//Especial para Clarín – Wimbledon, la Catedral del tenis que dejó de ser exclusiva de los grandes sacadores

Especial para Clarín – Wimbledon, la Catedral del tenis que dejó de ser exclusiva de los grandes sacadores

Del saque y red de los 80 y 90, donde en una hora la pelota estaba viva apenas 4 minutos, a los puntos más largos de esta era. ¿Qué, cómo y para qué cambió el césped del All England?

Hablar del césped de Wimbledon es tan fascinante como increíble es el trabajo que realizan los ingenieros y los encargados de su mantenimiento. El torneo cuenta con 18 canchas de competencia y 20 de práctica y todas, absolutamente todas, deben tener la misma rigidez y la misma humedad para que la pelota rebote de la misma manera. Porque, de lo contrario, otra rigidez y otra humedad provocarían un pique dispar y distinto.

Las mediciones son casi de relojería y nada está librado al azar. Desde el peinado y la altura del pelo hasta la cantidad de pelos que tienen para que la pelota tenga una respuesta deseada. Sencillamente, es increíble, porque es la única superficie natural. Es una superficie viva y es muy difícil de mantener uniforme, sobre todo después del desgaste producido a medida que pasan las jornadas.

En el Wimbledon de la vieja época, la de la década de los 80 y principios de los 90, el torneo siempre era para los grandes sacadores y jugadores súper agresivos, como vimos a Curren, Mayotte y otros. En 1991, año en que Michael Stich y Boris Becker jugaron la final, todos se sorprendieron cuando supieron que se determinó que durante una hora de juego, la pelota estaba “viva” durante apenas 4 minutos. Todos sabían que en Wimbledon siempre se jugaba poco tiempo, pero igualmente aquel dato fue un shock.

Boris Becker vs Ivan Lendl en la semifinal de Wimbledon en 1989.

Boris Becker vs Ivan Lendl en la semifinal de Wimbledon en 1989.

El canadiense, Felix Auger-Aliassime y el alemán Alexander Zverev juegan en una cancha con la fisonomía de estos tiempos. Foto: AFP

El canadiense, Felix Auger-Aliassime y el alemán Alexander Zverev juegan en una cancha con la fisonomía de estos tiempos. Foto: AFP

Hoy el césped ha cambiado totalmente. Y esto, evidentemente, determinó una variante en el estilo de juego. Seguramente fue una decisión de escritorio, viendo para dónde va el tenis. Pero como de a poco los extremos fueron desapareciendo en el tenis profesional y el polvo de ladrillo ya no es tan lento, las superficies extremadamente rápidas ya no lo son tanto. Entonces el césped claramente dejó de ser para los grandes sacadores y que volean o van hacia adelante constantemente.

La intención no es marcar cuál de las dos situaciones es la mejor. Creo que es algo intermedio. El césped debe seguir beneficiando a los sacadores y a los que juegan agresivo y hacia adelante, pero cada vez se los ve menos. Cada vez se juega menos como antes, porque la modificación permitió jugar desde el fondo de la cancha. Por eso Rafa Nadal, sin quitarle mérito, pudo conseguir un título porque le fue favorable que la pelota rebotara alto y lastimara al pegarle con top spin. En el pasado, jugar con ese efecto era ponerle al adversario la pelota “en bandeja”: dejársela a la altura de la cintura, ideal para que tenga el privilegio de impactarla en la mejor posición.

Más allá de que se juegue de una manera distinta, Wimbledon sigue siendo la Catedral sagrada del tenis. No sé si el cambio es para mejor o para peor. Lo que sí se nota es que claramente Wimbledon le ha dado a todos los jugadores la posibilidad de mejorar su marca y tener buenos resultados. Cuando en otro momento hubiesen tenido ganas de agarrar un marcador y tacharlo en el calendario.

Ya quedó atrás aquel viejo refrán de que “el césped es para las vacas”. El tenis, este césped y este Wimbledon es para todos.

PlayBONUS TRACK: LA OTRA MIRADA DE WIMBLEDON
Javier Frana

Fuente:Javier FranaJavier Frana Clarín.com Deportes – Fotos: AFP – Clarín.con  Deportes