//Historias sobre el ring Alexis Argüello vs. Aaron Pryor y la misteriosa botellita que torció la historia de la mejor pelea de la década del 80

Historias sobre el ring Alexis Argüello vs. Aaron Pryor y la misteriosa botellita que torció la historia de la mejor pelea de la década del 80

Ese recipiente de plástico blanco y lo que había dentro de él se conviertieron en el eje de múltiples conjeturas que terminaron por acaparar casi tanta atención y palabras como los 14 rounds de una de los combates más recordados del pugilismo moderno.

Cuando Alexis Argüello se disparó en el pecho con una pistola Ceska CZ 75 en su casa del barrio residencial Pamplona de Managua el 1 de julio de 2009, era alcalde de la capital nicaragüense desde hacía seis meses y también era considerado el deportista más notable de la historia de su país. Argüello murió con ese reconocimiento unánime y con tres títulos mundiales en su currículum, pero también con la duda acerca del contenido de esa misteriosa botella de la que bebió Aaron Pryor el día en que le impidió conseguir su cuarta corona.

Ese recipiente de plástico blanco y lo que había dentro de él se conviertieron en el eje de múltiples conjeturas que terminaron por acaparar casi tanta atención y palabras como los 14 rounds de una de las peleas más recordadas del pugilismo moderno, que la revista especializada The Ring elegiría años más tarde como la mejor de la década de 1980 y que marcaría la cumbre en la carrera de Pryor.

Cuando desafió al estadounidense, dueño del cinturón superligero de la Asociación Mundial de Boxeo, Argüello ocupaba el podio del pugilismo mundial junto a Sugar Ray Leonard y Marvin Hagler, aunque con mucho menos cartel que ellos. El notable poder de sus puños, pero también su inteligencia para planificar los combates y su impecable preparación física le habían permitido forjar una campaña de 76 victorias (62 por nocaut) y apenas 4 derrotas.

Había ganado el título pluma de la AMB en noviembre de 1974 (ante el mexicano Rubén Púas Olivares), el superpluma del Consejo Mundial de Boxeo en enero de 1978 (frente al puertorriqueño Alfredo Escalera) y el ligero del mismo organismo en junio de 1981 (contra el escocés Jim Watt). Era uno de los siete hombres que habían ganado campeonatos en tres divisiones y el único de ellos que nunca había cedido un título sobre el ring. De sus 18 peleas mundialistas, solo había perdido una, la primera, por puntos ante el panameño Ernesto Marcel. Y jamás había sido noqueado.

Alexis Argüello derrotó a Ray Mancini en su primera defensa del título ligero del CMB.

Alexis Argüello derrotó a Ray Mancini en su primera defensa del título ligero del CMB.

Con 30 años y 14 como profesional, el Flaco, un extraño caballero del cuadrilátero que evitaba las palabras subidas de tono y los ataques verbales a sus adversarios, ya empezaba a mirar la puerta de salida. “A fines de 1983, voy a terminar mi carrera. Ahora es el momento de trabajar. Más tarde será el momento de todo lo demás”, había avisado en abril de 1982. El duelo ante Pryor, siete meses después, aparecía como una de sus últimas grandes funciones y le daba la chance de convertirse en el primer boxeador en ganar títulos mundiales en cuatro divisiones.

Su adversario, que había celebrado su 27° cumpleaños en su campamento de entrenamiento 23 días antes de la pelea, era un peleador electrizante. Tras 24 victorias consecutivas (22 antes del límite), había conquistado el cetro superligero de la AMB en agosto de 1980 al batir por nocaut en el cuarto asalto al colombiano Kid Pambelé en Cincinnati, su ciudad natal.

Lo había defendido cinco veces con victorias antes del límite, aunque con algunos sobresaltos, antes de enfrentar a Argüello. En esos dos años, había visto pasar oportunidades de concretar enfrentamientos millonarios con Ray Leonard y con Roberto Durán, mientras mantenía enfrentamientos a cielo abierto con mánagers, promotores, abogados, colaboradores y cuanta persona tenía cerca. Incluso su segunda esposa, Theresa Adams, le había disparado con una pistola calibre .22 en el brazo derecho durante una discusión en diciembre de 1980.

Aaron Pryor había ganado sus 31 peleas antes de enfrentar por primera vez a Alexis Argüello.

Aaron Pryor había ganado sus 31 peleas antes de enfrentar por primera vez a Alexis Argüello.

A pesar de las dificultades que acarreaba cualquier negociación con el campeón, el combate finalmente se pactó para el 12 de noviembre de 1982 en el Orange Bowl de Miami, al que asistieron 23.800 espectadores. Por esa jornada de trabajo, los dos contendientes iban a cobrar las mayores bolsas de su vida: el estadounidense recibiría 1,6 millón de dólares y el nicaragüense, 1,5 millón.

Esa noche, Argüello renunció a su paciencia y orden habituales y se trenzó desde el primer campanazo en una batalla a cara descubierta con un hombre cuya quijada parecía tallada en granito. El combate sin cuartel y el ritmo frenético favorecían a The Hawk, que caminaba el ring con soltura y lanzaba golpes a repetición como una ametralladora.

El correr de los asaltos fue tornando el duelo dramático y todavía con resultado incierto, pese a la superioridad de Pryor ante un adversario al que desde el sexto capítulo acompañaba un corte en el párpado izquierdo. Después del 12° episodio, el desgaste era notorio en ambos púgiles, que parecían haber renunciado a defenderse y se enfocaban en buscar una definición categórica.

Aaron Pryor y Alexis Argüello intercambian golpes durante el primer combate entre ambos.

Aaron Pryor y Alexis Argüello intercambian golpes durante el primer combate entre ambos.

Cuando promediaba el 13° round, Argüello lanzó su última ofensiva con un recto de derecha que habría derribado a casi cualquier ser humano. Pryor lo soportó a pie firme, evitó que su rival lo llevara por delante e incluso respondió con buenos golpes antes del campanazo. En ese momento, tanto el árbitro, el sudafricano Stanley Christodoulou (127-124), como uno de los jueces, el danés Ove Ovesen (127-124), llevaban adelante en sus tarjetas al campeón; mientras que el otro juez, el japonés Ken Morita (127-125), tenía en ventaja al retador.

Entonces apareció la dichosa botella. En el descanso entre el 13° y 14° asalto, un micrófono de la televisión captó el momento en que Carlos Panamá Lewis, el entrenador de Pryor, le pedía a Artie Curley, uno de sus asistentes en la esquina: “Dame la botella. No esa, la que mezclé”. Su pupilo dio un sorbo y volvió renovado a la acción.

Agotado, Argüello pudo hacer poco para contener a esa tromba que se le venía encima. El revitalizado Pryor fue a buscar la definición y descargó una andanada de golpes sobre la cabeza de su rival. El Flaco no contestaba ni lograba protegerse, pero tampoco caía. Después de 23 impactos sin respuesta, Christodoulou detuvo la pelea. Mientras el vencedor y sus asistentes celebraban y el ring era invadido por una multitud, Argüello se desmoronó en la lona. Allí estuvo tendido cuatro minutos.

“Fue como un Thrilla in Manila (el tercer combate entre Muhammad Ali y Joe Frazier) en miniatura. Primero iba en una dirección, luego en la otra”, evaluó Bob Arum, el organizador de la velada. “Sentí su poder. Definitivamente él puede golpear. Nunca supe que lo tenía hasta el 14° round. Nunca podés pensar que tenés a un campeón como él hasta que realmente lo tenés”, reconoció Pryor.

Después del combate, Bill Miller, mánager de Argüello, presentó una queja ante la Comisión Atlética de Miami y la AMB por la misteriosa botella del rincón de Pryor, pero ni el contenido fue revisado ni los púgiles fueron sometidos a controles de orina. Panamá Lewis sostuvo que en el recipiente había una mezcla de soda y agua de la canilla. Artie Curley aseguró que era aguardiente de menta para aliviar el malestar estomacal del boxeador. “Aaron había comido un bife grande a las 17.30 y después había dormido una siesta. Eso lo hizo eructar toda la noche”, justificó.

Las dudas nunca se disiparon y Panamá Lewis no aportó para que ello sucediera. Siete meses más tarde, otro de sus pupilos, el puertorriqueño Luis Resto, derrotó por puntos en el Madison Square Garden al invicto estadounidense Billy Ray Collins, quien terminó el duelo con el rostro desfigurado. Días después de la pelea, la Comisión Atlética del Estado de Nueva York (NYSAC) verificó que los guantes de Resto habían sido manipulados: a través de pequeños agujeros hechos en el forro interior, había sido retirado el 50 por ciento del relleno de acolchado de crin que debían tener.

Panamá Lewis (izquierda) junto a Luis Resto (derecha).

Panamá Lewis (izquierda) junto a Luis Resto (derecha).

La NYSAC revocó de por vida las licencias de mánager y segundo de Lewis, y solicitó a las federaciones y comisiones de otros estados que respetaran la sanción. También suspendió a Resto, quien nunca volvió a pelear. En octubre de 1986, la Corte Suprema del Estado de Nueva York los condenó por agresión, posesión criminal de un arma (los puños del puertorriqueño con los guantes adulterados) y conspiración (al entrenador también por alterar el resultado de un evento deportivo), por lo que pasaron poco más de dos años y medio en prisión.

Más allá del affaire de la botella, Argüello había quedado muy disconforme con su actuación en la derrota ante Pryor. “Miré el video de la pelea 50 veces. Veo el 14° round y pienso: ‘Dios mío, ¿cómo pudo suceder algo así?’. Pero no estaba en buena condición mental. Puedes tener la habilidad, pero si no tienes la condición mental, estás muerto”, explicó. La mejor forma de borrar esa mancha era ganar una revancha. Y en ello se embarcó.

La crítica del nicaragüense por su preparación para la primera pelea no recaía solo sobre él, sino también sobre su entrenador, Eddie Futch, de quien se desvinculó (“Fue el mayor error de mi vida”, diría luego sobre esa decisión). Para la revancha, trabajó con Lupe Sánchez, quien había conducido la carrera de Pipino Cuevas.

Alexis Argüello conecta un golpe al flanco derecho de Aaron Pryor durante el segundo combate entre ambos.

Alexis Argüello conecta un golpe al flanco derecho de Aaron Pryor durante el segundo combate entre ambos.

Pryor también debió cambiar su timón debido a la suspensión de Panamá Lewis. Inicialmente contrató a Richie Giachetti, pero lo despidió tras algunas sesiones de trabajo y recurrió a Emanuel Steward a dos semanas de la contienda. “Emanuel pensaba que yo iba a perder. Qué mejor manera de ganar que permitir que me entrene y me muestre cómo hacerlo. Voy a ganar para demostrarle que estaba equivocado”, explicó el campeón tres días antes de la contienda.

En la revancha, el 9 de septiembre de 1983 en el estadio descubierto del Caesars Palace de Las Vegas, fue más clara la superioridad del estadounidense, quien derribó a su oponente en el primer round con un cross de derecha y en el cuarto con una buena ráfaga de golpes terminada con un gancho de zurda. En el décimo, envió nuevamente al tapiz a Argüello que, agotado y muy golpeado en el ojo izquierdo, escuchó sentado la cuenta hasta diez del árbitro Richard Steele.

“Podría haberse levantado, pero decidió no hacerlo. Cuando le conté, él solo me estaba mirando y sus ojos me decían que ya había tenido suficiente”, sostuvo Steele. “Me alegré de que no se levantara porque no quería pegarle más. Sabía que solo su gran corazón lo sostenía. Estoy feliz de llevarme mi título a casa, pero triste de que él no ganara un cuarto campeonato”, admitió Pryor. “No quise arriesgar mi vida, decidí protegerme. Hice lo mejor que pude”, aseguró Argüello. Y sentenció: “Nunca más pelearé”.

Ese duelo, en el que uno terminó con el brazo en alto y el otro sentado en la lona, marcó el inicio de una curva descendente en la carrera (y la vida) de ambos.

Un mes después del triunfo, Pryor se negó a defender su título ante Johnny Bumphus, número uno del ranking de la AMB, y envió a la organización con sede en Panamá una carta en la que anunciaba su retiro. De fondo había una disputa contractual con su mánager, Buddy LaRosa. El vínculo que el boxeador había firmado le otorgaba a LaRosa un tercio de todas sus ganancias.

Alexis Argüello saluda a Aaron Pryor tras la segunda pelea ante ellos.

Alexis Argüello saluda a Aaron Pryor tras la segunda pelea ante ellos.

El púgil llevó la disputa a los tribunales. Y perdió. Entonces decidió firmar las paces con su mánager y reiniciar su carrera luego de nueve meses de parate. El título vacante de la AMB había sido ganado por Bumphus, quien había derrotado al sampedrino Lorenzo García, pero el foco de Pryor ya no estaba puesto allí, sino en retar a Ray Mancini (campeón ligero de la AMB) o a Ray Leonard, que había vuelto al ring tras dos años de inactividad por un desprendimiento de retina en el ojo izquierdo.

Pryor no consiguió esa chance y debió conformarse con el título superligero de la recién nacida Federación Internacional de Boxeo, que ganó en junio de 1984 ante el canadiense Nick Furlano y defendió en marzo de 1985 ante Gary Hinton. Pero el consumo problemático de cocaína, sus cortocircuitos familiares y los conflictos administrativos que persistían lo alejaron otra vez de los cuadriláteros y la FIB lo despojó de la corona en diciembre de 1985.

Hizo un nuevo intento de regreso, pero su tiempo había pasado. El 6 de agosto de 1987 registró su única derrota profesional: fue noqueado por Bobby Joe Young en Sunrise. Tras otro parate de 16 meses, durante el que se sometió a una operación en su ojo izquierdo, hizo tres peleas más antes de su adiós en 1991.

Aaron Pryor ganó 39 de sus 40 peleas como profesional.

Aaron Pryor ganó 39 de sus 40 peleas como profesional.

En esos tiempos oscuros, conoció la cárcel, vivió en la calle y padeció los rigores de la adicción hasta que consiguió rehabilitarse. Se convirtió en ministro bautista, inició una cruzada contra el abuso de drogas y entrenó a jóvenes boxeadores. Murió el 9 de octubre de 2016, a los 60 años, en su casa de Cincinnati como consecuencia de una patología cardíaca.

Tampoco fueron gratificantes para Argüello los días posteriores al segundo enfrentamiento con Pryor. “No volveré un año después de retirarme, como otros boxeadores. Lo prometí y nunca he sido un mentiroso. Ahorré e invertí cada centavo que gané gracias a una buena administración. Quiero ir a la universidad y obtener un título”, se había propuesto. No pudo cumplir.

Como su viejo rival y futuro amigo, vivió tiempos turbulentos. Se separó de su tercera esposa, Loretta Martínez; se alejó de sus cuatro hijos; se desvinculó de su mánager, Eduardo Román; perdió la fortuna que había amasado en los cuadriláteros, que incluía cinco viviendas en Estados Unidos; se sumergió en el consumo de alcohol y cocaína, y coqueteó con el suicidio. Hizo dos intentos de retorno al boxeo antes de abandonar definitivamente la actividad en 1995, a los 42 años.

Durante sus años como profesional, Argüello había tenido un vínculo difícil con el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Inicialmente apoyó a la organización en la que militaba Eduardo, uno de sus hermanos (fue asesinado durante la guerra civil), y hasta exhibió la bandera rojinegra del FSLN después su pelea con Rafael Bazooka Limón el 8 de julio de 1979, once días antes del triunfo de la revolución.

Pero luego el gobierno sandinista confiscó sus propiedades y el dinero depositado en sus cuentas bancarias. Entonces el Flaco, radicado en Miami, brindó apoyo económico a los contras. En 1983 fue a un campamento de entrenamiento de las milicias opositoras financiadas por Estados Unidos e incluso participó de una acción armada en San Juan del Norte cerca de la frontera entre Nicaragua y Costa Rica.

Alexis Argüello fue elegido alcalde de Managua en noviembre de 2008.

Alexis Argüello fue elegido alcalde de Managua en noviembre de 2008.

Una vez rehabilitado de su adicción al alcohol y la cocaína, y ya de regreso en su país, Argüello dio otro giro y se afilió en 2001 al FSLN, con el que llegó a ser primero vicealcalde y luego alcalde de Managua.

En 2009, Luis Resto, el pupilo de Panamá Lewis que había sido suspendido y encarcelado por el incidente con los guantes sin relleno, contó en el documental Assault in the Ring que su entrenador solía moler píldoras antihistamínicas y las mezclaba con el agua que luego le suministraba durante el tramo final de las peleas para mejorar su capacidad pulmonar.

Esa confesión reavivó la polémica alrededor de la botella de la que Aaron Pryor había bebido en su primera pelea ante Argüello. Pero el nicaragüense no llegó a escucharla: el documental fue emitido por primera vez en la televisión estadounidense el 1 de agosto, justo un mes después de que la bala calibre 9 milímetros de la Ceska CZ 75 atravesara el pecho del ex campeón mundial.

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 Fuente: Luciano González Clarín.com Deportes – Fotos: AP – Clarín.com Deportes