En el tramo 10 se quebró Daniel Sanders y perdió la punta en motos; Arnau Lledó fue llevado en helicóptero; susto para Luciano Benavides.
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La carrera más extrema del planeta, el desafío de mayor calibre que un piloto puede encarar durante dos semanas. El desierto y las rocas, el calor del día y las bajas temperaturas de la noche, los descansos en carpas individuales y a cielo abierto, la alimentación con raciones militares son algunos de los múltiples retos que tienen que sortear los participantes del Rally Dakar. La clase reina de la competencia más destacada y de mayor historia del rally-raid es el motociclismo, y también la más peligrosa. Los riders y los amateurs combinan en el camino velocidad con navegación para cumplir el parcial en el menor tiempo posible.
El desierto, la pista, abren trampas: no descubrir un waypoints implica retrasarse, limar las posibilidades de pulsear por la victoria; encarar con optimismo desmedido un salto, una duna, e intentar llegar al límite de velocidad en caminos de ripio y piedras pueden ser prolegómeno de una caída. El segundo parcial de la segunda etapa maratón de 2026, un recorrido de 368 kilómetros cronometrados entre el campamento refugio y Bisha, dejó secuelas: el australiano Daniel Sanders, de KTM y defensor del Touareg, se fracturó una clavícula; el español Arnau Lledó protagonizó un espeluznante accidente, se fracturó el tobillo izquierdo y fue trasladado en helicóptero.
La décima etapa se presentó como una batalla entre los tres principales candidatos a la victoria en motos y terminó en un drama para Sanders; un suplicio para el argentino Luciano Benavides, también de KTM, y un alivio para el estadounidense Ricky Brabec, de Honda. El trinomio no se guardó energías y salió a la pista decidido, sin especular. La gloria no tiene precio. Sanders inició la jornada como líder del clasificador general y por constancia y velocidad era el favorito, pero en el kilómetro 138 las esperanzas de repetir el triunfo de 2025 se desvanecieron por una caída dura del australiano, de 31 años, que es animador desde 2019. El accidente enseñó el espíritu del Dakar: Brabec detuvo la marcha para asistir a quien era el principal rival. La organización más tarde devolvió el tiempo perdido al estadounidense, que al recuperar 1m37s trepó a la cima general.
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“Pasé por encima de una duna y fue bastante aterrador. Casi aterricé sobre Tosha [Schareina, piloto de Honda], faltó muy poco. Y en cuanto me levanté supe que la clavícula estaba rota, y también el esternón. No fue agradable seguir manejando en las dunas, desafortunadamente ahí perdí el rally”, se lamentó amargamente Sanders, que completó el parcial –230 kilómetros– y al llegar a Bisha manifestó que la idea es afrontar las tres etapas que restan de la carrera. “Reevaluaré las lesiones con el equipo para ver si es seguro. No nos rendimos: mamá y papá no criaron a un cobarde, así que no voy a abandonar hasta que alguien me saque a rastras de la carrera. No voy a parar”, aseveró Chucky, que arribó 27 minutos más tarde que el vencedor de la etapa, el francés Adrien van Beveren (Honda); de primero cayó al cuarto casillero global, a 17m37s de diferencia de Brabec.
Sanders evitó la asistencia médica, porque teme que le prohíban seguir. “No puedo levantar el brazo, así que me agarro del manillar y noto cómo el hueso se me clava en la piel. No es agradable, duele mucho, pero me hace más fuerte”, explicó las sensaciones de correr con la fractura. Y sobre cómo afrontará el resto, tiene una idea: “Si acabo de correr 150 kilómetros por las dunas de arena, no debería ser tan grave. Ahora todo es roca, así que puedo levantarme y seguir; si fueran dunas sería más difícil. Los caminos de grava son un poco más fáciles”.
After a scary crash, Daniel Sanders is back at the bivouac. Drop your support messages below ❤️⬇️#Dakar2026 #DakarInSaudi pic.twitter.com/7QNaOXTGNR
— DAKAR RALLY (@dakar) January 14, 2026

















