El italiano de 22 años estuvo dos sets a cero abajo, pero lo dio vuelta y se coronó en Melbourne.
El Big 3 puso la vara muy alta durante casi dos décadas. La última vez que el Abierto de Australia, el primer Grand Slam de la temporada, asistía a una definición masculina que no incluyera a Novak Djokovic, Rafael Nadal o Roger Federer había sido en 2005, cuando Marat Safin venció a Lleyton Hewitt. Esta vez, ya sin Nole de pie, el Rod Laver Arena enfrentó a una de las joyas de la nueva camada (el italiano Jannik Sinner, de 22 años) con una suerte de intermedio generacional poco elegante técnicamente pero perspicaz y efectivo, como el ruso Daniil Medvedev, de 27. El moscovita tuvo una primera porción del partido iluminada, pero se quedó sin combustible y el mundo de las raquetas, al fin, presenció la graduación grande de Sinner, que respondió con frialdad y se impuso por 3-6, 3-6, 6-4, 6-4 y 6-3, en 3h44m, para obtener su primer trofeo major. Ahora, en las alturas, el español Carlos Alcaraz ya tiene un socio, un muchacho de cabello pelirrojo y desordenado llamado Sinner.
Para Medvedev fue su sexta final de Grand Slam (obtuvo el US Open 2021, cayó en Flushing Meadows 2019 y 2023 y en Australia 2021 y 2022), pero sobre todo se le resiste el trofeo aussie Norman Brookes Challenge Cup: encima, en la final de Australia 2022, cayó ante Nadal luego de haber ganado los dos primeros sets (2-6, 6-7, 6-4, 6-4 y 7-5). Esta vez, amedrentó al principio a Sinner en su primera definición grande; por momentos hasta lo hizo sentirse un principiante. El ruso, número uno del ranking durante 16 semanas en 2022, abrumó al actual número 4 con una estrategia ofensiva, osada (devolvió casi siempre sobre la línea de base), tomando la iniciativa, impactando fuerte, buscando que su rival no lograra ritmo en los puntos largos. Medvedev lució una exactitud quirúrgica en sus tiros rasantes y se apoyó en sólidos registros de servicio. Desafío a Sinner mentalmente, lo presionó, lo llevó a cometer errores y aprovechó la mayoría de las chances de quiebre que le generó.
El ruso llegó a la final con mayor kilometraje en las piernas que Sinner: 20 horas y 33 minutos contra 14h44m del rival (26 sets disputados contra 19). En el largo aliento, la estadísticas tendría influencia… Medvedev, entrenado por el francés Gilles Cervara, fue inteligente y llevó a Sinner, que había eliminado al campeón defensor (Djokovic) en las semifinales, hasta un estado de desconcierto. En el segundo game del segundo set, Sinner resistió y levantó cuatro break points (1-1), se dio ánimo, el público le obsequió una ovación y pareció que ese podría ser un punto de inflexión emocional. Pero Medvedev le quebró el servicio al italiano en el cuarto game (3-1) y lo repitió en el sexto (5-1). Sirvió para ganar el parcial, pero Sinner se sacudió el mareo y obtuvo su primer rompimiento (¿un indicio de lo que vendría?). Daniil volvió a sacar para set (5-3), estuvo 0-30, Sinner forzó un break point, pero fue el ruso quien al final terminó adueñándose del set, quedando a uno del título australiano.
Por una u otra razón, Medvedev bajó el pie del acelerador en el tercer set. Se mostró con respiración agitada y más pasivo. También comenzó a cometer errores con el drive, algo que hasta allí no estaba padeciendo. Sinner, muy astuo, se dio cuenta de que tenía una buena oportunidad en la mano: empezó a variar la altura de sus impactos y a desplazarlo hacia los extremos, perfeccionó los porcentajes del servicio y llegó agazapado y arriba al décimo game (5-4). El ruso sacó 0-30, pero igualó el score; sin embargo, Sinner presionó, batalló hasta tener un set point y lo consiguió (6-4). Sinner halló el impulso emocional que hasta allí, prácticamente, no había tenido. Desde ese momento, el partido marcó un giro emocional que terminaría siendo indomable para Medvedev.
Tras iniciar el cuarto parcial defendiendo su saque (1-0), Sinner contó con una chance de quiebre en el segundo game, Medvedev dudó, pero finalmente logró despojarse de la incomodidad (1-1). Después de tres games jugados, Medvedev recibió atención médica por ampollas en el pie derecho. Aparecieron los fantasmas de lo que le había pasado en la final de 2022 contra Nadal. En la reanudación, estando bajo presión y break point abajo, Medvedev jugó con valentía y sacó el game adelante, pero con lo justo (2-2). Si fuera básquetbol en lugar de tenis, probablemente hubiera pedido tiempo muerto para intentar recobrar la respiración. Daniil tuvo un primer break point en el séptimo game (3-3), pero Sinner se escapó con un ace a 203km/h, luego castigó con la derecha invertida y defendió el servicio con un nuevo saque ganador (4-3). Se extendió el drama, Medvedev llegó al 4-4, Sinner sostuvo su servicio (5-4) y, de inmediato, le rompió el servicio al ruso para adueñarse del cuarto set (6-4). El Rod Laver Arena, poblado hasta la última butaca, literalmente enloqueció. El propio Rod Laver (85 años) y otras tantas celebridades de las raquetas enrojecieron sus manos aplaudiendo.
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