//Una charla emocionante: La clase magistral de Hernández, Lamas y Magnano: los secretos de la Generación Dorada, el liderazgo, jugar en equipo y lidiar con la presión

Una charla emocionante: La clase magistral de Hernández, Lamas y Magnano: los secretos de la Generación Dorada, el liderazgo, jugar en equipo y lidiar con la presión

Reflexiones para el recuerdo de parte de los tres entrenadores que guiaron el éxito de la Selección de básquetbol de Ginóbili, Scola, Nocioni, Oberto y compañía.

Si el básquetbol argentino se adueñó de un prestigio internacional que perdura, fue por la Generación Dorada que dio el gran golpe al vencer por primera vez a un Dream Team y llegar a la final del Mundial de Indianápolis 2002, se consagró campeona olímpica en Atenas 2004, fue bronce en Beijing 2008 y contagió su identidad a sus sucesores subcampeones mundiales en China 2019.

Emanuel GinóbiliLuis ScolaAndrés NocioniFabricio ObertoJuan Ignacio Sánchez y tantas otras leyendas del deporte argentino le dieron paso a Facundo CampazzoNicolás LaprovíttolaGabriel Deck y compañía. Y todos ellos tuvieron conductores: Rubén MagnanoSergio Hernández y Julio Lamas.

Estos tres entrenadores que supieron amalgamar los talentos individuales en un equipo con todas las letras se reunieron el martes 26 de julio en Córdoba y deleitaron y emocionaron a un auditorio presencial y a cientos que siguieron la transmisión virtual del evento organizado por Sancor Salud.

La Generación Dorada estuvo siempre en sus palabras a pura anécdota, pero los ejes temáticos fueron tan variados como atrapantes: el liderazgo, el trabajo en equipo, lidiar con la presión y la frustración, y proyectar un futuro.

Bienvenidos a reflexiones sobre el deporte y sobre la vida misma.

La Generación Dorada, ejemplo de todo

En Atenas 2004, la Selección de básquetbol se convirtió en la Generación Dorada. Foto Ricardo GonzálezEn Atenas 2004, la Selección de básquetbol se convirtió en la Generación Dorada. Foto Ricardo González

Rubén Magnano: “Cuando me preguntan por qué una camada de jugadores se transformó en la Generación Dorada, repito que desde el primer día se pusieron a disposición con un altísimo grado de compromiso. Campeones de Europa pusieron su talento individual al servicio del equipo. Existía el ego bien entendido. Una de las distinciones determinantes fue la equidad: si todos tenían que usar camisa blanca, usaban la camisa blanca; si se cenaba a las 21 sin celulares, se respetaba. Se me tildó de todo por eso, pero tenía mis porqués. La comunicación acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca. Mi intención era que los muchachos comieran contándose pequeñas cosas de sus vidas. Que afianzaran la comunicación y la transpolaran a la cancha. Si alguno le tenía que decir algo al otro, se lo decía y era aceptado. Tenían un altísimo sentido de pertenencia y el trabajo dio sus frutos. Nuestro modus operandi era: ‘Nadie juega con el esfuerzo de un compañero’. En la previa de la victoria ante Estados Unidos en el Mundial de Indianápolis 2002, los noté incrédulos en el vestuario, como si se hubieran olvidado del primer día de trabajo. Los grandes equipos de trabajo se muestran en los grandes momentos, pero se construyen diariamente. No es que en la charla técnica logré algo; lo único que hice fue activarlos para que salieran a jugar”.

-Sergio Hernández: “La bronca por una derrota te la llevás igual, pero lo importante es prepararte. Lo primero es la educación recibida en tu familia y los valores. Esas son tus fortalezas para soportar las derrotas y vivir los triunfos. En el Mundial de Japón 2006, perdimos la semifinal con España porque el triple de Chapu Nocioni no entró por un centímetro. Esa generación que había tenido su mejor performance en el Mundial de 2002 y había sido campeona olímpica era tan admirada que los periodistas no preguntaron nada en la zona mixta. Entramos al vestuario en un silencio sepulcral. No pasó un minuto y Manu se paró y dijo: ‘Pónganse todos la ropa que vamos a la zona mixta porque cuando ganamos nos encantó hablar. Ahora vamos todos a hablar’. Y fueron todos. Y Pepe Sánchez, que era el capitán, me dijo: ‘A la conferencia de prensa voy yo’. Cuando hablás de liderazgo, estas cosas son las que te muestran a tipos diferentes. ¿Por qué eran tan buenos? ¿Porque metían 30 puntos? No, porque son tipos que te llevan a lugares a los que no podés ir sin ellos”.

Rubén Magnano: “Siempre se dice y se escucha que la frustración más grande es la derrota, pero en el deporte el sabor más amargo es el intento no intentado. Yo no me voy a reír después de una derrota, pero si fuimos coherentes, respetuosos, disciplinados y comprometidos desde el primer día hasta la final, sé que lo intentamos. Los integrantes de la Generación Dorada son personajes humildemente inteligentes. Por eso llegaron hasta donde llegaron. No solamente saben jugar al básquetbol sino que tienen inteligencia de comportamiento. Lo que me tocó vivir con esta generación es que cada uno percibía que quería ser más grande que el que estaba al lado”.

Julio Lamas: “Cuando perdimos el bronce olímpico en Londres 2012, fue una de las derrotas más amargas. En el vestuario había lágrimas (yo las tuve en la habitación de la Villa Olímpica) y Scola me preguntó: ‘¿Puedo decir algo?‘. Y dijo: ‘Volvimos a jugar bien otra vez y perdimos la medalla, pero prefiero perder con ustedes usando esta camiseta que ganar con otros’ (se le quiebra la voz). En el vuelo de regreso, pensé en que cuando estás en un equipo de lo que sea, si vos lográs que los jugadores sean dueños del equipo, está el trabajo hecho. Porque nadie va a cuidar más algo que lo que es de uno”.

Rubén Magnano: “Siempre cuento que Fabricio Oberto, apenas ganó el oro en Atenas 2004, fue a la zona mixta y le preguntaron cuál había sido su mejor partido. “La final”, respondió. Y él no la había jugado porque estaba quebrado. Eso es el sentido de pertenencia. Vos no tenés alternativa después de una derrota. Sí tenés alternativa para buscar cómo te preparás para salir a ganar de nuevo. Si perdiste, es historia. La capacidad es ir a buscar ganar nuevamente”.

El arte de manejar la presión

Rubén Magnano, entrenador campeón olímpico y subcampeón mundial.Rubén Magnano, entrenador campeón olímpico y subcampeón mundial.

Julio Lamas: “El alto rendimiento es una actividad orientada a conseguir resultados. Tenés que poder convivir con esa situación y por eso hay que capacitarse. Hay un autoliderazgo en el que gestionás tus emociones para no pasarle cosas negativas al equipo. A la presión la generan las expectativas previas, la presión del entorno y las consecuencias. Con el tiempo aprendés que tenés que apagar los ruidos externos, las cosas que no están en tus manos, y tratar de tener tu cabeza y la del equipo con la atención plena. Si pensás para atrás, es bajón. Y para adelante, angustia. Cada vez que tu cabeza tenga una conversación que te distraiga, andá al plan de juego. Vos das todo antes y durante: si ganás, sos feliz; si perdés, tenés la conciencia tranquila”.

Rubén Magnano: “Hace mucho tiempo me propuse cambiar la expresión: pienso en el desafío en lugar de la presión. No ando por la vida leyendo ni mirando lo que dicen de mí. No es por vanidoso; es por desafiante. El básquetbol me sonrió muchísimas veces, pero tampoco focalicé tanto en eso. Fui bastante mesurado. Tiene que ver con el grado de coherencia con el que te planteás los objetivos. Los compromisos no se descubren, se declaran. Yo dije que estaríamos entre los seis mejores del Mundial de 2002 y llegamos a la final. La coherencia es clave y tiene que ver con el grado de desafío o presión que te vas poniendo”.

Sergio Hernández: “Soy honesto: sigo sufriendo la presión del alto rendimiento. De hecho, me incomoda. Ya no estoy tan amigo de la competencia. Me gusta más enseñar. Bah, esto es falso porque necesito competir a todo, je. Cuento una anécdota sobre la presión. Nosotros le ganamos a Francia la semifinal del Mundial de 2019, algo que no estaba en los planes en la previa, y llegamos invictos a la final. Entré al vestuario y era todo un caos: jugadores desnudos parados en las mesas, música a tope, Deck con su cumbia… Faltaba Luis Scola, nuestro líder, que la rompió y parecía un pibe de 20 años. Cuando entró, abrazó a todos uno por uno, hubo un poco de joda y de a poquito se sentó en su lugar y se quedó en silencio. Los jugadores empezaron a sentarse en sus lugares y se armó el silencio. Esperaban que yo dijera algo. ‘Luis, tu turno’, le dije. Scola les habló: ‘Teníamos 25 minutos para festejar. Ahora apaguemos todos los ruidos. Nos queda un partido de dos horas, 40 minutos netos y 80 posesiones para lograr algo que ni la Generación Dorada pudo lograr’. Dio a entender que una final del mundo es como cualquier partido -aunque es una final-, porque si no te pasás y es tóxico. Eso es manejar la presión: focalizar en lo que tenés que hacer. Si pensás en las consecuencias, ni entrás a la cancha”.

Julio Lamas: “Antes del Preolímpico de Mar del Plata 2011, la expectativa era tal que imponía que estaba ganado antes de jugarse, lo que era mentira. Ganamos la semifinal ante Puerto Rico después de un triple errado por Barea y clasificamos a Londres 2012. Lo primero que le dicen a Manu es: ‘¡Qué duro!”. Y les responde a los periodistas: ‘Fue el partido de mayor presión de mi carrera,a porque si nosotros no ganábamos acá delante de nuestras familias, no sé cómo cómo lo íbamos a poder superar’. Para el mundo de la empresa, donde no hay interacción pública en los medios, la clave es que los expertos puedan elegir la música con la que el grupo va a bailar. Que se le pueda poner un escalón ambicioso pero posible y razonable para que el grupo tenga su performance. En el deporte eso sucede cuando el equipo no tiene deudas pendientes, porque los nervios y las presiones juegan su partido”.

Jugar en equipo

Julio Lamas, cuando dirigió a la Generación Dorada en el Preolímpico de Mar del Plata 2011. Foto DYNJulio Lamas, cuando dirigió a la Generación Dorada en el Preolímpico de Mar del Plata 2011. Foto DYN

Julio Lamas: “En el deporte también la historia la escriben los que ganan y la gente se siente atraída por eso. Pero el pacto principal es jugar para el equipo y no para uno mismo. El propósito es dejar de ser un grupo de personas y convertirse en un equipo. En Londres 2012 les dije: ‘Tenemos que aprender a defender sin Fabricio (Oberto)’. Y un día Ginóbili tomó 10 rebotes y estaba contento como un chico. Cuando los jugadores no tiran para el mismo lado, no te va bien”.

Rubén Magnano: “Gestionar el talento no es sencillo, pero cuando se logra hacer entender que ese talento se ponga al servicio del equipo, las posibilidades de lograr el objetivo se te ponen al alcance de la mano. Solo vas más rápido, pero juntos vamos más lejos”.

-Sergio Hernández: “¿No será que siempre vemos más valores en los equipos ganadores? A lo mejor un equipo que se va al descenso tiene química, pero lo que no se le dio es el juego. Parece que sólo tienen valores la Generación Dorada, los campeones mundiales de México 1986 y algunos planteles de las Leonas. Pero hay equipos que fueron súper unidos con química y nadie habla de ellos solamente porque no han ganado nada”.

Las cualidades de un líder

Sergio Hernández, en una entrevista con Clarín de 2021. Foto Juano TesoneSergio Hernández, en una entrevista con Clarín de 2021. Foto Juano Tesone

Rubén Magnano: “El líder debe entender que ganar es solamente el resultado de lo que realmente cuenta, que es la experiencia vivida. Lo más dificil es reconocer el error. Un buen líder es el que levanta la mano, sin importar la edad, y dice: ‘Yo me equivoqué’. Eso lo engrandece sobremanera. El conocimiento no te garantiza un buen liderazgo. Es sumamente importante la preparación para poder conducir y acompañar al verdadero capital que tenemos: la materia prima, los jugadores. Un buen líder es extremadamente coherente con lo que dice o con lo que hace. La incoherencia es como la mentira: tiene patas cortas. Para poder liderar tenés que ser aceptado. Si no, difícilmente puedas despertar alguna inquietud en la persona que liderás”.

Julio Lamas: “El grupo te tiene que convalidar como líder y para eso es muy importante ser auténtico, ser uno mismo, no caer en la tentación de imitar a otro, tener la capacidad de comunicar el conocimiento que tenés. Te ganás la confianza del grupo cuando sabés de lo que hablás y cuando tenés la capacidad de comunicarlo y de construir confianza. Cuesta mucho trabajo construir la confianza, pero la podés romper en cinco minutos. Hay que se coherente entre lo que decís y lo que hacés”.

Sergio Hernández: “Una vez escribí un texto sobre el liderazgo y se lo mandé a 10 personas, entre ellas Adrián Paenza. A su estilo, me contestó: ‘No estoy de acuerdo. No comparto que una persona se autoproclame líder’. Casi me muero. Me puse colorado al leer su mail. Me pareció agresivo y fuerte, pero empecé a entenderlo. Nosotros somos entrenadores y somos líderes impuestos por alguien. Entendí que lo primero es centrarte en tu rol y ahí está metido el conocimiento. El jugador busca tu conocimiento para que vos lo hagas mejor en lo individual y en lo colectivo. Eso le genera confianza y así serás aceptado para que te sigan. Con el tiempo aprendí que el liderazgo es un servicio, porque cuando te sentás en un lugar de mando, de toma de decisiones, estás en posición de poder. Y si no entendés que tenés que estar al servicio del equipo con tu rol, es peligroso, porque liderar y manipular están ahí. Nosotros no podemos manipular a nadie. No damos órdenes; buscamos conseguir cosas por convicción y no por obediencia. Creo que hay cosas naturales en alguien para gestionar: tener personalidad y capacidad. Pero fundamentalmente el conocimiento, entender que es un servicio, la autenticidad, la generosidad.

El arte de comunicar el mensaje

Rubén Magnano celebra el triunfo ante Estados Unidos en Atenas 2004. Foto APRubén Magnano celebra el triunfo ante Estados Unidos en Atenas 2004. Foto AP

Julio Lamas: “La capacidad de comunicar es decisiva. Hace 30, 20 o 10 años le hablábamos a un jugador de una manera diferente a la de ahora. Las herramientas y el tiempo de atención de un joven de hoy son diferentes. Hay que conocer a los jugadores. Tenés que ver por dónde le entrás a la persona para no decir tonterías. A veces es mejor no decir nada hasta no saber bien lo que querés decir. Primero hay que tener empatía, saber cómo es la persona, qué le pasa, cuáles son sus motivaciones… Esto es decisivo para poder guiar y tratar de proponerle al grupo un objetivo colectivo y a cada persona, un progreso individual”.

Rubén Magnano: “La comunicación tenemos que gestionarla con el compromiso y no por obligación. La comunicación llega si es interpretada y eso tiene que ver con la capacidad de la escucha. Oigo, percibo, interpreto… Escuchar no es lo mismo que oír. Un conductor tiene que garantizar la interpretación de la comunicación. Así se aprende, se entiende y se economiza tiempo. Muchas veces nos pasa que corregimos 5 o 6 veces las cosas en un partido. No es que un jugador no quiera hacerlo sino que no sabe o no puede hacerlo. La comunicación crea el ambiente laboral. Es un ingrediente pilar para amasar la torta de la experiencia laboral. La escucha es fundamental”.

Sergio Hernández: “Una vez di una charla en una empresa junto a Pepe Sánchez y él dijo: ‘Les quiero aclarar que estudié Filosofía y Letras durante cuatro años en Estados Unidos y tengo la cabeza explotada. No puedo hablar de liderazgo y de trabajo en equipo sin partir del concepto filosófico de que el ser humano es egoísta por naturaleza. No es altruista’. Entonces, si un trabajo en equipo lo van a hacer 10 o 15 personas que ponen su esfuerzo y su ego al servicio de ir para adelante, el tema es cómo lograr con la comunicación, la docencia y la convicción que el egoísta de enfrente diga: ‘Ah, sí pongo mi ego al servicio de algo. Me convenciste’. Pero es justamente porque la naturaleza le indica que si ponés el egoísmo ahí le va a volver el doble. Si uno va a comunicar sólo por el mero altruismo, solo porque hay que trabajar en equipo, el que te escucha te dice: ‘Tanto no me llega’. El ser humano algo se quiere llevar y por eso es díficil que se ponga de entrada detrás de una causa”.

Trabajar con un cuerpo técnico

Sergio Hernández y Julio Lamas, con Fabricio Obeero en el medio, en los Premios Clarín 2015. Foto Mario QuinterosSergio Hernández y Julio Lamas, con Fabricio Obeero en el medio, en los Premios Clarín 2015. Foto Mario Quinteros

Rubén Magnano: “El primer partido que tenés que ganar es el de la conformación del equipo: jugadores y cuerpo técnico. El staff te tiene que inspirar respeto, confianza y lealtad, pero también conocimiento y preparación. ¿Qué hacer si me pasa algo? ¿Quién se hace cargo del equipo? Mi asistente tiene que intentar llegar a mi cargo, pero que no me entere porque si no lo liquido, je”.

-Julio Lamas: “El cuerpo técnico es el equipo que dirige al equipo. La inteligencia está en saber trabajar con muchos profesionales interdisciplinarios. A las personas con área de responsabilidad les doy autonomía después de que demostraron ganas y compromiso con el funcionamiento y el resultado del equipo”.

Sergio Hernández: “Hay cosas que hacen mis asistentes que no yo no sé hacer. La big data es de un nivel altísimo. En la NBA hay tipos que ni ven el partido y se la pasan cortando videos. En el cuerpo técnico hay gente que les dice lo que tienen que hacer y luego lo filtran para que le llegue la información al entrenador principal. Hoy parece que los datos y los scoutings son los que van a hacer ganar un partido. ¡Ni loco! Te pueden ayudar a ganar un juego y sin eso perdés ventaja, pero no es lo esencial”.

Rubén Magnano: “Esta minucia específica que ha ganado tanto lugar a veces excede, porque cada individuo tiene algo interesante: la creatividad. Contra el talento no hay estudio que valga”.

El futuro es de los jóvenes

Sergio Hernández: “No creo que haya menos educación que antes. Me rodeo de jóvenes, tengo hijos jóvenes y no creo que vengan menos educados. Es una vida diferente: antes estábamos todo el día en el club. Sí tenemos problemas en que no crecemos como organización en relación a otros países. Se hace lo que se puede y demasiados jugadores desparecen. Hay que darles más oportunidades a los jóvenes, ofrecerles el deporte como un derecho y no como un privilegio, y así veremos cada vez más. Tiene prensa lo malo, pero lo mejor siempre está por venir. En la juventud hay muchísimo potencial. Me tocó dirigir la renovación casi completa de la Generación Dorada desde Toronto 2015 y Campazzo y Laprovíttola se animaron a decir: ‘Queremos escribir nuestra propia historia’. Y van a a venir otros…”.

Rubén Magnano: “En estos tiempos de adversidades económicas, es clave el ingenio para sortearlas y no quedarnos en excusas. Yo presenté un proyecto de minibásquet en un colegio de curas y así empezó mi carrera. No esperen que les golpeen la puerta”.

HS

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Fuente:Clarín.com Deportes – Fotos: Prensa SanCor Salud – Ricardo González – DYN – Juano Tesone – AP – Mario Quinteros – Clarín.com Deportes