//Guillermo Christensen nunca dio una vuelta olímpica: quiere sólo el “campeonato de la vida”

Guillermo Christensen nunca dio una vuelta olímpica: quiere sólo el “campeonato de la vida”

AGuillermo Christensen la vida lo llevó por distintos lugares, y él se ha dejado llevar. Allá donde haya ido, siempre el rugby y la docencia formaron parte de su equipaje. A los 68 años, se fue a vivir comienzos de 2022 a Esquel, al noroeste de la provincia de Chubut. Pronto, como sucede en cualquier rincón de la Argentina, encontró un club de rugby. Colabora con la M16 de Esquel Rugby Club. Al mismo tiempo, se anotó en un centro vecinal y alfabetiza a adultos. En ambos casos, voluntariamente. La Patagonia es otro mojón para un camino que Christensen transitó a lo largo de cinco décadas y pico por varios clubes y colegios en su faceta de jugador, entrenador, preparador físico y docente. “Nunca de dirigente”, acota.

Christensen decidió irse a vivir a Esquel para estar cerca de sus tres nietos, hijos de Sofía. Hace un par de semanas, Guillermo vivió una experiencia inédita que se repetirá en varias ocasiones: un entrenamiento bajo una intensa nevada. “Gracias a Esquel Rugby Club me sigo emocionando con cómo se organizan para mejorar el club, con el compromiso desinteresado para que cada vez más chicos practiquen rugby, con los entrenadores que le dedican su tiempo para devolverle al rugby lo que el rugby en algún momento les dio, con los jugadores pintando la cancha, con los padres que acompañan a sus hijos y colaboran con los entrenadores, con cómo pese a las inclemencias del clima vienen a entrenar”, resume. Y agrega: “Sigue emocionándome cómo la pelean para viajar a el Bolsón, a Bariloche o a San Martín de los Andes. Todos, viajes largos y costosos”.

Guillermo Christensen se fue a vivir al sur para estar cerca de sus nietos.
Guillermo Christensen se fue a vivir al sur para estar cerca de sus nietos.

Su historia con el rugby comenzó cuando vio jugar en los sesentas a un primo suyo que fue un crack de la época, Carlos Martínez, de Belgrano Athletic. Su padre no jugó, pero lo llevaba a ver rugby, hasta que a los 13 años empezó a manejar una pelota ovalada en su colegio, Manuel Belgrano, del cual formó parte de la primera camada de rugby. También tuvo una larga trayectoria como forward en San Martín y en Obras Sanitarias, clubes en los cuales además fue entrenador. “Juan y Sofía, mis dos hijos, tienen a San Martín como su casa. Y no entienden cómo yo estuve en tantos clubes”, remarca. Es que Guillermo, además, fue entrenador o preparador físico en Gimnasia y Esgrima, Champagnat, Liceo Naval y Universidad de Belgrano.

El único problema es que con la nieve no se puede distinguir las líneas blancas de la cancha...
El único problema es que con la nieve no se puede distinguir las líneas blancas de la cancha…

Christensen se recibió de profesor de educación física en el INEF, realizó un curso sobre Educación del Adulto con orientación del pedagogo brasileño Paulo Freire y militó con la idea del Padre Carlos Mugica, a quien pasaba a buscar para llevarlo en taxi a dar misa en el Manuel Belgrano. En su camino por el rugby resalta la sabiduría que recibió de Ángel Guastella y de Mario Barandiarán, uno de sus grandes amigos. En 2007 llegó a Virreyes Rugby Club. Entrenó durante 14 años a las divisiones juveniles. Por ejemplo, a la camada 96 que hoy es la base de la Primera. “Los dos ascensos de Virreyes llevan también su sello”, me dice Marcos Julianes, emblema del club de San Fernando. Ese paso por Virreyes lo marcó. “Para nosotros el éxito pasaba por que venga la suficiente cantidad de jugadores, que no haya lesionados y que haya una consolidación y/o mejora en el juego. Si el tanteador era favorable, entonces era el día perfecto, como dice la canción”.

Nunca salió campeón en todo este tiempo. Pero Guillermo Christensen, militante, maestro del rugby, tiene claro cuáles son sus objetivos: “El campeonato que quiero ganar es el campeonato de la vida. Para mí y para la gente que me rodea, para mi sociedad, para mi país, para este mundo que nos toca vivir”.

Christensen nunca fue campeón, pero apunta a la conquista más difícil: aquélla que coronaría a la sociedad, al prójimo, al país.
Christensen nunca fue campeón, pero apunta a la conquista más difícil: aquélla que coronaría a la sociedad, al prójimo, al país.

Fuente:Ir a notas de Jorge BúsicoJorge Búsico  PARA LA NACION – Fotos: LA NACION Deportes