/Martín Demichelis “No podés tener unos principios un lunes y cambiarlos al lunes siguiente”

Martín Demichelis “No podés tener unos principios un lunes y cambiarlos al lunes siguiente”

Abre una ventana de su intimidad. “Hace tiempo, mi mujer me preguntó cuál era mi sueño como entrenador. Le dije: ‘Mirá, obviamente todos los técnicos competimos por ganar y me gustaría ganar títulos, pero realmente mi gran sueño es que los hinchas del equipo que esté dirigiendo llenen el estadio. Eso significará que el equipo juega bien, sino el estadio no se llena’. Eso le respondí”. Se toma una pausa Martín Demichelis, probablemente viaje a aquella escena. Entonces, vuelve: “Y ver una y otra vez el Monumental lleno, con la gente feliz, disfrutado de cómo juega River, me hace sentir pleno”. Está cerca Demichelis. Éxito y admiración en apenas un semestre. Y el primer semestre de su carrera en Primera. En su país, del que se había marchado hacía dos décadas. En su River. Escucha la palabra campeón y parece tratarla de usted, no atreviéndose todavía a la cercanía. “Uffff, nada me resultó fácil en la vida…–reflexiona con LA NACION–. Soy un tipo que atravesó muchas adversidades, muy rudo por haber tenido la desgracia de vivir tantas desgracias en mis 42 años. Pero por otro lado sé que soy muy sensible. Estoy lleno de emociones por estos días. El esfuerzo familiar y de mis antepasados, que son los primeros que se me vienen a la cabeza. A muchos ya no los tengo y, en presencia física, se están perdiendo todo lo que me está pasando…”. En presencia física dice, porque siente que están. –Se acerca la definición. ¿Has aprendido más de las derrotas? –Sí, totalmente. Yo utilizo una frase desde que llegué a River: nosotros ganamos, empatamos o aprendemos. Y está claro que cada derrota nos hizo tomar nota de esas experiencias. Y nos fuimos haciendo más fuertes. Nuestra primera derrota [Belgrano] fue en Córdoba, creo que inmerecida, pero aprendimos. Tras nuestra primera derrota como local, con Arsenal, hubo muchísima autocrítica y mucho análisis para con todos. Fuimos y perdimos los dos primeros partidos como visitantes en la Libertadores, con The Strongest en La Paz y con Fluminense en Río, y, de alguna manera, tras esas derrotas nos fuimos haciendo más fuertes. Porque después de eso tuvimos que poner la cara y sacar personalidad para ganar y lo hicimos, como el tremendo desafío que significó ir a Lanús, como en el superclásico, como en la vuelta con Fluminense. Incluso la derrota con Barracas fue un llamado de atención y de respeto hacia el deporte, ¿no?, porque el deporte te puede golpear en cualquier momento si bajás un poquito tu grado de tensión competitiva. Por eso me llena de orgullo y de placer la intensidad y la paciencia del equipo. Como siempre les digo a los chicos cuando los escucho decir ‘atentos, atentos a los primeros 15/20 minutos’, y yo vengo por detrás y les digo ‘atentos, atentos a los primeros 90 minutos’. Dimos un golpe sobre la mesa: River es el mejor equipo del fútbol argentino. Estamos por coronar un lindo objetivo que construimos desde hace siete meses y hay que estar concentrados. Ojalá sea el sábado con nuestra gente. –Otro DT campeón sin recorrido, como Scaloni. Una vez, Tabárez le aconsejó a Scaloni que se defendiera de las críticas por su inexperiencia argumentado que tenía muchas vivencias en el fútbol. ¿Se aplica a vos? –Sí, aunque yo creo que la carrera de entrenador no tiene nada que ver con la de jugador. Pero es cierto que la experiencia empírica de haber vivido tantísimas cosas como jugador, en cuatro países diferentes, Argentina, España, Alemania e Inglaterra, y la posibilidad de haber tenido entrenadores de muchas escuelas, me permitió ir tomando nota de cosas que hoy me ofrecen muchas herramientas. Y además, a mí me gusta pensar, y se los digo a los jugadores, que no se trata de tener… eso, digamos testosterona, sino que hay que tener estómago, tripa. Porque hay sensaciones especiales en el campo, como cuando un central se la tiene que bancar mano a mano porque estamos altísimo en el campo y debe esperar la llegada de la ayuda de un compañero. Y para eso hace falta tripa, estómago. Y lo mismo corre para un entrenador: hay que tener tripa. Y a mí, por cómo me golpeó la vida, de alguna manera se me endureció la tripa para ser cauto, calmo, y tener el estómago preparado para cuando parece que se derrumba un partido y llega la hora tomar esas decisiones fuertes y difíciles. –¿Qué técnicos te marcaron? –Soy muy curioso, con la ilusión de ser un gran entrenador. Tuve tantísimos entrenadores, empezando por Ramón Díaz, que me dio la posibilidad de iniciarme en el fútbol profesional. Ramón miraba por la ventana mientras caían los rayos y decía ‘en dos minutos sale el sol’. Y el sol salía. Con esa simpatía que hacía las cosas te convencía de que íbamos a ser campeones. Después, acá en River mi segundo entrenador fue Manuel Pellegrini, y fue el más importante de mi carrera por la gran cantidad de tiempo que lo tuve entre River, Málaga y el City. Manuel es el prototipo de entrenador que, en líneas generales, cumple con todo lo que hay que tener: un grandísimo manejo de grupo, un gran comunicador, y una metodología de trabajo que fue dando resultados en todos lados. Un gran referente. Y cito a Ottmar Hitzfeld, un alemán, mi primer entrenador en Bayern, que, desde una cultura diferente, también tenía un gran manejo de grupo.

foto AML
foto AML

HOMBRES DE REFERENCIA. Demichelis con dos técnicos que lo marcaron: nadie lo dirigió más años que Manuel Pellegrini, en River, City y Málaga, y Louis van Gaal, el entrenador que le despertó los conceptos sobre la posesión

–¿En Europa conducen desde la distancia? ¿O son prejuicios nuestros? –Desde la distancia, quizás… El jugador latino necesita más del mimo, y cuando no juega pone cara de malo para buscar un mimo desde esa expresión facial. Pero allá, si ponés cara de malo, ese mimo no te lo van a dar. Entonces aprendés y te ahorrás la cara. Y después, a mí me marcó muchísimo Van Gaal, a pesar de que yo tuve que abandonar el Bayern por un desencuentro con él. Pero fue él quien me abrió la cabeza desde el sentido del pase, la posesión y cómo progresar en el juego. Desde la pelota, todo. Cuando él llega, con un staff de siete u ocho personas, le preguntaron cuál de todas ellas era el preparador físico. Y él respondió que ninguno, que cualquiera que perteneciera a la institución se iba a encargar de la entrada en calor y que de todo lo demás se iba a ocupar él. Y en el año y medio que lo tuve de entrenador no hicimos ni un ejercicio que no incluyera la pelota. Era un cambio cultural grande para Alemania, para Bayern Munich, acostumbrado a jugar siempre 4-4-2, con un fútbol directo, físico, vertical, y él empezó a poner una pausa y calificar el sentido del pase. A partir de él empecé a interiorizarme de muchos más conceptos alrededor de la posesión, a mirar mucho más el Barcelona de Pep, quien es hoy, sin haberlo tenido como jugador, a quien más admiro. –¿Por qué? –No sólo por la manera de jugar de sus equipos, sino por la supremacía con la que domina las ligas. Porque ganar un partido con el 70 por ciento de posesión puede suceder, pero la supremacía con que gobierna las ligas y el tiempo que se prolonga esa superioridad son únicos… La verdad, lo admiro muchísimo. A pesar de no haberlo tenido, en sus cuerpos técnicos hubo personas muy cercanas, amigos en común, entonces a través de mi filosofía futbolística -no te digo imitando a Guardiola porque eso no se puede hacer- intento tener un equipo dominador, con mucha tenencia de pelota. Divirtiéndonos con la pelota como vehículo y creo que hemos logrado, en varios partidos de River, que se vea mucho de eso. Después, también tuve a Diego [Maradona], con su leyenda; a Alejandro Sabella, un señor con todas las letras, a Jürgen Klinsmann, un motivador top, y el pasaje de 45 días que estuve en el Atlético de Madrid me dio la posibilidad de conocer al ‘Cholo’… ufff, qué experiencia. –Otra escuela. –Otro estilo de juego al que yo no estaba acostumbrado porque en River, Bayern o Manchester City teníamos la premisa de ser dominantes a partir de la pelota. Y el del ‘Cholo’ era otro estilo, pero él se preparaba para eso. Un líder con todas las letras, un poder de convencimiento… uffff, madre mía. Otra manera de dominar los partidos, porque él también los domina sin la posesión. Por tener el 80 por ciento de la pelota no sos el mejor; él, con el 20 o el 40 por ciento te domina. De todos fui tomando nota porque yo ya sabía que iba a seguir por esta vocación. Después hice licencias en España, en Italia y puse todo en práctica en esos 4 años que estuve en Bayern Munich. Todo lo que estaba en mi laboratorio de entrenador lo pude poner en práctica en un club que no regala la capacitación. La exigencia es diaria. Me controlaban la manera de llevar adelante los ejercicios, los entrenamientos, tenía que fundamentar todo desde la A hasta la Z, de lunes a viernes, y después de los partidos presentar análisis. Hice un ‘hardware’ tremendo, sin la obligación de tener que campeonar porque estaba en el fútbol formativo. Porque es muy, muy diferente entrenar que formar, entonces esa libertad que tuve en el club, que es mi segunda casa porque es el segundo país en que más años viví, me hizo sentir que me había preparado. Quizás por mi personalidad, si al terminar mi carrera de jugador me hubiesen presentado una oportunidad para dirigir hubiera dicho que sí, pero yo sabía que me tenía que preparar. Hice esta cuenta: si empecé a patear la pelota a los 5 años y me convertí en jugador profesional a los 20, bueno, hubo 15 años de preparación amateur para después hacer una carrera de 17 años en el fútbol profesional. Si invertí 5 años en mi preparación como entrenador, ojalá ahora vengan otros 15/20 años de entrenador. Pero además disfruté mucho el camino de la preparación; elegí hacer la licencia en Italia, en la mítica escuela de Coverciano, porque al no haber jugado en Italia siempre me intrigó poder tomar algo de esa cultura que repara hasta en el movimiento de cadera y para donde apuntan tus pies a la hora de analizar a un rival.

foto AML
foto AML
PLAN FAMILIAR. De nuevo en la Argentina: Evangelina y los hijos de la pareja, Emma (6 años), Lola (10) y Bastian (14); los guiños en la cancha con Bastian, alcanzapelotas en el Monumental

–Dijiste: desde la pelota, todo. –Sí. No concibo otra manera de poder enseñar ni de convencer. Y me siento feliz cuando veo tantos pases, tanta rotación… Y ese deseo del potrero: notás a los jugadores que quieren la pelota. Como si los escuchara: “Dámela que es mía, pasámela, dejame divertirme a mí también…”. Y además, ese fervor, casi enloquecedor, para recuperar la pelota. River tiene un espíritu obsesivo por tener la pelota. Soy un convencido de mis principios futbolísticos porque los investigué, los analicé, los estudié, pasé exámenes y los puse en práctica en el Bayern Munich. Estoy muy convencido de ellos. ¿Qué son los mejores? No, pero hay que elegir. Los entrenadores no podemos tener un principio el lunes, y si perdiste el fin de semana, al lunes siguiente pasar a los principios contrarios. –Siempre al ataque, aun a riesgo de la descompensación. Como le ha sucedido a este River. –Sí, mirá… La historia de esta institución exige, no hay lugar para la cautela ni la especulación. Prefiero que me critiquen por ir en búsqueda del ataque, por ir en búsqueda de la victoria, y no ser un especulador. Está claro que tomé nota de todo lo que nos fue pasando, tanto en La Paz como en Fluminense, en Barracas, pero no concibo otra forma de enseñar que no sea a través del protagonismo. Independientemente del rival, de la cancha y de las circunstancias. Hemos tenido partidos mejores y peores, pero a lo largo de estos 7 meses me han gustado muchas cosas del equipo… Y tengo que ser honesto también: pensé que nos iba a llevar más tiempo inculcar ciertas cosas.

foto AML
INTACTO. Como en aquellos años de defensor, en su casa, el Monumental, con la estirpe de siempre pero renovadas responsabilidades como técnico

–Recibiste una buena base. –Sí, y soy un agradecido de los jugadores mayores, los líderes del grupo, que de alguna manera me aceptaron y se dejaron ayudar. Creo mucho en las relaciones interpersonales, por eso analizo al fútbol en cuatro facetas: la física, la técnica, la táctica-estratégica y las relaciones humanas. Y aquí aparece lo emocional. Está claro que no todos están contentos porque no todos juegan, pero ser parte de una institución tan grande como River no ofrece lugar para todos y hay que tener un umbral muy alto hacia la competitividad interna. ¿Cómo? Siendo buenos compañeros y buenos profesionales. –Porque junto con la táctica, aparece la gestión emocional, el manejo de grupo. –Pep siempre lo dijo: es mentira que a todos hay que tratarlos igual. La gran mayoría de las veces, un poco coincide con las posiciones. El defensor necesita pocas explicaciones porque es aguerrido, tiene un umbral alto de dolor, quiere ir al combate. Los que sí necesitan una muy buena fundamentación, pausada, son los volantes. Porque son el motor del equipo, donde pasa mucho de lo estratégico. Y normalmente son los que exigen una mayor y mejor fundamentación. Después, claro, varía por las personalidades, pero normalmente siempre son ellos. Y después, los delanteros, que requieren una explicación así de chiquita: ellos quieren centro-gol, pase-gol. Eso y nada más, de eso viven. –¿No temés que se vaya Enzo Pérez? –Con el primer jugador que me puse en comunicación cuando me designaron DT fue con Enzo. No a diario, pero hablo mucho con él y me dijo: ‘Cuando no me sienta capaz de rendir lo que exige esta institución, voy a ser el primero en avisarte que no voy a continuar’. Él va a decidir qué día se marchará de River, no será la institución, ni el hincha, ni el entrenador. Faltaría más. Enzo tiene todo el respeto ganado merecidamente para decidir hasta cuándo jugará en River.

foto AML
foto AML

LA MAESTRÍA Y LA FORMACIÓN.. River eligió a Demichelis para reemplazar a Gallardo, nada menos, y la sucesión no pudo ser más exitosa; entre 2019 y 2022, Martín recibió el respaldo de Bayern Munich para formar juveniles alemanes

–¿Te has sentido bajo observación? Por los hinchas, por los medios… –Cuando comenzó a rumorearse la posibilidad de ser elegido por River, mucha gente cercana me preguntaba: ‘Si llegás a ser vos el escogido, ¿qué vas a decidir?’. Y tras haber sido designado, llegaron a poner en duda mi decisión, en el buen sentido. ‘Che, ¿pero vos sabés adónde vas? Mirá que la vara está alta, mirá que el país…’. Yo estaba y estoy convencido de mi preparación, y después es fútbol, el rival juega, se mueve, pero nunca dudé de que estaba capacitado. Siendo River una institución tan, tan grande, y… Sí, de alguna manera estás bajo una lupa que observa como conducís, cómo juega tu equipo, cómo hiciste los cambios, por qué éste y no aquel. Es parte de un país donde todos somos opinólogos y donde hay una pasión desbordante. Donde nos da tantísima alegría ganar como disfrutar que al rival no le vaya bien… Sé de la exposición que tiene mi posición. Pero intento consumir poco y nada. Concentrarme en preparar los entrenamientos y la logística. –En el duelo que viene con Inter por la Libertadores… –… No, todavía no. Sé los jugadores que tiene el plantel de Inter, pero ni siquiera te puedo hacer un análisis de cómo son ellos como equipo. Sí puede decir que haber perdido dos de los primeros tres partidos en la Copa, lo que nos dejó sin margen para dar pasos en falsos, nos sirvió de gran preparación para lo que vendrá. Siendo River, no debemos temerle a nadie y la fase de grupos nos sirvió para fortalecernos en la Copa. Pero ahora, Estudiantes. Acostumbrado a la previsión alemana, ¿qué te pasa con un torneo que cambia las reglas del descenso sobre la marcha? –Está claro que allá esas cosas no pasan porque hay una organización, y a ellos, culturalmente, les haría daño no ser así. Y nosotros tenemos nuestra cultura, donde vivimos mucho más de la improvisación, de los cambios. Si la moneda cambia a diario, imaginate que todo lo demás queda expuesto a los cambios. No me enrosco… Mirá, hay una frase que uso mucho: ‘Ocupate de lo que está a tu alcance, en lo demás no gastes tus energías’. Todo eso que describís es parte de nuestra cultura, de nuestra organización desorganizada, y yo soy sólo uno más de esos entrenadores que deben adaptarse. Nada más. –¿Qué extrañás de Alemania? –Puedo decir que extraño el día a día del Bayern. Fui feliz como jugador en el Bayern y también fui feliz estos últimos cuatro años. Tengo un sentido de pertenencia muy muy grande por esa institución. Es una historia muy linda: ellos me dieron la oportunidad de formarme como jugador, me compraron con 22 años, y después, siendo extranjero, me confiaron la responsabilidad de formar alemanes. Y ahora es al revés: River me fue a buscar como entrenador, cuando yo hice mis primeros pasos como jugador aquí. Para mí, es una historia hermosa. –¿Están pendientes de ‘tu’ River? –Sí, sí, claro. Tengo muchísima gente atrás… Por el cambio de horario, después de los partidos, a las 4 de la mañana de acá, empiezan a entrar los mensajes. Gente del club, gente con fuertes lazos afectivos, desde empleados hasta colegas y dirigentes, tantísima gente. Yo tengo una vida ahí adentro. ¿Podés trazar una comparación entre la formación en Alemania y lo que has visto acá? –En estos 6-7 meses me he encontrado con que en el fútbol formativo hay muchos entrenadores y pocos formadores. Quizás la confusión nace de lo cultural, porque desde que estamos en la cuna no aceptamos perder. Los clubes podrían poner pautas desde lo contractual… Por ejemplo, mi primer contrato con Bayern Munich, por 2 años, establecía que iba a estar exclusivamente dedicado al Sub 19, independientemente de los resultados, sin posibilidades de tomar la Primera. Y al renovar por otros dos años, lo mismo: también se firmó que sería exclusivamente para dirigir al segundo equipo. Estaba clarísimo. Acá parece ser que el entrenador de la novena quiere ser el de la séptima, y el de la séptima ser el de la quinta, y el de la quinta pasar a la reserva y así sucesivamente. Hay, incluso, una competencia interna donde nadie quiere contar nada y yo vengo de una escuela donde desde Hansi Flick y Julian Nagelsmann compartían absolutamente todo hasta el entrenador de la novena. Incluso los entrenadores del club teníamos una plataforma donde podíamos ver absolutamente todo. Y los lunes nos juntábamos entre todos y debíamos exponer los temas de la semana. Compartíamos y aprendíamos entre todos. A veces me explayo en las explicaciones porque no tengo nada que ocultar, porque vengo de esa cultura. Y seguramente no cambiaré, siempre estaré 360 grados abierto para compartir todo lo que pueda aportar desde mi profesión. Pero, entiendo que acá, los entrenadores de fútbol formativo hablan demasiado durante los partidos. Y los chicos tienen que convertirse en profesionales habiendo sido felices en el tránsito anterior.

foto AML
foto AML
foto AML

MÚLTIPLE CAMPEÓN.. Muchos títulos ganó Demichelis en sus 14 temporadas en Europa, especialmente en el City (3) y Bayern Munich (11), incluidas la Premier League y la Bundesliga; en mayo de 2017 cerró su carrera en Málaga

–Si un alemán te pide que le expliques el torneo argentino, donde el casi campeón pierde con el último, ¿qué le decís? –Para explicárselo mejor le diría que se tome un avión y que venga, porque tenés que vivirlo. No alcanzan las palabras para explicarlo. ¿Cómo te lo puedo comparar? Allá no usan un léxico bromista para definir situaciones como “te comiste un payaso”… No. El alemán te dirá que eso no existe, que no es real, que estás hablando mal. Hay cosas que se las explicás y no las pueden entender. Con el fútbol nuestro, igual, entonces tienen que venir a vivirlas. Y no sólo vivir un partido, sino también los entrenamientos… ¡Las patadas que nos damos los argentinos! Por lo competitivos que somos. Hay un deseo irrefrenable por el éxito inmediato. Esa manera de vivir que tenemos, enloquecida, enfurecida, algo irracional también. El extranjero que viene a la cancha, se va a la medianoche y en el trayecto hasta el hotel se encuentra en su recorrido con cuatro, cinco, diez canchas iluminadas a la 1 de la mañana con gente jugando al fútbol. A mí me pasa en la concentración del estadio: cuando nos estamos por ir a dormir escucho ruidos, corro las cortinas, y están las luces del playón encendidas y hay nenitos de 5, 6, 8 y 10 años, sin padres, jugado a la pelota. Eso es cultural. Mirá, muchos me preguntaban durante el Mundial de Qatar por qué había tan pocos hinchas alemanes en los estadios. Y había una explicación muy lógica: era época escolar, y en Alemania no se falta a la escuela. Primero está la educación. Siempre. El fanático del golf que se desconecta mirando… fútbol Martín Demichelis prefiere pensar que no hay mañana. La vida se lo enrostró trágicamente. “¿Proyectar? No, no. ¿Sabés por qué? Porque tenía muchos planes y me los arrebataron. Con 15 años no podía entender que mi mamá, enferma, se podía ir. A esa edad uno no se queda sin mamá. Después, tenía tantos planes con mi papá, que era un gran amigo, y de repente en un accidente de tránsito, viniendo de Justiniano Posse a buscar al aeropuerto a mi hermana que regresaba de Europa porque había nacido mi hija Lola, en 2013, encontró la muerte. Mi abuela que nos crió se nos fue, mi abuelo accidentado. Un borracho que te mata a tu hermano mayor [Adrián De Vicente], mi único representante [Jorge Cyterszpiler] que se suicida… Entonces no, no, ya no veo mucho más allá del hoy. Y mirá que vengo de la cultura alemana, que planifican todo a 20 años, y pienso, “puta, qué paciencia, qué bárbaro, y no se les inmuta un músculo”. Pero ya no, no puedo planificar más allá del corto plazo, y disfrutar del hoy”. –¿Y qué disfrutás? –Disfruto de volver a casa, de mi familia, de jugar al ajedrez con mi hija Lola, de los mates, de los perros… No he visitado restaurantes ni he visitado teatros desde que regresamos a la Argentina. No tengo apariciones públicas. Consumo sólo el WhatsApp, no tengo redes sociales. Solo usé Twitter en 2014 y no volví a usarlo.

foto AML
foto AML
LAS VUELTAS DEL FÚTBOL. La tarde del Maracaná en 2014, la final del mundo contra Alemania, contra Klose, compañero en algún pasaje del Bayer Munich; el festejo por uno de sus dos goles en River, antes de marcharse a Europa… hace 20 años

–¿Tampoco jugás al fútbol? –No, no, fútbol poco. Prefiero jugar al golf, si pudiera, jugaría todos los días, es mi hobbie favorito. Podría jugar al fútbol, estoy sano, y si voy a Posse y mis amigos me invitan, voy y juego. Pero tras ser jugador profesional, me prendía en ligas nocturnas para mayores de 35. Pero yo iba a divertirme y ellos jugaban en serio. Y no. Se peleaban, discutían entre propios compañeros, y no, no. Y además, se me apagó la cabeza a la hora de entrenar, en cambio me apasiona tanto ver partidos, analizarlos… No veo películas y tampoco series, y si tengo tiempo libre, y no lo estoy compartiendo con mi familia, sigo viendo partidos, buscando jugadores. ‘¿Cuándo te vas a desconectar?’, me dicen. No, no, yo soy así, no me voy a desconectar. Yo así estoy disfrutado. –Estuviste 20 años en el extranjero. ¿Cómo va la adaptación a la Argentina? –Hoy estamos volviendo a cambiar a mis hijas de colegio… Nos hemos cambiado de casa otra vez. Quizás, seis, siete meses después podamos decir que nos estamos empezando a acomodar de nuevo. –¿Cómo es tenerlo tan cerca a Bastian, tu hijo, durante los partidos? –Antes de volver al país, con Bastian habíamos tenido sólo una oportunidad de venir a la cancha de River. No me voy a olvidar: el día que volvió a jugar Pablito Aimar, contra Rosario Central. Estábamos en la Belgrano y él era chiquito, pero intenté explicarle quién era Pablo Aimar, porque cada vez que tocaba la pelota generaba eso en la gente. Y después, el partido que fuimos a ver en Madrid, la final de la Libertadores. Y a River lo vivió a distancia, compartiendo conmigo muchísimos partidos a través de la compu o del televisor. Pero el fervor de la gente y las vivencias de la cancha las había vivido una sola vez. Sin embargo, se hizo muy fanático. Imaginate ahora, que lo está viviendo todo desde adentro… ufff. Lo de alcanzapelotas comenzó, contra Argentinos, como una excepcionalidad. Una sola vez, le dije. La realidad fue que, después, él me dijo: ‘¡De acá no me sacás más!’. –¿Quién habla mejor alemán, Pinola o vos? –Jajaja, no lo sé, no competimos, pero a veces nos reímos porque nos ponemos a hablar en alemán entre los dos y ‘Poroto’ Lux y el ‘Flaco’ Saccone quedan excluidos, jaja, y lo hacemos con el afán de divertirnos. Pero con Javi muchas veces descubrimos que somos muy alemanes. Sí, muy alemanes. Cuando dejé de jugar, con la familia nos radicamos en Málaga, y empecé a ser embajador del Bayern, entonces viajaba mucho con el equipo para todos lados y dos o tres veces al mes estaba en Munich. Y al, volver le decía a mi mujer: “Me gustaría que vivamos un año en Munich por la disciplina de los chicos.” Y terminamos viviendo cuatro, después. Si el semáforo está en rojo, bueno, está en rojo. Mirás para un lado, para el otro, y no viene nadie, pero el semáforo está en rojo. Y esperás dos minutos ahí, solo, pero no te movés. Y en la bicisenda se terminan juntando 10 bicicletas, pero no una al lado de la otra, sino que esperan en fila. Si en esos detalles tan pequeños hay una planificación, un respeto, una línea a seguir, imagínate en todo lo demás. Y con Javi tenemos eso de la regla, de la línea, de la puntualidad que ya no podremos modificar porque sabemos que nos hace mejores en ciertas cosas y lo tenemos culturalmente incorporado. –¿Qué te pasa con la fama? –No me pasa nada. Y si tengo tiempo, y puedo firmar mil autógrafos y sacarme mil fotos, lo hago. Si uno le puede dar algo de cariño, o regalarle un instante de felicidad a alguien con una foto, ¿cómo no voy a valorar esa petición? Sé la exposición que iba a tener al aceptar al venir, ser entrenador de River no es poca cosa, y mucho más en un país como el nuestro, donde la selección se acaba de coronar campeona del mundo y ya nos creemos que somos mejores que todos. A mí, en el fútbol profesional me conocen por el apodo de ‘Micho’, pero los que me conocen de antes del futbol me dicen ‘Tincho’. Entonces, cuando escucho ‘Tincho’, me doy vuelta porque ése sabe de dónde vengo y me toca la fibra íntima. Aunque en estos meses solo puede ir una vez, antes de empezar a entrenar, sigo siendo el de Justiniano Posee, aunque después he sido un trotamundos y hoy aparezco en los medios. Pero yo sigo siendo el ‘Tincho’ de Posse.

foto AML
CORAZON MILLONARIO. Demichelis está orgulloso, y la apuesta no era sencilla: reemplazar a Gallardo y abrir una nueva era después del ciclo más exitoso en la historia del club

“¡Tengo que armar dos equipos!” La propuesta para Martín fue que armara un equipo con excompañeros. Y se le iba a complicar: jugó con muchas estrellas. Empezó fácil: “Al arco Oliver Kahn. Haber jugado con el mítico Oliver Kahn fue muy significativo. ¿Su humor? Peculiar. Él hacia el 75 u 80 por ciento del entrenamiento apartado y se sumaba para la parte final de nuestro entrenamiento. Vos llegabas y él ya hacía una hora que estaba entrenándose con su preparador físico. En su porte anímico parecía siempre un hombre enojado, pero después, en el trato personal, sabíamos que tenía un lado tierno y había que saber llevarlo. Esa posición, con él, está muy bien resuelta”. Turno de la defensa. “Philipp Lahm de lateral derecho, y mirá que me resulta muy difícil rezagar a Willy Sagnol. Y con Bixente Lizarazu de lateral izquierdo, con un carácter inmenso, ganador, un tremendo liderazgo. Y de central Lucio, indudablemente.” También jugó con Hummels, Lugano, Kompany… Hasta que surgió la idea de hacer línea de tres para sumar más volantes.

Demichelis elige: el equipo ideal de sus compañeros

foto AML

Y en el mediocampo pasó por mil opciones. Se le complicó. Armó y desarmó. “No, no, es imposible armar este mediocampo”, bromeaba. Siempre le quedaba afuera alguien que no se podía perdonar. “Madre mía, me quedan una cantidad afuera.” Finalmente, eligió: Franck Ribery, Zé Roberto, Frank Lampard y Bastian Schweinsteiger. “¡Y quedó afuera Toni Kroos! Que me perdonen Ballack, Yaya Touré también. ¡Y David Silva! Pero David no se va a enojar”. Llevó varios minutos cerrar el mediocampo. Y pasamos al ataque. “¿Y arriba? Tengo que armar dos, tengo que armar dos equipos. Lo tengo a Thomas Müller, a Robben…, pero vamos con Kevin De Bruyne, Miro Klose y Ruud van Nistelrooy. Dale, vamos así, dejo afuera a un montón. Bueno, ya está, ¿qué le vamos a hacer? Alguien se tiene que enojar”, cierra Demichelis, divertido.

Conforme a los criterios de The Trust Project

Más información

CRÉDITOS

  • EDICIÓN PERIODÍSTICA: Andrés Eliceche@aeliceche
  • EDICIÓN FOTOGRÁFICA: Aníbal Greco@anibalgreco
  • FOTOS: Gentileza River PlateGetty Images
  • EDICIÓN VISUAL: María Rodríguez Alcobendas@merirodriguez

Fuente: Cristian Grosso – LA NACION – LA NACION Deportes