El carrusel de técnicos de las Leonas ya no debería seguir girando

Entre el cimbronazo y la amargura, una mirada con proyección. “Ahora, a planificar el futuro”, dijo Agustín Corradini, cuando todavía varias de sus Leonas lloraban por la eliminación del Mundial ante Australia. El futuro al que se refiere el DT tiene el nombre de una ciudad y una fecha: Tokio 2020. Nada menos que los Juegos Olímpicos, la cita máxima para el hockey. Es el momento justo para no repetir errores recientes, para dejar hacer y no dejarse llevar por el sinsabor que traen los malos resultados. Lo que ocurrió es una situación muy dura para una selección que acumulaba 24 años clasificándose religiosamente a cada semifinal en los Mundiales; se asocia directamente con un paso atrás. Sin embargo, es tiempo de rescatar lo construido y no volver a tentarse con destruir ciclos echando técnicos como material descartable.

En seis años, la Confederación Argentina de Hockey promovió el desfile de seis entrenadores, un dislate desde 2012 que solo se disimuló por el compromiso de las jugadoras y el talento extraterrestre de Luciana Aymar. Sin embargo, la rama femenina de este deporte había entrado en la locura del fútbol de la AFA, un carrusel que ungió sucesivamente a Carlos Retegui, Marcelo Garraffo, Emmanuel Roggero, de nuevo Retegui, luego Santiago Capurro y Gabriel Minadeo, hasta dar con Corradini, campeón mundial con las Leoncitas en Chile 2016.

Nada de esos movimientos espamódicos trajo una cosecha genuina; siempre hubo que barajar y dar de nuevo, más allá de que durante este período se obtuvieron títulos y podios. Ahora, el presidente Miguel Grasso y el resto de las autoridades de la CAH deberían darle aire a este cuerpo técnico que apostó por un plantel con mucho margen para el crecimiento. Que también se equivocó con ciertas decisiones, pero que parece generar una plataforma interesante.

La Argentina se fue del Mundial dejando una buena imagen en sus últimos dos partidos; Magdalena Fernández Ladra tuvo un match point en los penales para catapultar a la selección a las semifinales. Sin un rodaje de partidos internacionales suficiente, este equipo se despidió por errores mínimos y solo está claramente por debajo de Holanda. La paciencia y el respeto por un proceso que permanece vivo -pese al golpe- deberían primar para alcanzar el éxito allá en el horizonte.

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