El argentino, que desde que asomó como profesional usa al serbio como referencia, jugo un gran primer set y puso en aprietos al serbio, que al final festejó por 7-6 (7-5) y 6-2.
Tomás Etcheverry cumplió un gran sueño en la segunda ronda del Masters 1000 de Roma: jugar contra Novak Djokovic. Fue, además, su primera vez ante un top ten y, obviamente, su primera ante un número del mundo. ¿Por qué es especial el serbio? Porque es el jugador que eligió como referencia desde el día que ganó su primer punto como profesional. La historia terminó en derrota. Pero lejos estuvo de ser un cachetazo. El platense, 61° del ranking, mostró mucho de su muy buen tenis y le dio pelea a su encumbrado rival que sobrevivió un primer set muy reñido y luego puso velocidad crucero para avanzar en el Foro Itálico. Fue 7-6 (5) y 6-2 en poco menos de dos horas de juego.
Etcheverry sorprendió en el primer game al quebrar el servicio de Djokovic, que venía de una no tan larga inactividad, ya que se saltó Madrid luego de jugar en Montecarlo. El argentino ratificó la ventaja al sostener, con algo de trabajo, su saque. Recién en el tercer juego Nole pudo empezar a sumar, pero el platense siguió gestionando la ventaja para quedar 3-1 arriba en el marcador.
Enseguida, el número uno del mundo volvió a acercar diferencias y le devolvió la presión al argentino. Y siguió presionando en el turno del servicio de Etcheverry, que dilapidó tres oportunidades para cerrar el juego y, luego de una doble falta y de una bola larga, terminó cediendo su saque para que el set quedara equilibrado 3-3.
El serbio, un poco ofuscado con la excesiva cantidad de polvo de ladrillo que había en la cancha principal -obligó a los cuidadores a trabajar en los descansos-, encendió los motores. Así fue cómo sin demasiados preámbulos sostuvo su saque para pasar al frente en el marcador por primera vez en la tarde romana.
Sin embargo, lejos de apagarse, el argentino reseteó su cabeza y volvió a sostener su servicio para poner la chapa cuatro juegos por lado. Dispuesto a no regalarle nada al europeo, Tommy respondía con seguridad al palo a palo que le proponía su adversario, quien a la larga hizo pesar su mayor consistencia para volver a adelantarse en la chapa y quedar 5-4.
El décimo game colocó a Etcheverry en la cornisa. Un error no forzado le hizo correr desde atrás, pero un ace sirvió para equilibrar la historia. Por un rato. Es que otro error del argentino y un revés paralelo de Nole le entregaron dos sets points. Los desactivó Etcheverry con dos muy buenos primeros saques. Una bola ancha de Djokovic y un dropshot que cerró con una volea lo ayudaron para ponerse 5-5.
Lejos de desmoronarse por las ocasiones perdidas, el serbio volvió a adelantarse en el marcador para quedar 6-5 y devolverle la presión al argentino con un game de saque casi perfecto.
En ese contexto, Etcheverry tuvo el servicio para llevar el primer capítulo al serbio y cumplió con su cometido. Se puso rápido 40-0, no pudo desactivar una devolución majestuosa de su rival, pero un smash después de una corrida hacia la red, le permitió llevar el set inicial al desempate.
Arrancó bien la historia para el argentino con un mini quiebre. Y siguió mejor con un ace a la T -el tercero del parcial-. Ni qué hablar cuando contuvo los embates de Djokovic hasta que el máximo ganador de Grand Slams la tiró ancha otra vez. Tres a cero y sorpresa en el Foro Itálico.
La seguidilla se cortó con un buen servicio de Nole que le facilitó todo y, acto seguido, con un buen ángulo que sacó de la cancha a Tommy para acercarse. Justo antes del cambio de lado, Etcheverry la tiró larga para que su rival emparejara el tiebreak.
¿Se bajoneó? Nada de eso, el argentino jugó un puntazo, aguantó y volvió a pasar al frente por 4-3. Ni que hablar cuando un revés cruzado del europeo voló y voló para que otra vez sumar un miniquiebre y quedar a dos pasos. Revivió Nole gracias a una derecha tardía que se le fue ancha, apenas, a Etcheverry.
El de Belgrado presionó y encontró su premio para ponerse 5-5. Y volvió a presionar con la devolución para llegar a su tercer set point. Esta vez, no falló. La bola se le quedó en la red al argentino y Djokovic lo cerró y respiró aliviado.
Ya en el segundo capítulo, Etcheverry comenzó con su servicio. Y el serbio, a pesar de que gesticulaba y se mostraba molesto, puso el pie en el acelerador y logró un rápido quiebre. Y ese quiebre fue ratificado por Djokovic, quien apretó las clavijas a pesar de la resistencia del argentino, quien corría todas y fallaba por nada un par de pelotas.
Afortunadamente, Tommy pudo frenar el vendaval y apoyado un par de buenos primeros servicios, logró salir de cero y quedar 2-1. Djokovic, más allá de un error tonto luego de una gran willy de urgencia del argentino, aceleró en su turno de saque y se puso 3-1. ¿Final de la historia? No, Etcheverry se volvió a aliar con su servicio para acercar los tantos. Pero fue su última bocanada.
Como es sabido, Djokovic olió sangre y salió dispuesto a cerrar la historia. Ganó su game de saque y enseguida quebró para quedar a un paso de ganar el partido. Y así lo hizo. Encontró la receta y se apegó para salir victorioso en un duelo que había comenzado muy cuesta arriba. La prueba fue el abrazo y las palabras de aprobación que le regaló al argentino una vez que concluyó el match. Seguramente se volverán a encontrar.



















