//Mano a mano con Clarín Miguel Ignomiriello cumple 95 años: los grandes éxitos silenciosos del patriarca de los directores técnicos

Mano a mano con Clarín Miguel Ignomiriello cumple 95 años: los grandes éxitos silenciosos del patriarca de los directores técnicos

Formador, docente, conductor y una memoria prodigiosa de casi un siglo. La Tercera que Mata y la Selección Fantasma, entre sus grandes obras.

Cuando nació Miguel Ubaldo Ignomiriello, el 11 de junio de 1927, el presidente era  el radical antipersonalista Marcelo Torcuato de Alvear, quien había logrado el año anterior la fusión entre las dos entidades de un fútbol dividido. Una época amateur en la que todos cobraban, con un torneo de Primera unificado de 35 equipos. Todavía no se había declarado el profesionalismo, tampoco había quebrado Wall Street ni se habían producido golpes militares en la Argentina.

Casi un siglo después, don Miguel puede contar mucho de la vida institucional, económica, política y social del país, y también de hechos trascendentales de nuestro fútbol, que 95 años después de su nacimiento tiene 28 equipos en la primera categoría y 37 en segunda; aunque es un poco más federal que entonces.En su casa de la ciudad de La Plata, este patriarca de los entrenadores, ciudadano ilustre desde 2008, recibió a Clarín dispuesto a hablar de todo. En la víspera de su cumpleaños 95, que festejará entre el sábado 11 y el domingo 12 con su numerosa familia y varios amigos.

“Por dónde empezamos”, pregunta, con el entusiasmo de un chico, este hombre que construyó equipos campeones y generó hitos deportivos que perduran. Por el principio.

“El primer recuerdo que tengo de estar en una cancha de fútbol es de 1932, un Estudiantes-Boca acá en 1 y 57. Tenía casi cinco años y siempre me quedó la imagen de avión sobrevolando la canchita y tirando pelotas que caían con paracaídas”, arranca como para corroborar que es fiel testigo de un siglo futbolístico.

– ¿Vio jugar, entonces, a Miguel Angel Lauri, Alejandro Scopelli, Alberto Zozaya, Manuel Ferreira y Enrique Guaita?

– Sí, pero no mucho. Sin embargo, le voy a mostrar algo.

Se levanta e invita a pasar a la cocina. Muestra dos cuadros, uno con los cinco delanteros y otro con el equipo completo. Y continúa.

– En la casa de mis abuelos estaban esos dos cuadros. Mi abuelo sentado en la cabecera, mi abuela a su lado, yo ahí y pegados en un aparador, esas dos fotos. Eran inmigrantes, de Bari, se instalaron acá y se hicieron de Estudiantes. Por supuesto, mi padre también. Nos miraba y nos decía: ‘En esta casa, somos conservadores y de Estudiantes, el que no lo entienda, se va’. Éramos chiquitos y no entendíamos mucho, pero esas cosas quedan. En cambio, sí recuerdo con nitidez la delantera de Independiente que fue campeona en 1938 y 1939.

– Juan José Maril, Vicente De La Mata, Arsenio Erico, Antonio Sastre y Juan José Zorrilla. Cuente…

Sí, una delantera excepcional. Sastre era un fenómeno, un jugador de toda la cancha, hasta fue al arco. Erico tenía un doble salto increíble, se elevaba más que ninguno y cabeceaba muy bien. Un día me senté a tomar un café con Alberto Zozaya, goleador del primer campeonato profesional, otro gran cabeceador y le pregunté quién le había enseñado, para aprender y poder transmitir ese conocimiento. Y no fue nadie, en su casa de Gualeguaychú, contra una pared, había dibujado un arco y se la pasaba practicando.

Miguel Ignomiriello charla y muestra las distinciones que recibió. Foto Mauricio NievasMiguel Ignomiriello charla y muestra las distinciones que recibió. Foto Mauricio Nievas

– ¿Fue jugador?

– Sí, era marcador central, pero se ve que no tenía la aptitud para serlo. En esa época había un montón de equipos, el nuestro se llamaba Wanderers, por el club inglés no el uruguayo, jugábamos en 1 y 44, cerca del Bosque. Nos quedaba cerca la cancha de Gimnasia. Era un adolescente y me empecé a ocupar de la organización de los equipos.

– Y ahí empezó todo…

– En 1943 estaba trabajando en Gimnasia, con la octava. Acá tengo el cuadro, mire. La mayoría de estos jugadores llegaron a Primera. Tenía 18 años. En el Lobo trabajaba un tipo que fue mi primer gran maestro, Aníbal Díaz. Cuando se fue, en 1948, armó un equipo con pibes de la zona Sur, Quilmes, Longchamps, Avellaneda. Arsenal, que participó en los primeros torneos Evita. Y me llamó para dirigirlos. Salimos campeones en 1949. En la cena de celebración, estaban Perón, Evita, el Gordo Díaz, y yo al lado de ellos. Ahí les ofreció como premio el terreno en Llavallol.

Ignomiriello, el primero de arriba a la derecha, con la juvenil de Gimnasia que dirigió en 1943. Foto Mauricio NievasIgnomiriello, el primero de arriba a la derecha, con la juvenil de Gimnasia que dirigió en 1943. Foto Mauricio Nievas

Esos primeros pasos le despertaron una vocación que lo acompañó toda la vida. Sin embargo, también tuvo que formarse. Tenía 12 años cuando su papá falleció y, tras terminar la primaria, tuvo que salir a trabajar. Logró terminar la secundaria de noche y cuando se habilitó un curso de preparación física, en 1950, se anotó. Antes, trabajó vendiendo choclos en la calle, en Vialidad Nacional y en Ducilo como obrero primero y administrativo después. Con esos ingresos, él, que era el mayor de los hermanos, ayudó a su madre a mantener la casa. En 1950, mientras se recibía de profesor de Educación Física, dirigía a la Reserva de Gimnasia, que se coronó campeona de la categoría en AFA. “Todavía es el único título del club en esa categoría en el profesionalismo”, afirma con orgullo.

Ignomiriello dando clases a las chicas de las Hermanas Mercedarias de Magdalena, en 1951. Foto Mauricio NievasIgnomiriello dando clases a las chicas de las Hermanas Mercedarias de Magdalena, en 1951. Foto Mauricio Nievas

Ya en 1953, mientras trabajaba como profesor de educación física en las Hermanas Mercedarias de Magdalena, hizo el curso de director técnico en la ciudad de Buenos Aires. Unos años antes, en un viaje a Chile, se compró el primer libro de fútbol, escrito por el húngaro Franz Platko. Después, otro del técnico inglés Walter Winterbottom. Veinte años después de su inicio en el Lobo, lo contrató por primera vez Estudiantes, el club de sus amores.

– ¿Cómo construyó la Tercera que Mata?

– En marzo de 1963, Mariano Mangano me buscó para ir a Estudiantes y le transmití mi plan de trabajo. llevaba veinte años de experiencia y tenía muy claro lo que quería. Cuando llegué no tenía vestuarios ni cancha auxiliar para entrenar, mucho menos ropa y utilería. Pedí todo eso para poder trabajar. El primer año fue de organización y selección de jugadores. Los resultados llegaron después. Ese año, en 1963, el club debía descender, pero se suspendieron y se salvó. Estaba mal. En 1962, la categoría había sacado 9 puntos; en 1963, 23; y en 1964, fuimos subcampeones con 44 puntos. Ahí me equivoqué. Había implementado la concentración antes de los partidos. Y contra Central, que era decisivo, decidí concentrar el miércoles en lugar del viernes. Fueron muchos nervios para los jugadores. Perdimos 1-0 de local. Fue un aprendizaje, después nunca más lo hice. Y en 1965 fuimos campeones. Ese año, por recomendación mía, llegó Osvaldo Zubeldía y se logró todo lo que se logró después.

Una reproducción del pizarrón que dibujó Osvaldo Zubeldía en la previa de Estudiantes-Manchester en 1968. Foto Mauricio Nievas

Una reproducción del pizarrón que dibujó Osvaldo Zubeldía en la previa de Estudiantes-Manchester en 1968. Foto Mauricio Nievas

Pero no se quedó para disfrutarlo porque se fue a Rosario Central.

-Primero estuvo en Platense en 1966, luego me llamó el presidente Adolfo Boerio y me ofreció hacerme cargo de todo el fútbol del club. Estuve tres años entre 1967 y 1969. Tuve conflicto con los más jugadores grandes, que no querían concentrar, como Menotti y el Gato Andrada. Pero hice un gran trabajo también en las juveniles, la base del equipo campeón del Nacional 71. En 2013 me nombraron Técnico Distinguido de la ciudad de Rosario. Y el año pasado, cuando se cumplieron 50 años del título, me hicieron entrar a la cancha encabezando el equipo. Daniel Pascuttini se acercó y me dijo: “Usted armó todo esto, entre primero”.

Ignomiriello también es sinónimo de la Selección Fantasma, ese grupo de jugadores que estuvo casi un mes en La Quiaca y otras ciudades con altura, olvidados por los dirigentes de la AFA, mientras la Selección, que dirigía Enrique Sívori, disputaba amistosos en Alemania. Después, Argentina le ganó 1-0 a Bolivia en La Paz, una victoria clave para la clasificación al Mundial de Alemania 1974. “Y no me pagaron el premio. Los dirigentes me acusaron a apoyar a D’Onofrio y dejarlos mal parados con la foto que salió publicada. Cobraron todos, hasta los que no jugaron, menos yo”, agrega con bronca y, resignado, afirma que aún espera un gesto de la AFA. Pero antes de eso, fue el entrenador del equipo juvenil que participó del Torneo de Cannes en 1973, con Mario Kempes, Ricardo Bochini y Marcelo Trobbiani, entre otros.

El juvenil de 1973 y el Planetario de fondo. Ahí estaban Kempes, Bochini, Trobbiani... Foto Mauricio NievasEl juvenil de 1973 y el Planetario de fondo. Ahí estaban Kempes, Bochini, Trobbiani… Foto Mauricio Nievas

– ¿Fue la primera convocatoria del Matador, no?

-En San Lorenzo tenía un jugador que se llamaba Hugo Promancio, fue el primero que me habló de las cualidades de Kempes. Lo vi y se lo recomendé al Toto Juan Carlos Lorenzo, que era entrenador de la Primera. Me dijo que tenía muchos delanteros. También a José Epelboim, dirigente de Independiente. Armé muchos amistosos en Estancia Chica, donde nos concentramos. Vino y eligió a Bertoni. También a Plinio Garibaldi, un dirigente histórico de River, pero no le interesó. Para mí era un fenómeno, pero me preguntaba si estaba equivocado que todos me decían que no. Estando en La Quiaca, le pregunto a Aldo Pedro Poy qué le parecía el pibe, que jugaba en Instituto. ‘Un crack, además una gran persona’, me dijo. Bueno, él lo llamó a Víctor Vesco (dirigente de Rosario Central., que finalmente lo vino a ver y lo compró en poco más de 100 mil dólares. Después lo vendió en casi un millón al Valencia, previa autorización de una asamblea de socios. También lo llevé a Marcelo Trobbiani, a quien había visto jugar en la Sexta y estaba en conflicto con Boca. Se había ido a Santa Fe. No tenía manera de contactarlo. Entonces, le pedí a un periodista amigo que tenía un programa de radio muy escuchado, que pasara el aviso. Y finalmente lo ubiqué. Hace unos años, cuando Marcelo dirigía la Sub 20, lo vi y me dijo: ‘Usted me salvó la vida con esa convocatoria, de lo contrario hubiese sido panadero, como mi viejo’.

-¿Cómo se le ocurrió trabajar con un grupo en la altura?

-Había temor. En una época, Rossi y Sívori ponían en el contrato que no jugarían en la altura. Además, en 1959 falleció un jugador de Central Córdoba de Rosario (se refiere a Roberto Bassignani). Bueno, la cuestión es que le propuse a Raúl D’Onofrio, el papá de Rodolfo, que era interventor de la AFA, ir allá. Saqué los pasajes con anticipación, La Quiaca, Lima, Cusco. Las reservas de hoteles también. La idea era jugar en La Quiaca y Cusco porque tenían una altura y clima similar a La Paz. Me dieron apenas 2.000 pesos para llevar en efectivo. Era muy poco. Eso sí, me dieron banderines. Nos quedamos sin plata y armamos partidos para subsistir. Contraté un médico psiquiatra para evaluar a los jugadores, las respuestas físicas y psíquicas. Mostaza Merlo y Jota Jota López, que ya eran figuras en River, no se adaptaron y se volvieron. Lo convoqué a Poy. Después, surgió la famosa foto esa famosa que sacó un fotógrafo en Bolivia. Fue duro, pero valió la pena. Ganamos 1-0 y la respuesta física de los jugadores que estuvieron en ese grupo fue importante.

Ignomiriello, la camiseta de Central y la Selección Fantasma. Foto Mauricio NievasIgnomiriello, la camiseta de Central y la Selección Fantasma. Foto Mauricio Nievas

A esta altura, ya resulta imposible resumir 80 años de fútbol y 95 de vida en el breve espacio de una entrevista. Admirador desde chico del fútbol uruguayo, es muy reconocido en Nacional por su trabajo entre 1974 y 1975, formador entre otros de Juan Ramón Carrasco. Este año estuvo en los dos partidos de la Libertadores y fue agasajado en ambas orillas. “Comí en la casa de Ramón. Me adora. Su esposa me dijo que era el padre que no habia tenido”.

Ignomiriello los vio a todos, a Antonio Sastre, Arsenio Erico, el Charro José Manuel Moreno, Alfredo Di StéfanoPeléDiego MaradonaLionel Messi y tantos otros. “El mejor de todos fue Di Stéfano, La Saeta Rubia, se tiraba atrás y arrancaba. Revolucionó el fútbol de Europa como jugador y fue un grande como técnico, campeón con Boca y River”, enfatiza. Después elige a Diego y a Pelé en un mismo escalón y también a Messi. Pero, claro, salvando las épocas, los elige a todos.

-¿Qué le parece la idea de patriarca de los entrenadores?

Sonríe, piensa y responde

– Bien, me gusta, pero claro, es porque soy el más viejo. Estaba Juan José Pizutti pero ya falleció. Queda Humberto Maschio que es más joven. Pero mire, como el catador de vinos, como la nariz para los perfumes, me considero un seleccionador, un conductor-docente. Todo lo hice con honestidad y esfuerzo. Las concentraciones, el trabajo en doble turno, los consejos, las recomendaciones. Nunca participé en un pase ni le pedí un peso a un jugador. No me llevé ni una camiseta. Esa es mi honestidad. Nadie me puede acusar de nada.

Con esa tranquilidad festejará sus 95 años. Con cuatro de sus cinco hijos, sus nueve nietos, sus dos bisnietos, y algunos amigos de toda la vida. Una vida que vale la pena ser contada.

Fuente:Oscar BarnadeOscar Barnade – Clarín.com Deportes  Fotos:  Mauricio Nievas – Clarín.com Deportes