La explosión del gran negocio lo cambió todo

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Un momento significativo: el título del Mundial 78 reavivó el interés de los clubes extranjeros por los futbolistas argentinos

Desde hace casi un siglo el fútbol argentino abastece la maquinaria, bien aceitada por el dinero, del juego europeo: el pase de Julio Libonatti de Newell’s al Torino inauguró el éxodo en 1925. Sin embargo, diversas circunstancias limitaron el acceso de expatriados a la selección en momentos decisivos. A la inversa de lo que sucede hoy.

Suecia secó el éxodo durante los ’60, pero el título mundial de 1978 reavivó el interés: campeones como Ardiles, Villa, Tarantini y Bertoni marcaron el rumbo. Con la selección vuelta prioridad número 1, la AFA llegó al extremo de elaborar en 1980 una lista de jugadores intransferibles: el Barcelona y la Juventus acechaban a Diego Maradona. Bastaba con no concederle el pase internacional para obligarlo a seguir jugando en el país.

“Maradona no tendrá su transferencia hasta después del Mundial de España”, declaraba en julio de 1980 Julio Grondona, que llevaba apenas un año al frente de la AFA. “Hay ofertas para que el jugador se quede en el país, para mí muy importantes. Yo creo que Maradona se tendrá que dar por satisfecho con ellas”. No eran tiempos aquellos en que las libertades individuales fueran reconocidas y, mucho menos, respetadas.

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