/Julián Álvarez el prodigio que a los 9 años firmaba autógrafos y metía 15 goles por partido

Julián Álvarez el prodigio que a los 9 años firmaba autógrafos y metía 15 goles por partido

CALCHÍN.- Dentro del área se movía por instinto, pateaba y la pelota casi siempre entraba. Los partidos giraban en torno a sus movimientos: hacía los goles solo. Un día, en unos Juegos Intercolegiales, llegaron a ganar 20 a 0. Dicen que hizo 15 goles, por lo menos. Cuando terminó la faena, fue y se sentó con su mamá y con su papá. No buscaba el reconocimiento, disfrutaba de hacer goles. El daño que hacía en los rivales ya era irreparable, pero él ni se daba por enterado. Tenía 9 años y era el jugador más famoso de la zona. Hasta le pedían fotos y le suplicaban que les firmase algún autógrafo en los botines y en las camisetas. “Vienen por La Araña, ¿no?”. La pregunta es un disparador para comenzar la conversación y es también un cálido mensaje de bienvenida. La gente en Calchín sabe que si ven algún rostro desconocido transitando sus calles es porque se está detrás de la historia de su tesoro más preciado. Son las 2 de la tarde de un sábado y en este pueblo cordobés solo se escucha un silencio que hace más lentas y más profundas las palabras. Julián Alvarez no existe en Calchín. Acá es “La Araña” o “La Arañita”. Cuentan que desde chico él siempre se las rebuscaba para cazar cualquier pelota que andaba dando vueltas por el área. Hijo de Gustavo, camionero, y de Mariana, maestra jardinera. Completan el álbum familiar Rafael y Agustín, sus dos hermanos mayores y con quienes tiene un parecido increíble. En la primaria, una maestra llegó a pedirles a los alumnos que por favor en el aula lo llamaran «Julián». Nadie le hizo caso. Todos se reían. A los 5 años era Araña en la escuela, Araña en los recreos, Araña en la casa y Araña en el club.

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PRIMERAS PATADAS

La mirada calma de “Rafa” Varas, el entrenador que tuvo Julián en el Club Atlético Calchín. Fabrizio Molina, compañero entonces, muestra orgulloso la foto con su amigo.

A lo lejos resuena el sonido de un silbato en Calchín. “La Araña” está presente en cada calle en un pueblo de apenas 3000 habitantes, pero con mucha tradición futbolística. Germán “Tato” Martellotto, José Luis “Chivo” Rolfo y Julián Álvarez están retratados en una pared de la terminal de ómnibus. Son los tres calchinenses que vistieron la camiseta argentina. Bienvenidos a Calchín, la tierra donde transcurrió la infancia de Julián, el que ahora es ciudadano ilustre, devenido héroe y que también tiene un imponente mural en el mismo lugar donde comenzó su historia como jugador. Esa misma cancha que ahora lleva su nombre: Estadio Julián Álvarez. —A los dos años ya se notaba que agarraba la pelota diferente. Siempre iba al lado de sus hermanos. Cualquier técnico del mundo lo podía haber dirigido y Julián iba a ser lo que es hoy. Acá tratamos de enseñarles los valores a cada niño, pero yo lo hacía con los más de 70 que tenía. Apuntábamos a él, pero mi obligación eran todos. El tema es que a La Araña lo veíamos progresar tanto pegándole a la pelota… Con la derecha, después con la izquierda, usaba los dos perfiles, tenía velocidad. Y siempre se quedaba un ratito después de los entrenamientos a patear tiros libres. Lo firma Rafael Varas (el “Rafa”), el director técnico que tuvo a La Araña en el Club Atlético Calchín. Y agrega: “Acá sucedió algo increíble. Chicos que son de Boca gritaban los goles de Julián cuando estaba en River. Eso es un cambio que no vas a ver en ningún lado”.

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EL PAGO CHICO

Calchín late al ritmo de los pasos de su máximo orgullo, el niño que se fue y volvió siempre. Una vez, como campeón del mundo

La Araña representa al pueblo entero. Todos muestran con orgullo una foto con él. Durante la recorrida de LA NACION repiten que lo que hizo en River, después en la selección y ahora en Manchester City ellos lo veían todos los días en la cancha de Calchín. Nadie oculta la alegría de haber sido testigos de su crecimiento. Es sábado y hay fútbol. La entrada al Club Atlético Calchín es una fila de bicicletas, todas descansan sin candados tiradas en plena calle. Una postal de que la confianza reina en un pueblo dentro de un país llamado Argentina. Fabrizio Molina fue compañero de equipo de Julián en el Club Atlético Calchín. “La Arañita siempre fue la carta ganadora. No solamente lo sabíamos nosotros, sino también nuestro DT, el Rafa. Él nos decía que teníamos que jugar, pero que siempre lo buscáramos al Araña”. Detrás de la línea de cal había un mensaje claro, que siempre se repetía y llegaba a los oídos de sus dirigidos: “Chicos, buscarlo al Araña, por favor”. Ese era el plan perfecto. Con 13 años, La Araña ya había tenido pruebas en River, en Boca, en Argentinos Juniors… Un cazatalentos lo vio para llevarlo a probar al Real Madrid, incluso hasta llegaron a preguntar desde Barcelona por él. En España fue corta la estadía y no fue por falta de condiciones, lo que le jugó en contra fue la política de fichajes por ser menor de 13 años. Él tampoco estaba convencido de dejar su infancia en Calchín. Sin embargo, el pueblo ya no tenía estructura para mantenerlo. Él no lo sabía.

“Vos ibas a verlo jugar el sábado y él metía 5 o 6 goles, por lo menos”

RAFAEL VARAS, PRIMER ENTRENADOR DE JULIÁN

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SEGÚN PASAN LOS AÑOS
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    SEGÚN PASAN LOS AÑOS

Rafa Varas se define como un apasionado del fútbol. Gesticula al hablar y se emociona al contar la vida de Julián, como si la estuviese contando por primera vez. Dice que tuvo mucha suerte de cruzarse en su camino con Julián. De lunes a viernes, Rafa arranca su día a las 5 de la mañana. Es empleado público de mañana y de tarde tiene su escuela de fútbol llamada «Futuras estrellitas». Casi todos los días se desplaza hasta Córdoba (a 110 kilómetros de Calchín), donde es coordinador de las escuelas oficiales que River tiene en esa provincia. —La cantidad de goles que hacía… Eso no era normal. Pero no solo en el entrenamiento. Vos ibas a verlo jugar el sábado y él metía 5 o 6 goles. Tenía capacidad física, técnica e inteligencia para definir y hacer muchos goles. Fue goleador de todas las divisiones inferiores que jugó. Terminaban los partidos y había una secuencia que se repetía: Julián salía aplaudido por los rivales. Cuando los árbitros llegaban al estadio de Calchín, de inmediato lanzaban la pregunta: ¿Juega la Araña? El comentario comenzó a llegar a los demás pueblos: “Miren que en Calchín hay un nene, le dicen La Araña, juega bien y hace muchísimos goles”. —Julián iba a ser jugador de fútbol, nosotros podíamos mejorar una recepción, un pase, no mucho más. Lo que siempre rescato es su humildad. A todos los chicos les digo lo mismo, el respeto y la humildad es fundamental, eso te va a dar una buena vida. El Juli de chiquito tuvo un marketing que él mismo se lo buscó-, aclara Varas. Antes de irse a Manchester, Rafa recuerda uno de los últimos diálogos con su discípulo. —Estoy preocupado, me voy a otro lugar- fue la confesión de Julián. —Tu única preocupación es que no sabés hablar inglés. Pero los arcos son los mismos en Calchín, en River y allá. Vos hacés goles y los arcos tienen la misma medida-, lo tranquilizó Rafa.

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LA MISMA BANDA

Una pausa en un partido con el Club Atlético Calchín, el equipo que fue su plataforma de lanzamiento antes de llegar a River, donde celebró títulos desde siempre

Fabrizio Molina compartió equipo con Julián hasta los 14 años. “Antes de entrar a jugar nos daba una charla. Vos ves que parece que no habla, pero ya de chico era líder. Acá en el club nos íbamos al túnel, hacíamos como una rondita, un grito de ´irra irra´ y ahí nos hablaba de cómo teníamos que jugar, nos motivaba y entrábamos a la cancha. Esos son los mejores recuerdos que tengo con él”, cuenta. Rafa Varas ahora está sentado en la tribuna, mira la cancha como cualquier distraído: “Acá viví muchas cosas. Vi a los chicos ser campeones siendo yo el técnico cuando ganamos el campeonato en Primera y Reserva. Y ahora veo muchos chicos que ya armaron su familia. También viví muchas tristezas, niños que por diferentes motivos se fueron de este mundo y eso me movilizó. Hoy también recuerdo a esos niños que partieron al cielo y para mí son los ángeles que muchas veces sacaron la pelota de la línea o entraron y empujaron la pelota”, se emociona. La Araña no olvidó nunca a su mentor. Un gesto sirve para graficar su grandeza y cómo valora sus orígenes. Durante la pandemia, Rafa no pudo dirigir ni entrenar a los chicos. Transitaba un periodo de desempleo. Las tardes que dedicaba al fútbol desaparecieron de inmediato. Ese bache que usaba con el deporte lo obligó a buscar otra actividad. “Como también soy preventista, empecé a vender en todos los supermercados del pueblo. Tenía un auto, que ya me había quedado chico. Un día lo hablé con el papá de Julián, pasaron 20 horas y me llama un sábado para que fuera a su casa”, arranca. Rafa no llegó a salir que le entró otra llamada. Era de nuevo el papá de La Araña, que le dijo: “Voy yo”. “De repente llega una camioneta blanca a mi casa. Veía a alguien que se reía, tocaba bocina y festejaba como un loco. Acá nos conocemos todos y me di cuenta deque no era el auto de él. Estaciona, se baja y me dice: ‘Esto te lo manda La Araña’”. —Con su papá pasamos horas hablando del Juli. Una vez me dijo que tenía miedo de que no llegase a jugar. Yo intentaba tranquilizarlo y decirle que Julián iba a llegar. Cuando me da el regalo, lo vuelvo a abrazar al papá y le digo ‘viste que Julián iba a llegar’. Rafa recibió el regalo y dudó en llamarlo. Eran las diez de la noche y Julián estaba concentrado con River. A los minutos Rafa recibió un mensaje: “¿Mi papá te llevó el regalo?”, preguntó La Araña. Rafa se largó a llorar. “Yo nunca lo quiero molestar. Lo felicito alguna que otra vez. Pensá que él solo quería jugar al fútbol y hacer goles…”.

Texto Marcos Marini Rivera

19 de junio de 2024

CRÉDITOS

  • EDICIÓN PERIODÍSTICAAndrés Eliceche@aeliceche
  • EDICIÓN FOTOGRÁFICAAníbal Greco@anibalgreco
  • EDICIÓN VISUALAndrea Platón@aplatton
  • VIDEO
  • DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN GENERALMatías Boela, María Sol Coliva y Andrés Eliceche
  • PRODUCCIÓN PERIODÍSTICA Y ENTREVISTASMarcos Marini y Andrés Eliceche
  • PRODUCCIÓNMaría Sol Coliva, Ezequiel Díaz y Hernán Rodríguez Jany
  • COORDINADORES DE POSTPRODUCCIÓNJulieta Bollini y Francisco Ferrari
  • REALIZACIÓN AUDIOVISUAL Y CAMARÓGRAFOSJulieta Bollini y Tomás Morrison
  • EDICIÓN GRÁFICAAndrea Platón
  • EDICIÓN DE VIDEOLucio Sepliarsky, Matías Aimar, Julieta Bollini y Tomás Morrison

Fuente: Marcos Marini Rivera – LA NACION Deportes – Fotos: LA NACION Deportes