//¿Por qué es tan importante el Luna Park? Historia de pasiones para el boxeo argentino

¿Por qué es tan importante el Luna Park? Historia de pasiones para el boxeo argentino

El mítico escenario porteño despierta pasiones difíciles de explicar. Recibió a los más grandes. Fue siempre la gran referencia para el deporte. Pero es mucho más que eso. Boxeadores sueñan con pelear allí; el público anhela asistir, rememorando épicos combates. Ahora, reabrirá las puertas el 20 de noviembre, en vivo por TyC Sports y TyC Sports Play. Mientras tanto, repasemos lo que significa la experiencia de asistir a Corrientes y Bouchard.

Parece al menos curioso que un recinto sea capaz de generar pasiones, fanatismo. Algunos hablan hasta de amor. Sucede en el fútbol con determinadas canchas, que no hace falta nombrar. Pero en el boxeo, hay un lugar único: el estadio Luna Park. Ese mítico escenario porteño cuya historia de épica y gloria hace que despierte devoción. Llama la atención. Sí, se puede ser fanático de un estadio

¿Qué nos hace quererlo tanto? ¿Cómo se entiende? Se transmite generación tras generación. ¿Quién no ha escuchado acaso alguna vez una frase como: “Boxeo era el de antes, el del Luna Park”? Dichos de esa índole se instalan en el inconsciente colectivo. Trasciende edades. Puede que no tenga explicaciones lógicas. ¿Qué sabe el corazón de lógica? Las pasiones no se explican.

El Luna tiene ese “no sé qué” del boxeo, esa expectativa única que concentra como ningún otro escenario. Todo boxeador quiere pelear allí. Sueñan con él. Todo fanático anhela ir. Incluso, en ocasiones, primero se saca la entrada, luego se pregunta quién pelea. Tiene esa cualidad tan peculiar, en que la figura, muchas veces es el mismo Luna Park.

Claro, eso conlleva gran responsabilidad. El Palacio de los Deportes de Corrientes y Bouchard es sinónimo de buen boxeo, de boxeo en serio. No se puede programar cualquier cosa. El público, que primero va por el Luna, luego lo hace sentir.

HOGAR DE LA EXCELENCIA

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Pocos se hubieran imaginado en aquella inauguración en mayo de 1932, que el Luna Park se convertiría en una sede de eventos asociados siempre a la excelencia. Construido para el boxeo, se cristalizó rápidamente en una referencia de grandes combates, a pesar de comenzar al aire libre, descubierto. Recién en 1934, a ese terreno que originariamente pertenecía al ferrocarril le llegaría su techo. Ya no había que mirar al cielo horas antes y rezar que no lloviese. Ahora, podía suceder lo que al clima se le antojase. El espectáculo estaría asegurado. Y con ello, llegaría su época de explosión.

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A partir de entonces, el Luna Park iría creciendo en popularidad. Se transformaría en el clásico pugilístico por excelencia. Vería desfilar a grandes figuras del país, así como también del extranjero. Y con ello, nacerían los primeros ídolos del boxeo nacional, como también sería sede de los incipientes clásicos. Albergó a figuras de la talla de Luis Ángel Firpo -precursor de la reglamentación de la disciplina en nuestro país-, Justo SuárezAlberto LovellEduardo Lausse, en sus inicios. Llegarían duelos como José “El Mono” Gatica ante su archirrival Alfredo Prada, que dividieron al país enfrentándose seis veces -incluyendo sus choques amateurs- en encarnizados combates, con tres victorias por lado. Y hubo muchos clásicos más… Podrán mencionarse Ricardo GonzálezAlfredo Bunetta, luego el propio Lausse ante Andrés Selpa, y ni qué hablar de Oscar “Ringo” Bonavena frente a Gregorio “Goyo” Peralta -con récord de audiencia con 25.236 espectadores en 1965-.

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Adoptó al panameño nacionalizado argentino Luis Federico Thompson. Fue el hogar de los grandes ídolos, esos históricos campeones. Vio brillar a Pascual PérezNicolino Locche lo llenaba, Carlos Monzón lo dejaba estupefacto, Horacio Accavallo despertaba admiración, Víctor Galíndez lo impactó. La lista es interminable. Hugo CorroSergio Víctor PalmaSantos “Falucho” LaciarGustavo BallasUbaldo Sacco, y más acá, Juan CoggiJorge “Roña” Castro, y tantos, pero tantos más. Todo grande, pasaba por el Luna.

Dale, campeón; dale, campeón… Dale, campeón; dale, campeón”, grito que le cabía a cualquiera de sus hijos.

El Luna también fue hogar de referentes del boxeo internacional. Acogió entre otros al eterno estadounidense Archie Moore, al cubano Gerardo González, mundialmente conocido por su pseudónimo Kid Gavilán, el japonés Yoshio Shirai -aquel luego destronado en su país por Pascual Pérez-, el español Fred Galiana, y podríamos seguir.

El boxeo de calidad, pasaba por Corrientes y Bouchard. Tal era la referencia en esta disciplina, que existieron épocas en las que no sólo había boxeo los viernes y sábadosSe agregaban los domingos y los miércoles. El público lo pedía. Había que ir al Luna. Era sinónimo de excelencia.

EL LUNA, CASA DE GRANDES EVENTOS

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Si bien el boxeo fue el distintivo preferencial del Luna Park, sus instalaciones recibieron toda clase de eventos de primer orden mundial, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Albergó las estrellas más destacas de todos los ámbitos. Entre los más recordados se encuentran los dos recitales que Frank Sinatra brindó en 1981, en la única visita al país para cantar -que incluyó además cuatro shows exclusivos en el Hotel Sheraton-. Pero hubo mucho más.

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Si músicos extranjeros hablamos, también recibió a BB KingRay CharlesLiza MinnelliLuciano PavarottiJosé CarrerasRingo StarrJoan Manuel SerratTom JonesCalle 13Luis Miguel e infinitos más.

Fue el escenario escogido por Charly García y Nito Mestre para sus inolvidables Adiós Sui Géneris, esos recitales que despidieron al dúo en 1975. Y hubo tantos más. No alcanzarían las líneas para mencionar a los intérpretes nacionales.

Vio como Argentina se transformó en el primer campeón mundial de básquet de la historia en 1950, evento del que fue sede memorable. También lo fue en la edición de 1990, aunque con consagración yugoslava. Fue sede del mundial de vóley en 1982.

Diego Maradona Claudia Villafañe lo escogieron para celebrar su casamiento en 1989. El Circo de Moscú, el Ballet AcuáticoHoliday on Ice, los musicales “Drácula” y “El Jorobado de París”, además de los laureados Ballet BolshoiAmerican TheaterLa Scala de Milán, fueron algunos de los espectáculos.

Tuvo desde toda clase de actos políticos, hasta la visita del Papa Juan Pablo II en 1987. Incluso se realizó un acto el apoyo al régimen nazi en 1938, que convocó a 20 mil personas.

Eso y más albergó el Luna. Pero nada se compara con el pugilismo. La relación Luna Park-boxeo fue mucho más allá. Y eso, conlleva responsabilidad.

EL LUNA PARK HABLA, DEMANDA, EXIGE

 

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El Luna demanda acción, exige adrenalina. Habituado a grandes e históricas batallas, un combate de escasa actividad es rápidamente reprobado. Sin importar si los púgiles entre las dieciséis cuerdas son de renombre, si el espectáculo brindado es pausado, timorato, de escasa actividad, el estadio lo hace sentir. Debe respetarse la tradición que caracteriza a esta casa. Sino, rápidamente comienzan a escucharse los clásicos alaridos…

“Pegale…” “Péguense, loco… Vinimos a ver boxeo”… “Dale, carajo. Daaaaale…”.

Siempre es la misma historia. Inician como gritos aislados, pelados. Pero generan contagio. Se le suman silbidos, algunas risas burlonas, más reprobaciones, y murmullos. Los famosos murmullos. Aquellos que todo deportista quiere evitar. El Luna habla. Opina. Critica.

Y si está disconforme, habla aún más. Se debe estar a la altura. Sino, se sufren las consecuencias.

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Basta con preguntarle a púgiles como César Cuenca. Por más que había sido campeón argentino y latino, arañaba una eliminatoria mundialista, y ostentaba un impactante récord de 44-0-0-2 sd, su parsimoniosa actuación frente a Gustavo Bermúdez del 25 de mayo de 2013 en la que venció en fallo unánime, le mereció más reprobaciones que si se hubiera ido derrotado. A pesar de que defendió su título latino superligero en un triunfo más que holgado, fue el último gran desaprobado en ese examen que significa combatir en este estadio.

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No es para cualquiera. De igual forma, el Luna impacta. De imponente que es, ha achicado a más de uno. Sin embargo, una vez que acoge a alguien, lo transforma en hijo pródigo. En la última etapa, los dos más emblemáticos fueron Omar Narváez (con nueve combates) y justamente Marcela “La Tigresa” Acuña, que ahora se presentará por octava ocasión, luego de siete triunfos entre 2003 y 2009. Curiosamente, ambos se consagraron campeones en Corrientes y Bouchard.

TIPOS DE PÚBLICO BIEN DIFERENCIADOS

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Históricamente, existieron clases de público bien diferentes que acudían al Luna Park. En las épocas de mayor actividad, que llegaban a tener varias funciones por semana, las hinchadas de los barrios se acercaban a ver a su favorito. Con el paso del tiempo, eso fue modificando. Pero lo que jamás cambió es una taxonomía particular.

Al público se lo puede encasillar en tres grades pilares, que trascienden la época:

– Seguidores de boxeo en general: aquellos aficionados al deporte de los puños que intentan cada vez que pueden presenciar una velada, más aún si congrega determinada calidad en los participantes. Y si es en el Luna, siempre mejor.

– Fanáticos de algún boxeador en particular: aquellos seguidores que se acercan exclusivamente a ver pelear a su pupilo, ya sea por su admiración o por tener relación de proximidad. Los siguen siempre. No se van a perder su presentación en semejante recinto.

– El público exclusivo del Luna Park. Éste es el más particular. Se trata de espectadores que no acuden a otros escenarios. Solo se acercan al boxeo en Corrientes y Bouchard. Personalidades de múltiples ámbitos que desean acudir, incluso muchos de ellos sin ser seguidores de la disciplina. Es el hecho de poder decir: “Fui al Luna Park”. Aparecen así toda clase de celebridades, famosos del arte y la cultura, dirigentes políticos, e incluso acaudalados pero desconocidos que adquieren rápido su entrada. No sucede con otro escenario en el país.

UNA EXPERIENCIA ÚNICA

Luna Park – una experiencia única 

Sea cual fuese la clase de público al que se pertenezca, disfrutar del Luna Park en todo su esplendor con un evento de boxeo, es una experiencia única. Genera un magnetismo difícil de poner en palabras. Pero se nota hasta en los detalles.

Asistir al Luna es una salida de gala. Con una ubicación icónica para la noche porteña, lo fue desde siempre. Tradicionalmente, gran parte del público se vestía de fiesta, algo tan distante de otros recintos, incluso dentro de la misma ciudad. Hoy tal vez no se llegue a tal extremo. Pero tampoco se lo toma a la ligera. Y sigue generando ese cosquilleo al ingresar.

La salida perfecta de la noche porteña para el amante del buen boxeo, comenzaba temprano con el fin de encontrar su ubicación y presenciar todo -o casi todo- el evento. Después de vibrar con los combates, el malón salía enfervorizado. No se terminaba allí.

Los de más lejos, emprenderían el regreso. Otros, de más cerca o más aventurados, caminarían por Av. Corrientes. Si la billetera acompañaba, la velada históricamente terminaba a altas horas en las tradicionales pizzerías. Empanada de entrada, pizza compartida, cerveza -o vino para algunos-, más algún aperitivo (especialmente entre los que peinan canas), y en la mesa, solo se hablaba de un tema: el espectáculo disfrutado. Discutir un fallo, elogiar un nocaut, una actuación…Y tanto más. Ése era el plan tradicional. Ésa era la experiencia Luna Park. Bien argentina, bien de boxeo. Única.

Sí, se puede ser fanático de un estadioY ése es el Luna Park. El sábado reabre sus puertas al boxeo, el motivo de su existencia, en un gran evento televisado en vivo por TyC Sports y TyC Sports Play en su ciclo Boxeo de Primera. Ocho años más tarde, la piel volverá ponerse de gallina. Ahora, la experiencia está nuevamente al alcance.

Fuente: TyC Sports – Fotos: TyC Sports – Video: TyC Sports