Una definición electrizante arrojó la victoria de la Academia en Boulogne, por un tanto; el local, que defendía con 12 jugadores, accedió a las semifinales, al igual que el campeón.
Más emoción, más vibración, imposible. El superclásico del rugby tuvo un desenlace insólito, lleno de tensión, incertidumbre y nervios. A dos minutos de cumplirse el tiempo regular, ganaba San Isidro Club por 28 a 22 y tenía 14 jugadores. Atacaba su archirrival, Club Atlético de San Isidro, que necesitaba un try convertido. La pelota estaba cerca, a unos 5 metros, del in-goal zanjero. Scrum, ruck, infracción. Scrum, ruck, infracción. Otra amonestación: SIC pasó a tener 13 hombres.
Scrum, ruck, infracción. Y otra vez. La Academia no abría la pelota; insistía con mini-mauls. Metro por metro. Estaba al borde de perder el balón, pero una falta salvadora del local le daba otra vida a CASI. Y otro repiqueteo. Y otra infracción. Y otra tarjeta amarilla: SIC defendía ya con 12 hombres. Incluso sol en contra tenía. El reloj indicaba 90 minutos ya. Prácticamente, un partido de fútbol.
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Hasta que la enésima falta, un scrum con posesión ajena girado, convenció al árbitro Nehuén Jauri Rivero: try-penal. SIC 28 vs. CASI 29. Justo frente a la tribuna llena de fanáticos blancos y negros, que estallaron de euforia. La Academia ganaba el capítulo 135 del clásico de San Isidro, conseguía su triunfo 70 y pasaba a tener 15 de ventaja (10 empates), celebraba como visitante y se desquitaba de la dolorosa caída sufrida en su cancha, la Catedral, en junio, también consumada sobre el cierre del juego y con una remontada, en aquel caso, de SIC.
Compacto de SIC 28 vs. CASI 29


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