El campeón festejó la conquista de la Liga Profesional tras ganar por 14ª vez seguida en el Monumental.
Como en cada partido desde que se reinauguró el Monumental con más capacidad, los hinchas le siguieron el ritmo a un equipo que asfixia. Iban apenas 22 minutos cuando Lucas Beltrán marcó el 1 a 0 que ya estaba anunciado desde hacía un buen rato. El ritmo del equipo dirigido por Martín Demichelis hace hervir a un estadio entero. Con el 2-1 sobre Racing, el equipo millonario hilvanó 14 triunfos en su cancha (entre Liga y Copa), un récord en la historia del club, con el que superó al conjunto de 2014 que dirigieron Ramón Díaz hasta junio y Marcelo Gallardo desde julio.
Después de que Gallardo anunció su salida en octubre del año pasado, ni el más optimista podría haber imaginado este presente en la fecha 27 de la Liga local, para cerrar un primer semestre fantástico. La diferencia de intensidad que hubo entre el cuadro de Demichelis y el de Fernando Gago es, acaso, la mejor manera de dimensionar cómo juega este River.
Cuando el equipo local sale a la cancha hay fuegos artificiales, hay humos de color rojo y blanco, hay una bandera que dice “Gracias por otra alegría”, hay tirantes que le ponen el decorado ideal a cada tribuna baja y hay un equipo de sonido nuevo que hace vibrar al Monumental. Pero la magia la ponen los jugadores, que en solo dos minutos ya sofocan al visitante Racing.
Además del récord histórico de victorias en Núñez, la fiesta tuvo otro invitado especial e involuntario. Gago, DT de la Academia, futbolista identificado con Boca. En distintos pasajes de la noche, los hinchas millonarios se acordaron de él. Esta es la cuarta vez que ve cómo River recibe una copa de campeón. Dos veces, cuando era jugador de Boca: Supercopa Argentina 2018 (era parte del plantel y viajó a Mendoza, aunque no jugó porque se recuperaba de una lesión de ligamentos cruzados) y Copa Libertadores 2018, en Madrid. Otras dos como DT de Racing: es la segunda vez que le toca ir a Núñez cuando hay festejo por ser campeón de la Liga local.
Más allá del contexto que le permitía celebrar la estrella número 70 de su historia y el título 38 en ligas locales, la cabeza millonaria está puesta en el cruce del próximo martes, por el partido de ida de Copa Libertadores, ante Inter de Porto Alegre, dirigido por Eduardo Coudet, un hombre identificado tanto con River como con Racing. En la Academia el panorama es similar. Más que en este clásico, el foco estaba puesto en el movimiento del mercado de pases.
Los dos refuerzos que ya tiene abrochados Demichelis, Ramiro Funes Mori y Facundo Colidio, siguieron la fiesta local desde las gradas del estadio. Por el lado visitante, Gastón Martinena, el lateral uruguayo que llegó este jueves, también estuvo presente en Núñez. En estas horas finales que quedan hasta el próximo lunes que se presenta la lista oficial en Conmebol, ambas dirigencias trabajan en nombres que pueden generar impacto. Manuel Lanzini y Gonzalo Pity Martínez, en River. En Racing, después de una semana con muchas operaciones caídas, la intención es salir a buscar un zaguero y un extremo tras la jugosa venta del juvenil Tomás Avilés al Inter de Miami de Lionel Messi.
En ese aspecto, también hubo cruces entre River y Racing en estas últimas semanas, como en los casos del mediocampista de Atlético Tucumán Joaquín Pereyra o en el zaguero uruguayo Sebatián Boselli. Son novelas que aún no tienen resolución.
Lo que sí se conoció por adelantado fue el desenlace de esta Liga Profesional, en la que River mostró una superioridad que le permitió gritar campeón tres fechas antes. En el último partido del torneo dejó bien en claro cuáles fueron sus argumentos, con un resultado ante Racing que pudo ser mucho más abultado. Curiosidad: este récord de 14 victorias consecutivas en el Monumental se inició tras una derrota ante Arsenal, el equipo que terminó como último de la tabla. Anécdotas. Como este 2-1. La Academia dejó ante el campeón un invicto de diez partidos. Más allá de la superioridad histórica, en los últimos cinco años se volvió infranqueable River para los de Avellaneda. Van 11 partidos sin victorias, con el agravante de que el resultado global en goles es de 26 a 5. Una diferencia enorme.
















