia; fue campeón del Abierto con Indios Chapaleufú, se codeó con la realeza y hasta le cortó la cara por un bochazo… ¡a su padre!
Apacible tarde de un sábado de noviembre de los años ochenta. Aproximadamente a las cuatro de la tarde. El hombre se despierta de una siesta corta, se prepara un café y se siente en el sofá, a terminar de leer el diario. Su vista es privilegiada: el balcón da a la cancha 1 del Campo Argentino de Polo, en Palermo. Va pasando las páginas del sábana, llega a Deportes y casi que se atraganta cuando lee la programación del día del Abierto de Palermo, el torneo más importante del mundo. Sale eyectado del asiento y empieza a bajar las persianas del amplio ventanal. La mujer le pregunta qué hace, por qué reniega intempestivamente de la luz natural. Le muestra el diario y le dice: “Juega Nueva Escocia. Juega Garrahan. ¿Entendés?”.
La anécdota, risueña y de matices reales, no proviene de una historieta de ciencia ficción. Alejandro Garrahan es “El Grandote”. Simplemente Alex. Con el tiempo, se transformaría en “El Bombardero”. El hombre que más fuerte le pegó a una bocha de polo, que rompía vidrios de departamentos vecinos en la cancha 1 de Palermo o que convertía goles de media cancha (tienen 275 metros de largo). Garrahan hacía volar la bocha como nadie y hasta tenía sus propios seguidores. Como una vez, antes de un partido de Chapaleufú, nos cruzamos con un aficionado casual que no era de ir seguido a ver encuentros, pero sí tenía una rutina. “Vengo sólo cuando juega Alex. Me divierto viendo cómo le pega a la pelota. Me encanta ese sonido y ver la bocha como si fuese una pelotita de golf”.
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El hombre que atormentaba a los rivales también. Como siempre recuerda Ernesto Trotz, back de La Espadaña, cuando enfrentaba a Indios Chapaleufú en el clásico. “Pfff, lo que le pegaba el tipo. ¿Sabés lo que eran los penales de media cancha en Palermo? Yo estaba de espaldas, tomando a Marcos Heguy y Alex le levantaba por las nubes. ¡Y yo con sol en contra! La bocha te caía en la puerta del arco. !Era un martirio!”.
Hijo de Tomás Garrahan y de Cora Cardoner, y el mayor de cuatro hermanos (Eduardo, Marina y Marcos lo siguieron), Alex nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 13 de junio de 1946. Estudiaba con una maestra particular en la localidad de Abbott y cuando terminó quinto grado entró de pupilo en el colegio de Hermanos Maristas de Luján, donde estuvo hasta quinto año. En ese entonces practicaba otros deportes: sóftbol y fútbol. De wing derecho. Incluso, cuando decidió estudiar Agronomía, trabajaba en una estancia que estaba entre Colón y Venado Tuerto: Santa Juana. Allí había un equipo de fútbol que integraba Garrahan.
-¿Ya eras grandote?
-Sí. Nunca pude sentirme bien si bajaba de los 100 kilos. A los 17 años ya estaba cerquita de ese peso. Nací con 4,800 kilos. Siempre fui pesado. Y de 1,90m de altura. La verdad es que tengo huesos muy grandes, las muñecas también. Para jugar al polo tenía que hacer especiales los grips de los tacos porque tenía las manos bastante más grandes que las normales.
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-¿Y cuándo fue la primera vez que le pegaste a la bocha y la viste volar demasiado lejos? ¿Qué edad tenías?
-Taqueábamos en el campo cuando volvía del colegio. Ponele a los 11, 12 años. Yo me daba cuenta de que le pegaba más fuerte que todos mis primos: los Pieres, los Mac Donough, los Buchanan. Otro que le pegaba fuerte era Juni Crotto. Era otra época, se jugaba más sencillo. Pero sí, siempre le pegaba más fuerte que los primos.
En Lobos estaban todos los primos, de madre Garrahan. Todos andaban mucho a caballo. De hecho, Alex iba todos los días montando hasta la casa de su maestra. Y los veranos eran especiales, bien familiares. Cree que esa época les brindó una sensibilidad única con el animal. “Te da una ventaja sentir eso. Supongo que lo mismo que sentirá un piloto de moto, un piloto de Fórmula 1, cuando corre todo el tiempo”, apunta.
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Garrahan, hoy con 77 años, casado con Agnes y con tres hijos (Martín, Patricio y Julia), tuvo una extensa carrera en el polo de alto handicap, aunque llegó grande al nivel de elite: en Palermo debutó en 1981, con el Jockey Club, a los 35. Pasó luego por Nueva Escocia, con el Gordo Moore, Ezequiel Fernández Guerrico y el Negro Carlos Jáuregui. Hasta que a fines de abril de 1986, en la cancha 2 de Palermo…
“Yo acababa de ganar la final del Intercolegial con Champagnat A. Lo veo venir al viejo con una sonrisa enorme y pensé: ‘Mirá vos qué contento que se puso’. Y ahí me cuenta que, sentados ambos en la tribuna mirando mi partido, Horacio Heguy le había ofrecido jugar con sus tres hijos en Indios Chapaleufú. Y se dio el gusto de levantar el trofeo más importante ese mismo diciembre, a los 40 años, con Marcos, Gonzalo y Horacito. Creo que hasta ahí nunca había ganado un partido en Palermo. ¡Y ganó cuatro seguidos para ser campeón, con aquel golazo de Marcos en la Marsellesa!”, rememora Patricio Garrahan, uno de los hijos del Grandote. Fue la etapa previa a que se constituyera la alineación de los cuatro hermanos Heguy, cuando fue reemplazado por Bautista, el menor de la familia.
Con Garrahan como back, la posición en la que se desenvolvió, Chapaleufú construyó la primera etapa de su ciclo exitoso. Y protagonizó recordados duelos con La Espadaña, equipo en el que jugaban dos de sus primos de aquellos tiempos de chico en Lobos: Alfonso y Gonzalo Pieres.
Así le pegaba “El Bombardero”
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El Bombardero Garrahan en acción
Pero el tema era la pegada de Garrahan. La bocha que volaba unas 150 yardas. Que despegaba casi como un avión, tomaba altura y aterrizaba a distancias impensadas. Incomparables. Marcas inalcanzables para sus colegas.
-¿Cómo era eso de jugar con 100 kilos encima y pegarle de esa manera?
-Son condiciones que más o menos las tenés medio de nacimiento. Siempre fui un poco grande. Te dije lo de los 100 kilos. Bueno, por un lado, para pegarle a la bocha era una ventaja, pero yo daba mucho handicap con los caballos, ¿entendés? O sea, tenía que jugar de una manera determinada. Pero lo de la bocha, lo de pegarle fuerte, a mí me salía bastante innato. No era demasiado habilidoso con la bocha como lo son ahora, pero yo con una bocha parada sobre todo, me tenía mucha confianza. Tenía mucho timing. A veces hay caballos que te ayudan o no, pero tiene que ver mucho el timing para llegar a la bocha y aprovechar toda tu potencia y con el peso del caballo por atrás. Es un poco el mismo sistema de los boxeadores, que cuando tiran la trompada atrás va todo el peso del cuerpo, lo que evidentemente aumenta la potencia. A algunos les sale más fácil y a otros no.
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-A diferencia de lo que se ve ahora, vos eras más de pegar directo, de salir del fondo de un solo golpe.
-Exacto,. yo nunca tocaba la pelota, la sacaba de un palo porque me sentía más confiado para mandarla al lugar que yo quería. Los chicos Heguy protestaban porque la bocha iba un poco alta y cuando picaba, era como si le hubiera pegado con el hierro 9 en el golf: quedaba muerta. El hecho de pegar de primera a mí me permitía tirar la pelota donde ellos estaban buscándola. Hoy, todos están en movimiento la mayor parte: tocan y después pegan. Ahora prohibieron el bloqueo, pero siempre se te viene un tipo, se te pone enfrente y te tapa por lo menos el 50% de la cancha, entonces estás medio limitado adonde tirarla.
La ventaja que yo tenía era que sacaba y la persona estaba a 30 yardas, entonces era muy difícil que me pudieran tapar un saque. Y otra cosa que veo ahora es que casi no se usa más el cigarro oval, que es distinto del redondo. Es un poco más chato, entra más abajo de la pelota, por eso se levantaba tanto. Eso me servía especialmente para tirar los penales. Son cosas que te hacen la diferencia.
-¿Es fácil, una vez que automatizaste el movimiento, pegarle bien o podés caer en una racha de falta de confianza?
-Muchas veces vos estás confiado, estás concentrado, te salió la primera bien, y vas con todo para lo que sigue. Pero cuando no te sale la primera, y la segunda tampoco, ya te empezás a desconcentrar de lo que tenés que hacer. Ya no le pegás igual, no la dirigís. Hoy, igual, los chicos son más de llevar la pelota, tocándola en el aire de un lado y del otro. Es como juegan. Han quedado pocos que le peguen muy fuerte, como Alfredo Cappella Barabucci, o como en un momento era Paquito De Narváez. Pero te repito, yo no dudaba en los saques. Era pum, de primera. No quería tener un quilombo ahí cerquita del arco. Mi virtud era pegarle a la pelota parada, con los cigarros oval y tacos más pesados. Eran de 540 gramos contra los 480 de ahora. Quienes agarraban un taco mío, pensaban “¿Cómo hace para mover esto?”. Yo me sentía cómodo.
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-Me hablaste de tacos, de cigarros. Pero con tu cuerpo y tu peso, el tema de los caballos también es clave.
-Buscaba caballos que estuvieran totalmente tranquilos a la hora de pegarle. Ahora hasta hay algunos jugadores que tiran los penales caminando. Y los entrenamientos son distintos. Antes los preparabas para jugar 7 minutos, ahora están todo el tiempo en movimiento para jugar 2 minutos, 3 máximo. Tenés que manejarlo para que cuando vos le vas a pegar a la pelota esté justo apoyando la mano derecha. Para eso vos tenés que tener un caballo que sea muy controlable en la velocidad, que no venga apurado porque es muy difícil regularlo. Siempre en el training de caballos yo tenía dos o tres caballos que eran perfectos para eso.
Y después está la forma de jugar. Tener casi 100 kilos me jugaba en contra. En la época de Chapaleufú, me ayudaba mucho Horacito Heguy. Me cubría. Yo no podía entrar en todas las jugadas. Les llevaba 40 kilos a los delanteros, a Pepe Heguy, a Carlitos Gracida. Los esperaba un poco más atrás para agarrarlos. Como un líbero.
-¿Y en el golf también la hacés volar de lo lindo?
-Relativamente. No tomaba clases, jugábamos en los tiempos libres. El swing y la forma de usar el cuerpo es bastante parecida. A veces la pescaba bien, pero yo le pegaba mejor a la bocha de polo. Después, los chicos hoy, son impresionantes con el golf. La matan. Nicolás Pieres hasta fue tentado para pasarse de deporte de lo bien que juega. Ellos aprendieron más de chicos.
Ahora, es increíble lo del golf. Viste que es un juego que tiene una pelotita que está parada, nadie que te incomode, y hay un tipo que un día hace 8 bajo el par y al siguiente se despacha con un 7 arriba del par. Es un problema pura y exclusivamente de concentración. Es muy importante la concentración para que vos puedas repetir los movimientos, la rutina exacta del movimiento, el swing y estar metido en el golpe. Cuando te salen dos cosas mal, te distraés y perdés la concentración. La diferencia con el polo es que nosotros, además, hacemos todo eso arriba de un caballo. O sea que la combinación es importante.
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Durante su carrera, Garrahan entabló una relación muy cercana con uno de los grandes personajes del polo, el revolucionario que cambió todo a partir de la comercialización de caballos y del desarrollo del profesionalismo: el Gordo Eduardo Moore. “Al Gordo no le importaba jugar el Abierto. Viste que nosotros siempre tratábamos de tener los mejores caballos acá para poder ganar y después conseguir buenos contratos profesionales afuera. Bueno, Moore buscaba siempre estar a pleno en Inglaterra. Jugaba en Argentina, sí, pero para él la prioridad era Inglaterra. Allá siempre fue Gardel. Lo que Juancarlitos Harriott era en Argentina, el Gordo lo era en Gran Bretaña. Una personalidad como no te podés imaginar”, contó Alex.
Jugaron juntos el alto handicap por Nueva Escocia tres temporadas (1983 al 85) y viajaron por el mundo. A pesar de ser un personaje muy sociable, sobre todo en Inglaterra, cuando estaba en la Argentina no le gustaba asistir a eventos. Aunque hubo uno muy especial… Fue el viernes 13 de junio de 1986. Garrahan cumplía 40 años y lo celebraba en Stud Book, en el centro porteño. Alex tuvo que hacer un trabajo fino para convencerlo. “¡Lo que me costó! Le insistí tanto que al final me dice: ‘Voy con una condición. Que me sientes de un lado a Willy (Fiorito) y del otro a Pilo (Fernández Guerrico)’. Vino, estuvo ahí sentado entre sus dos grandes amigos. La pasó bien. Fue justo una semana antes de que me llamaran cuando estaba por jugar un partido en La Espadaña, en Lobos, para contarme la noticia…”. La noticia no era buena: el Gordo, en medio de una profunda depresión y a los 44 años, se había quitado la vida en Carlos Casares, su lugar en el mundo.
“Quizá por su personalidad, el Gordo no alcanzó la trascendencia que realmente tuvo en el polo mundial. En Inglaterra lo único que le faltó es que le pusieran Lord. Tenía un don especial para estar comunicado con la gente, para abrir mercados. No se ha profundizado en lo que fue su vida porque no se exponía públicamente. No era una persona famosa, como la exposición que tienen hoy las grandes figuras del polo”, redondea Garrahan.
También con Moore, Garrahan conoció Brunei, un mercado diferente, un mundo casi irreal, a partir de la relación de muchos polistas con el sultán de Brunei. Todo empezó en 1975, cuando el Gordo Moore y el Gordo Héctor Barrantes cumplieron en pocos días con un pedido “irrealizable”: llenar un Jumbo con caballos de polo. ¡Fueron 116 en total! Casi de película.
“Comparado con todo lo que conocíamos, era muy distinto. Llegabas y era como que no podías creer que existiera. Ya que pidieran 100 caballos de un saque no era normal. De una magnitud incomparable con cualquier cosa en el mundo. Tenían adicción por los personajes”, contó Garrahan, el hombre que más cerca estuvo de Hassanal Bolkiah, el sultán, durante casi una década. Al punto de que taqueaba con él día por medio, mientras el resto jugaba prácticas más intensas. A Garrahan (a cualquiera, en rigor) le costaba comprender cómo un día cualquiera, en el hotel, tomando café, podía toparse con… ¡Michael Schumacher! Sí, el alemán, el séptuple campeón de Fórmula 1 en Benetton y Ferrari. O con el escocés Jackie Stewart, tricampeón mundial con Matra y Tyrrell. O con el inglés Nick Faldo, ganador de seis Majors y número 1 entre 1990 y 1994.
El lugar donde se había diseñado una cancha de golf iluminada en virtud de las altas temperaturas y donde los boxes de los caballos tenían… aire acondicionado. “Brunei está casi a la altura del ecuador. Puede hacer 30 grados, pero la humedad es impresionante. Los caballos no pueden estar a la intemperie por el clima, y además hay prácticas todos los días. El caballo es un animal de clima frío y seco. Este lugar es caluroso y húmedo. El caballo que va de esta zona necesita un mes dentro del box con aire para adaptarse, para así poder sudar. Allí sufren el dry hot. Si un caballo no suda, que es la forma de respirar de ellos, se agitan, no eliminan toxinas y se mueren. Tenían que estar preparados”, explicó Garrahan.
¿Otra anécdota de Brunei? El sultán sabía de la fama de Garrahan y en uno de los viajes también estaba en la isla un golfista de Tailandia. Entonces, el sultán le comentó de la potencia del “Bombardero” y les propuso un duelo: pegarle ambos a una pelotita de golf. El profesional tomó su drive y le dio duro: la dejó en la entrada de un monte. Garrahan, en una acción inusual, le tenía que pegar desde arriba del caballo. En el primer intento no pudo pegarle por falta de costumbre. En el segundo…la pelotita de golf pasó de aire el monte. Nunca visto.
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Muchas veces, durante los partidos de alto handicap, vemos como la pelota vuela 100 yardas. Son otros tiempos, otros tacos, bochas de plástico. Y además se juega otro tipo de polo, más de posesión y de combinaciones en corta distancia. El palo largo no es frecuente. Sólo en algunas salidas de fondo, a dos toques, o en los penales de 60 yardas y los córners, puede contemplarse quiénes le pegan fuerte-fuerte. Ahora bien, romper ventajas de un sexto piso o convertir de mitad de cancha, eso sólo está en manos de “El Bombardero”.
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-El tema de los goles que has hecho de lejos, muchos creen que se trata de un mito. Lo de la ventana del edificio que da a la cancha 1 de Palermo…
-Sí, eso fue un penal de 40 yardas, me acuerdo perfecto. Jugando por Nueva Escocia contra Mar del Plata, en 1983. Le pegó al vidrio del sexto piso, contra el marco, arriba. Vimos clarito que estaba el agujero y se había metido la bocha. En el chukker siguiente, volvimos a la cancha y se había derrumbado todo el marco. Después apareció la gente del departamento, que le reclamó a la Asociación Argentina de Polo para que les pagaran el vidrio. Como medida de prevención, pusieron un tejido, pero vos fijate que hay algunos bochazos que todavía pasan por arriba del tejido, siempre cuando se tira de cerca, de 40 yardas. Pero bueno, veían todos los partidos gratis, se llenaba el balcón. Algo tenían que pagar, jajaja.
-Y después, me acuerdo de un cuento sobre un gol de cogote casi de mitad de cancha.
-Sí, sí. Eso fue en Estados Unidos. Año 84, en la cancha 2 de Wellington, de Palm Beach. Ya se jugaba polo con patrones. Tenía que tratar de conservar todo lo posible la bocha y de no perderla. En una jugada, voy a la tabla contra una tribuna que había y me doy vuelta con un caballo que se llamaba Mate Amargo. Salgo medio en diagonal desde ahí para la mitad de la cancha y bueno, no es que le tiré al arco, seamos honestos. Le metí un cogotazo de ahí y agarré justo en el aire a la bocha. Y sí, entró.
-¿Picando o entró de aire?
-Picó 3 metros antes del arco y entró. La ventaja es que al ir por el aire hubo menos chances de que la pararan. La bocha ayudó también. Se estaban probando unas especiales. Después del accidente de Horacito Heguy, en 1995 (NdR: un bochazo motivó que perdiera el ojo derecho) se cambiaron, se empezó a trabajar con otras aleaciones de plástico para que la bocha no se achicara. O le pedías al referí que te diera una usada, que ya estaba compactada y era una bala. Me acuerdo que fui a jugar a Colombia, con 2800 metros de altura en Bogotá, y metí 4 o 5 goles de media cancha. Era tremendo. Volaba mucho.
-En algún momento, cuando le ibas a pegar a la pelota, ¿te daba temor de impactarle a un rival?
-Y, te daba un poco de cosa. Tuve un par de episodios que… Uno fue con mi viejo, jugando en una estancia cerca de 25 de Mayo. Él quería que le pegara de primera. Y justo se dio vuelta. Le pegué en la cara. Lo corté todo. Y después, en otro partido en Guardia del Monte. Pegué un backhander y le dio a una polista francesa que jugaba bastante acá, Federica Darragón. Le volaron cuatro dientes.
-Con los garrotazos que pegabas, ¿algún otro te impresionó en todo este tiempo?
-Ja, en la fiesta de la Asociación por el centenario, con el desfile de carruajes, me encontré con Alfredito Harriott, gloria de Coronel Suárez. Hablábamos de esto precisamente. Y me dijo: “Pero ni lo dudes, te lo garantizo, no hay nadie que le haya pegado a la bocha como le pegaste vos”. A ver, Alfredo Cappella le da fuerte. Pero me impresionaba Paquito de Narváez porque le daba con medio swing. Tal vez la pelota no volaba muy alto, pero sí tomaba gran velocidad. Igual que la de Bautista Heguy. Cappella le da muy muy fuerte, pero por ahí con menos control. Tiene 80 y pico de kilos y usa bien el cuerpo. Pero De Narváez me impresionaba porque no daba todo el giro con el taco como hacemos nosotros. En el golf, fíjate que a cada rato te miden la velocidad del drive, no tanto la distancia que alcanzan. Es una combinación de velocidad y potencia. Pero tiene que tener un impacto justo, si no sale para los costados.
Se despide Garrahan, no sin antes apelar a un recuerdo. “Te cuento una anécdota. Jugaba con Geoffrey Kent, de Rolex, en Palm Beach. Antes de un partido, viene y me dice: ‘Te quiero presentar un amigo que quiere hablar con vos, quiere empezar a jugar al polo’. Quedamos para otro día. Me presenta a un tipo grandote como yo, algo más gordo. ‘Me dijo tu amigo Gonzalo Tanoira que vos sos el tipo que más fuerte le pega a la bocha en el mundo’. ¡Me hizo 50 mil preguntas! Me llamó la atención una: ‘¿Qué tacos usás?’ Le dije ‘Son así, con cigarro oval. Todos son 50. Ahora todos usan 52, porque te adaptás a tu cuerpo. Reconozco que tengo el brazo un poco más largo que los demás, pero te adaptás a pegar como mejor podés hacerlo.
“Entonces, este señor me pregunta: ‘¿Y dónde te hacés los tacos?’. Le respondo que en la Casa Villamil. Imaginate que nadie compraba más de cinco tacos. Acto seguido, me pide: ‘Encargame 150 tacos. 100 como los tuyos y 50 con el ángulo de la caña más cerrado’. Entonces me explica: ‘Nosotros, que somos grandes y tenemos caballos más anchos, vamos a pegar más lejos del caballo’. ¡No era ningún boludo! ¡Era Kerry Packer! Estaba naciendo su historia con el polo argentino jugando con Tanoira”.
Fuente:
Claudio Cerviño LA NACION – Fotos: Gentileza Marcos Heguy – LA NACION Deportes
















