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La Candela: el predio icónico donde Boca cobijó sus sueños, la omnipresencia de Maradona y cómo luce hoy, renovado

Comprado por Alberto J. Armando durante su presidencia, se transformó en un lugar emblemático del club. Desde hace 10 años le pertenece a Deportivo Riestra.

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La Candela, el complejo deportivo ubicado en Villa Luzuriaga que Boca utilizó durante más de 30 años como lugar de concentración y entrenamiento, hoy luce renovado y casi no quedan referencias de lo que fue. Los carteles con los colores de una bebida energizante monopolizan el paisaje y contrastan con el verde esmeralda del césped de las tres canchas de fútbol. El único símbolo que parece resistir al embate de los actuales propietarios es el tanque de agua montado sobre una columna de 25 metros que remata en forma de pelota y que conserva el histórico azul y amarillo, ya descolorido, como única referencia de un pasado lejano. La altura y la incomodidad que podría representar cambiar su aspecto supone la razón por la que el lugar conserva el último vestigio de pasado xeneize; pero el motivo es otro.

“Podríamos haber montado una lata de Speed, o pintarlo con los colores de la marca, pero preferimos mantenerla así en homenaje a lo que fue este lugar y a su historia”, le dice a LA NACION Diego Figueroa director deportivo de Deportivo Riestra e integrante de Energy Group, el actual propietario del rebautizado Speed Camp.

Una postal de La Candela de enero de 1965: Boca, mediante su presidente Alberto J. Armando, compró el predio en 1963
Una postal de La Candela de enero de 1965: Boca, mediante su presidente Alberto J. Armando, compró el predio en 1963DELUCCIO/LA NACION©

Los actuales dueños se esfuerzan por instalar la nueva denominación, pero el peso de la historia se impone y casi todos lo siguen llamando “La Candela”. El viejo nombre resiste al paso del tiempo y a los cambios de manos, y es la herencia imperturbable de los dueños originales que identificaron así a lo que originalmente fue una suntuosa quinta familiar. El predio, de algo más de cinco hectáreas, fue comprado en 1963 por Boca Juniors durante la presidencia de Alberto J. Armando en una decisión innovadora para la época. Al poco tiempo se transformó en el espacio de concentración y entrenamiento del plantel profesional, de las divisiones inferiores y también funcionó como pensión para los jugadores juveniles que llegaban del interior del país.

La Candela vivió años de esplendor durante los setenta cuando Boca, dirigido por Juan Carlos “Toto” Lorenzo, ganó dos Copas Libertadores en 1977 y 1978, la Copa Intercontinental en 1977, y antes un bicampeonato local en 1976. El reducto de entrenamiento del Villa Luzuriaga fue el ámbito donde se refugiaba ese equipo y el lugar donde se construyó uno de los capítulos más gloriosos del xeneize, sólo superado por la epopeya liderada por Carlos Bianchi años después.

Una charla ilustre en La Candela, Alberto J. Armando y Juan Carlos Lorenzo; entre 1976 y 1979, el presidente y el DT compartieron  una época de gloria en Boca

Una charla ilustre en La Candela, Alberto J. Armando y Juan Carlos Lorenzo; entre 1976 y 1979, el presidente y el DT compartieron una época de gloria en Boca

“Llegué para probarme, con 16 años en 1975 y me quedé prácticamente toda mi adolescencia ahí. Ese primer año jugué en 7ma y salimos campeones, al siguiente pasé a 6ta, donde volvimos a ganar y al poco tiempo me llamaron para jugar en Primera. La Candela se convirtió en mi segunda casa porque en esos años jugábamos el torneo local los domingos y la Libertadores los miércoles, por lo que estábamos mucho tiempo concentrados”, le dice a LA NACION Hugo Perotti, que transcurrió el final de su adolescencia y buena parte de su carrera como futbolista en el predio de San Justo y que, durante años, viajó desde su Moreno natal combinando el tren Sarmiento hasta Morón, y luego el colectivo. Hasta que luego de jugar en primera se compró un Fiat 128.

“El Mono”, como lo apodaron a Perotti, fue una pieza clave en el torneo Metropolitano que el conjunto xeneize ganó en 1981 bajo la conducción de Silvio Marzolini y que contó con figuras como Miguel Brindisi y Hugo Gatti, pero sobre todo con la presencia de Diego Maradona recién llegado de Argentinos Juniors. Ese año, La Candela ocupó un lugar destacado en las noticias de la época cuando un grupo de barras liderado por José “Abuelo” Barrita irrumpió en el predio intimidando a los jugadores y exigiendo mejorar el desempeño porque Boca, que disputaba la punta del campeonato con Ferro, atravesaba una racha de cuatro empates seguidos.

Agosto de 1981: Abel Alves, El Tano Pernía y Cacho Córdoba, en un entrenamiento de Boca, que se ese año ganó el Metropolitano, con Maradona incluido
Agosto de 1981: Abel Alves, El Tano Pernía y Cacho Córdoba, en un entrenamiento de Boca, que se ese año ganó el Metropolitano, con Maradona incluidoMIGUEL BUGGE/LA NACION©

“Yo estaba hablando por teléfono, porque en esa época no había celulares, y en el lugar había una sola línea, y Diego estaba atrás mío apurándome para que corte. En ese momento veo que entra un grupo grande de gente a la que no conocía. Enseguida nos dimos cuenta de que era la barra, pero a mí y a Diego nos hicieron callar y nos dijeron que no nos metiéramos, que el tema era con los jugadores más grandes. Al partido siguiente le ganamos a Estudiantes 1-0 y yo hice el gol”, recuerda Perotti, que dos partidos después marcó el tanto del triunfo 1-0 frente a Ferro en la Bombonera (con pase de Diego), una victoria vital que luego le permitió ganar el Metropolitano, el único título que Maradona alzó en Boca.

La presencia de Diego viviendo ese año en La Candela marcó la historia del lugar y las vueltas del destino lo volvieron a llevar al predio de Villa Luzuriaga, pero 40 años después de ese 1981 glorioso y pintado con otros colores.

El rincón táctico de La Candela, que hoy es propiedad de Víctor Stinfale, responsable del fútbol de Deportivo Riestra
El rincón táctico de La Candela, que hoy es propiedad de Víctor Stinfale, responsable del fútbol de Deportivo RiestraRicardo Pristupluk

En los años siguientes, el lugar perdió esplendor por la crisis que atravesó el club de la Ribera durante los años 80 y nunca recuperó el brillo que le otorgaron los equipos de Lorenzo, primero, y Maradona después. Boca Juniores dejó el lugar en 1997 y La Candela fue cedida, y luego vendida, a Jorge “Coqui” Raffo, un ex un jugador xeneize que formó el CEFAR (Centro de Entrenamiento de Futbolistas de Alto Rendimiento) un espacio para albergar a futbolistas en condición de libres.

Finalmente, en 2015 Raffo le vendió la propiedad al abogado Víctor Stinfale, amigo de Maradona, dueño de Energy Group y de la marca Speed y responsable del fútbol de Deportivo Riestra. El mandamás del Malevo repitió el plan que Alberto J. Armando ideó 50 años antes y renovó las instalaciones, convirtiéndolas en un centro de entrenamiento y concentración para un equipo de fútbol de primera división.

La imagen de Maradona luce en varios sectores de la casona de La Candela. Su figura trasciende por Boca, la selección y las charlas con el plantel de Riestra
La imagen de Maradona luce en varios sectores de la casona de La Candela. Su figura trasciende por Boca, la selección y las charlas con el plantel de RiestraRicardo Pristupluk

En el momento en que Stinfale adquiere la propiedad, Deportivo Riestra jugaba en la Primera B Metropolitana y ya había saltado tres categorías en cinco años, pero la obsesión de Stinfale era llevar al conjunto de Villa Soldati hasta la Primera División con su marca como estandarte y para esto contó con el apoyo de su cliente y amigo, Diego Armando Maradona. “Él venía muy seguido a este lugar, le gustaba mucho compartir tiempo con nosotros. Se quedaba a los asados con el equipo en charlas que fueron eternas. Diego amaba el fútbol y nos regaló momentos inolvidables”, recuerda Diego Figueroa acerca de las frecuentes visitas de Maradona al plantel de Riestra en La Candela.

Confort puro en la sala de estar de La Candela
Confort puro en la sala de estar de La CandelaRicardo Pristupluk

La casona principal fue restaurada por el nuevo dueño y conserva el esplendor del pasado, pero hoy cuenta con un atractivo adicional. Sus paredes están decoradas con un centenar de cuadros dispuestos de manera sucesiva con imágenes de Diego. Un Maradona omnipresente en todas sus facetas sale al encuentro del que pone un pie sobre el piso de madera reluciente y se convierten en un imán al que pocos se resisten a recorrer. Diego muy joven con la camiseta de Argentinos Juniors se enlaza con la imagen eterna foto besando la Copa en México 1986 y después sorprende un Diego maduro luciendo la camiseta de Newell’s, con los nombres de Dalma y Ganinna impresos en el frente de la camiseta arriba del sponsor. La sucesión es interminable y convierten a la casona en un museo del 10.

Una de las zonas para actividades complementarias, como pilates: La Candela ofrece todas las comodidades
Una de las zonas para actividades complementarias, como pilates: La Candela ofrece todas las comodidadesRicardo Pristupluk

El Speed Camp intimida por el orden y la pulcritud y las normas por las que se rige son máximas que cualquiera que pertenece al grupo sabe que son inalterables. “Buscamos que el que entre sienta que está en un centro deportivo de Europa. Para nosotros el orden es irrenunciable y queremos que lo que se respira acá sea lo mismo que haga el equipo en la cancha. Por ese motivo hay reglas que se deben cumplir y que el jugador luego las lleva a al campo de juego. El respeto y el cuidado son prioridad”, destaca Figueroa, que explica que no está permitido andar con el torso desnudo, pisar los sectores de pasto o transitar descalzo. “Puede parecer una tontera, pero son normas de respeto y para nosotros son importantes”.

La cancha donde se entrena el plantel de Deportivo Riestra, uno de los animadores del torneo Clausura de la Liga Profesional
La cancha donde se entrena el plantel de Deportivo Riestra, uno de los animadores del torneo Clausura de la Liga ProfesionalRicardo Pristupluk

La Candela vuelve a vivir una nueva etapa de esplendor, con instalaciones renovadas y con otro nombre, al estilo de los grandes estadios internacionales, que tal vez suene suntuoso para un predio ubicado en el conurbano bonaerense. El pasto, las paredes, los árboles permanecen mudos; incluso el arco dónde Diego les enseñaba a los jugadores de Riestra a patear tiros libres y los arengaba con ese inolvidable “arriesgá ahí, arriesgá”, pero si algo de todo eso despierta de su letargo y cobra vida, seguramente diría: “He visto a Maradona”.

Zona recreativa y de placer en La Candela
Zona recreativa y de placer en La CandelaRicardo Pristupluk