La leyenda alemana sorprende con sus candidatos para el torneo en Medio Oriente; los recuerdos con Maradona, Menotti, Ardiles, Verón, Guillermo Barros Schelotto y Ramón Díaz.
El primer futbolista expulsado en la final de una Copa del Mundo fue argentino: Pedro Damián Monzón en Italia ‘90. El partido en Roma todavía estaba en cero y faltaban veinte minutos para que el árbitro Edgardo Codesal se convirtiera en el enemigo público número 1 de un país, pero en ese instante no tuvo alternativas: tarjeta roja para el defensor que acababa de revolear a Jürgen Klinsmann. Al delantero alemán se le había ocurrido desbordar por la derecha… y tuvieron que rearmarlo. ¿Todavía duele esa patada?, escucha del otro lado de la línea. Y se hace eco de la broma. “¡¡Jajajaja!! No, no, ya no, para nada. Cuando recuerdo aquella final, creo que ambos podríamos haber jugado un mejor partido. Finalmente ganamos nosotros con ese penal que todavía sé que se discute en la Argentina, y es verdad que en Alemania fuimos muy felices por ese triunfo, pero detrás de la alegría todos nos olvidamos que el juego realmente no fue bueno. No fue una linda final, pero para Alemania, como nación, representó mucho como mensaje social un año después de la caída del Muro de Berlín y la unificación”.
Aquel se trató del instante sublime en la trayectoria de Klinsmann, y la Argentina resultó un partícipe necesario. Las lágrimas de Diego… Klinsmann no había estado cuatro años antes, en México ‘86, aunque ya quemaba redes en VfV Stuttgart a sus 21 años. Para Italia ‘90, Franz Beckenbauer como entrenador tomó nota de la imprescindible renovación: había pasado el tiempo de Karl-Heinz Rummenigge, eran los días de Klinsmann.
Ningún alemán se ha relacionado tanto como él con Maradona y con Messi. ¿Quién no se acuerda de los botines Puma Kings desatados y la entrada en calor de Maradona al ritmo de ‘Life is Life’? Fue en la semifinal de la Copa UEFA ‘89 que Napoli le ganó a Bayern Munich y pasó a la definición contra el Stuttgart de… Klinsmann. “Ese calentamiento, que se volvió legendario en YouTube, lo tengo presente como si fuera hoy. Los jugadores del Bayern estaban parados del otro lado tratando de calentar, pero después me contaron que, en realidad, solo lo estaban mirando a él”, rememora Jürgen. El mismo que hoy revela: “Rezaba para que no entre”, y sonríe, porque él dirigía a Alemania en 2006 cuando Messi se quedó rumiando en el banco, la tarde de la eliminación en los cuartos de final, ante los anfitriones. Y una década después, cuando Messi desplazó a Batistuta como goleador histórico de la selección argentina, en 2016, ante los Estados Unidos… el técnico rival, el que ahora estaba en el banco era… sí, claro, Klinsmann.
Los números, fascinantes, dirán que Klinsmann ganó la Copa del Mundo 1990 y la Eurocopa de Inglaterra 1996. Que marcó 47 goles en la selección alemana, apenas superado en el ranking histórico por Miroslav Klose, Gerd Müller y Lukas Podolski. Pero hay algo más, que él percibe enseguida ante la nacionalidad del periodista: Argentina aparece y atraviesa su vida en varias ocasiones. Jugó 108 partidos para la Die Mannschaft, pero cuando apenas encadenaba tres, dos habían sido contra la selección argentina… campeona del mundo: en 1987 en Buenos Aires, y en 1988 en Berlín. “La verdad es que yo siento mucha admiración por el fútbol argentino y debo decir que en Alemania hay admiración por el fútbol argentino. Y no solo admiramos a los jugadores, también hay muy buenos entrenadores desde hace décadas, de Menotti, Bilardo, a estos días de Simeone, por ejemplo. Yo vivo en Los Ángeles y veo la liga de Argentina por televisión. Hace poco vi Boca contra River, en la Bombonera.
-Creo que en el superclásico tenés un favoritismo por un amigo: Guillermo Barros Schelotto. Fuiste su DT en Los Angeles Galaxy y, luego, él dirigió a tu hijo, Jhonatan, que es arquero.
-Somos buenos amigos con Guillermo. Nos juntamos a tomar café y hablamos. Nos hicimos amigos en los últimos años. Siempre quise vivir un superclásico y la invitación de Guillermo no la pude resistir cuando estuve en Buenos Aires en 2017. Ahora siempre sigo sus juegos como entrenador de la selección de Paraguay.
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-Conociste a Menotti cuando te dirigió en Sampdoria. ¿Cómo lo recordás, qué aprendiste de él?
-Hasta el día de hoy seguimos en contacto con César Luis Menotti. Siempre lo adoré y lo admiré, y no solo como entrenador de fútbol, sino como un ser humano muy inteligente, una persona intelectual. Recuerdo que vino a la Copa del Mundo 2006 cuando yo entrenaba a Alemania y, durante el torneo, lo vi en Munich y me explicó algunas cosas que yo debería haber sabido… Él había visto los partidos y estaba feliz de que jugáramos atacando, me felicitó por eso, porque fui uno de sus estudiantes. Aún hoy estamos en contacto. Solo tengo buenos recuerdos. César fue una de las razones principales por las que fui al Tottenham y un año más tarde me eligieron el ‘Jugador del Año’ de Inglaterra. Realmente, ¡solo tengo muy buenos recuerdos!
-Y en Tottenham te recibió, y también dirigió, Osvaldo Ardiles.
-Claro. Sin dudas, una gran persona. Muy honesto. Muy activo, con mucha iniciativa, una persona siempre dispuesta a hacer cosas. Fue obviamente un jugador fantástico, muy admirado en Tottenham. Un campeón del mundo, nada menos. Fue un honor para mí jugar para él en Tottenham. Aún seguimos en contacto Osvaldo y yo.
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-Vuelvo a Sampdoria 1997. Jugaste con un joven Juan Sebastián Verón…
-…[Sonríe] Sí, jugamos juntos en Sampdoria. Llegó al club, era su primera experiencia en Europa… Sebastián era un increíble jugador. Cuando él entrenaba solo por diversión, pateaba como nadie, tenía una técnica increíble y una personalidad muy fuerte… Justamente, creo que el carácter es parte de la cultura argentina; ustedes llevan una muy fuerte personalidad en la sangre, sabes, y no solo por el fútbol, creo que en todas las áreas, en su conducta en general, y creo que por eso son admirados en todo el mundo.
-A veces esa personalidad tiene algunos excesos, y por eso también somos conocidos en el mundo…
-Sí, a veces pueden ser muy emocionales porque aman tanto el juego, lo sienten demasiado. Allá y también acá las cosas se salen de control, pero puede ser que los europeos puedan controlarse mejor, calmarse más pronto. Un alemán típico diría: ‘Tienes que ser más disciplinado en esos momentos’. Creo que en una Copa del Mundo, o en un torneo grande, es muy importante no permitir que tus sentimientos te controlen cuando el partido se pone difícil. La última vez que estuve en Buenos Aires, en 2017, fui a ver Boca-River y nunca en mi vida había visto algo así: sentí que todo el estadio era parte del juego. Y eso que yo he jugado Inter-Milan, y también participé de Tottenham-Arsenal, y he presenciado un Barcelona-Real Madrid y un Liverpool-Manchester United, pero lo de la Bombonera fue especial… El fútbol sudamericano tiene el nivel más alto de técnica porque los niños crecen jugando desde las calles, y también es verdad que las emociones que hay en Sudamérica son extremas y a veces pueden jugar en contra si no se controlan.
if you ever get a chance to watch Boca vs River Plate at the La Bombonera, go for it !! @BocaJrsOficial The entire stadium rocks !! pic.twitter.com/u7SrCQYoNW
— J_Klinsmann (@J_Klinsmann) May 17, 2017


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