Esta noche, en el Argentina Open, el número 2 del ranking volverá a competir oficialmente luego de casi cuatro meses; su presencia en el BALTC generó una revolución.
Carlitos Alcaraz, el adolescente que revoluciona el mundo de las raquetas desde el año pasado, no compite desde hace casi cuatro meses. El 4 de noviembre, en París-Bercy, el español de 19 años sufrió una lesión abdominal y, después de hacer la rehabilitación, cuando se disponía a regresar al tour, volvió a lastimarse (sufrió una lesión muscular en la pierna derecha). Pero aquello intenta ser sólo un mal recuerdo. Perdió la cima del ranking hace algunos días (cuando Novak Djokovic regresó el número uno al conquistar Australia), pero es un número dos del ranking distinto, con aura y mucho carisma. Esta noche, Buenos Aires será el foco de atención del circuito porque el murciano se presentará en el ATP porteño por primera vez: no antes de las 20 (por TyC Sports), como máximo preclasificado, se medirá por los octavos de final ante el serbio Laslo Djere, 57° del mundo.
La presencia de Alcaraz en la 23ª edición del Argentina Open revolucionó cada rincón del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Las entradas para todas las jornadas nocturnas ya están agotadas. El campeón del último US Open atrae por sus movimientos dentro del court (en el predio hay una pasarela desde donde los espectadores pueden disfrutar de los entrenamientos en las canchas número 12 y 13), pero también cautiva por su forma de relacionarse cuando deja de pegar raquetazos. “Es súper relajado y agradable”, coinciden aquellos que lo tratan en el BALTC. No es nada exagerado decir que se generó una suerte de “Alcarazmanía” entre los amantes del deporte de las raquetas en Buenos Aires.
Ya es una rutina diaria: luego de sus ensayos y antes de perderse en el vestuario, Carlitos se detiene a firmar decenas de autógrafos y a tomarse un sinfín de selfies. Lo hace sin apuro y con calidez. Sonríe, saluda, agradece. No se incomoda por algunas escenas de histeria y fascinación.
El español nacido en El Palmar, una localidad de 24.000 habitantes de Murcia, en el sureste de la península ibérica, está por primera vez en la Argentina y se aloja en un hotel del barrio de Retiro. Está acompañado por su padre (Carlos) y su hermano mayor (Álvaro), también por su tío, su agente (Albert Molina, que había visitado varias veces el país como manager de David Ferrer), su fisioterapeuta (Juanjo Moreno) y Toni Cascales, el emblemático coach de Juan Carlos Ferrero (principal entrenador de Carlitos, que no viajó a Buenos Aires). Alcaraz tiene prioridad en la transportación del torneo, pero se mueve sin aires de divo. Molina o Cascales son quienes suelen dejar sus raquetas en el equipo de encordadores. Desde que llegó al país, el viernes pasado, Carlos y su grupo fueron a cenar todas las noches a sitios distintos, en Puerto Madero y Palermo (carne, pastas y sushi fueron sus elecciones).
Carlitos probó el dulce de leche y el alfajor; también recibió un mate de obsequio. Durante una mañana del fin de semana pasado, visitó el Obelisco para una acción de promoción del torneo, junto con Diego Schwartzman, el británico Cameron Norrie, el italiano Lorenzo Musetti y el austriaco Dominic Thiem. Los cinco jugadores observaron con atención el baile de la pareja campeona del Mundial de Tango 2013, Florencia Zárate y Guido Palacios, y luego, un equipo de bailarinas se encargó de marcarles algunos pasos. Se divirtieron y bromearon ante algunos “errores” de coordinación.
Hace unos días, Carlos Alcaraz (padre) sorprendió a Martín Jaite, director del Argentina Open, mostrándole una fotografía en la que se observa al ex Top Ten (en 1990) luego de ganar un torneo Satélite en 1983, en Murcia. Uno de los alcanzapelotas que acompañan a Jaite en la imagen es, precisamente, el papá de Carlitos, que conservaba esa foto en la casa de sus padres y le pidió a Jaite que la firmara para tenerla de recuerdo. La imagen se sitúa en la Real Sociedad Club de Campo de Murcia, institución conocida como “Tiro de Pichón”, que es el sitio en el que se formó Alcaraz.
Desde que Alcaraz confirmó su asistencia al Argentina Open, los organizadores le asignaron una persona de seguridad. Evaristo Sanguinetti es la estampilla de Carlitos durante las 24 horas. Técnico superior en seguridad urbana y portuaria, y (casi) licenciado en seguridad tecnológica (le falta la tesis), se aloja en el mismo hotel que el tenista español y está constantemente a su disposición. El rostro de Sanguinetti es familiar: durante su vida profesional fue custodio de figuras como Madonna, los Rolling Stones, Diego Maradona, Usain Bolt y Antonio Banderas. Y también de leyendas del tenis como Roger Federer (cuando el suizo jugó exhibiciones en la Argentina) y Rafael Nadal, cuando el español compitió en el ATP de Buenos Aires. “Es demasiado chico para ser tan ubicado, tan adulto a la vez. Se ve que tiene una cabeza espectacular y es el reflejo de la educación que tiene desde la familia. Es un divino. Híper profesional y con ángel para triunfar. Tiene la humildad de los grandes”, le cuenta Sanguinetti a LA NACION, disculpándose por no profundizar en cuestiones más privadas del entorno del jugador.
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“Estuve con muchas figuras y mi función es que se sientan cómodas. Yo soy ciego, sordo y mudo. Sólo puedo decir que estuve con muchos grandes muy reconocidos y no todos tienen los pies sobre la tierra como Carlos. Insisto: por momentos no te das cuenta que tenga sólo 19 años. Es humilde, sensato. Por lo visto, el papá y su familia se criaron alrededor del deporte, que es algo que te da todo: conocer el fracaso, los triunfos, la perseverancia, el entrenamiento”, aporta Sanguinetti.
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El custodio de Alcaraz dice que el comportamiento de Carlitos le recuerda al de Nadal, “por la humildad y por cómo se maneja con su grupo”. Y añade: “A este nivel de popularidad, la educación es muy importante. Cuando se pone a firmar autógrafos yo le pido que me avise si se cansa, si quiere seguir de largo, etcétera, y sin embargo no tiene ningún problema. Actúa naturalmente, no está de mal humor. Veo un equipo de trabajo muy armonioso a su alrededor”.
Ayer se produjo una situación simpática que, de cierta manera, ilustra la modestia que exhibe el chico que en septiembre pasado se convirtió en el número uno más joven de la historia (19 años). Cuando llegó al court 13 para entrenarse con su compatriota Bernabé Zapata Miralles, la cancha recién había sido utilizada por otros jugadores y no estaba preparada para el nuevo turno. Lejos de incomodarse, Cascales pasó la rastra y, luego, el propio Carlitos agarró la escoba y se puso a barrer los flejes.
Fuente:
Sebastián Torok LA NACION – Fotos: Argentina Open – SERGIO LLAMERA – Prensa Argentina Open – LA NACION Deportes- Twitter:
Sebastián Torok@sebatorok – LA NACION Deportes
















