//Tokio 2020. El campeón entrega el mando: derrota de los Leones ante Alemania, una eliminación consumada por un combo de contramarchas

Tokio 2020. El campeón entrega el mando: derrota de los Leones ante Alemania, una eliminación consumada por un combo de contramarchas

El seleccionado que ganó la medalla dorada en Río de Janeiro perdió esta vez en los cuartos de final, por 3 a 1.

TOKIO.– Los Leones entregaron la corona: cinco largos años bendecidos con su título de campeones olímpicos y seis partidos para que se cristalice la despedida de Tokio 2020. Alemania se impuso por 3 a 1 y significó una valla insalvable para la selección masculina de hockey sobre césped. Es el sabor amargo de no poder luchar por las medallas y de haber llegado a tierra nipona sin haber apretado clavijas en el funcionamiento. La pandemia alteró los planes, pero eso fue solo una parte del problema. En el horizonte se observa el arranque de un ciclo con sabor a renovación importante.

El partido se abrió con el gol de córner corto de Lukas Windfeder, a los 4 minutos del segundo cuarto, tras un primer período en el que la Argentina había generado algunas situaciones genuinas de gol. El segundo tanto anotado por Timm Herzbruch, luego de una fantástica combinación de córner, agigantó a los alemanes y llevó a la selección a entregarse definitivamente a la desesperación por convertir. Maico Casella vio la amarilla sobre el final del tercer cuarto, en el atropello por recuperar la bocha y contraatacar.

Matías Rey lleva la bocha en el decisivo partido de los Leones contra los alemanes.
Matías Rey lleva la bocha en el decisivo partido de los Leones contra los alemanes.LA NACION/Santiago Filipuzzi

Faltaron peso ofensivo e ideas claras para desactivar el equilibrado dispositivo alemán. A los Leones les costó hacerse fuertes, dentro de una contienda que partía con fuerzas equilibradas. El segundo gol de jugada fija de Windfeder, a los 3 minutos del último cuarto, siguió afectando en la moral, pero el propio Casella encontró el descuento de córner corto a casi 9 minutos del final. El equipo nacional redobló esfuerzos para intentar equilibrar el resultado, aunque el tiempo se agotó en esa denodada lucha por conservar los laureles de Río. Entonces, sobrevinieron los abrazos de consuelo en un grupo que había soñado con otro podio.

Cinco años de contramarchas

Para llegar a consagrarse en los Juegos Olímpicos de Río 2016 hubo una revolución interna en la que se modificaron métodos de trabajo, tanto en la manera de entrenarse como de alimentarse. Un enfoque mucho más profesional, para sentirse definitivamente al lado de las potencias. El Enard prestó su respaldo para la concreción de giras, al tiempo que se afianzaron jugadores en ese roce fuera de casa y se definía una forma de juego. Con el talento natural de varios jugadores, muchos pertenecientes a una camada brillante que salió campeona en el Mundial Sub 20 de Rotterdam 2005, las consecuencias directas se vieron en un principio con la medalla de bronce en el Mundial de La Haya 2014, por primera vez en un podio en citas grandes de la FIH. Y después, la conquista máxima que puede alcanzarse en este deporte: la coronación en Río de Janeiro.

Definitivamente, los astros se habían alineado: un grupo de jugadores que creyó ciegamente en el cuerpo técnico, resultados que pronto aparecieron y el sostén mínimo necesario para poder entrenarse, más allá de los recurrentes problemas con el sintético del Cenard y una mayoría de clubes domésticos sin canchas de nivel internacional. Ya nada pudo detenerlos y despejaron por fin esa percepción de quedar bajo la sombra de los éxitos de las Leonas. Eran ellos y su propia identidad, acompañando también a ellas en sus logros. Porque, además, los nombres de las nóminas siempre estaban claros, más allá de algunos pequeños ajustes. Cada uno con su función y especialidad dentro de la cancha; también, con su particular injerencia dentro de un grupo humano de buenos lazos.

Carlos "Chapa" Retegui se dirige a los jugadores en un alto en el juego; la eliminación argentina estaba en los cálculos y Alemania fue superior.
Carlos “Chapa” Retegui se dirige a los jugadores en un alto en el juego; la eliminación argentina estaba en los cálculos y Alemania fue superior.LA NACION/Santiago Filipuzzi

La pretensión era encadenar un nuevo ciclo olímpico en lo más alto del hockey mundial, sobre todo con la garantía de que muchos jugadores estaban ya insertos en el circuito europeo: defensores, mediocampistas y delanteros muy bien considerados y con un lugar bien ganado en equipos de las ligas belga, holandesa y alemana, las más prestigiosas del mundo. Sin embargo, diversas razones provocaron que los Leones fueran declinando. Consciente del desgate del proceso en sí mismo, Carlos Retegui terminó alejándose y Germán Orozco asumió en abril de 2018, un entrenador que nunca pudo tomar el pulso del equipo, y a quien tampoco le dieron suficiente tiempo. El Mundial de la India de aquel año dejó toda la sensación de haber tocado fondo: la despedida tras la derrota ante Inglaterra en los cuartos de final y el 7º puesto tuvo el aspecto de un claro retroceso y la urgencia de reconstruir pronto lo que se había resquebrajado.

En los Panamericanos de Lima 2019, los Leones cumplieron un trámite; se llevaron la medalla de oro sin contratiempos y se clasificaron directo a estos Juegos Olímpicos. Pero ese sistema perfecto de relojería ya se había descompuesto hace un año, también desde el costado dirigencial: cuando la ruta debía conducir directo a Tokio, la Confederación Argentina de Hockey decidió despedir en agosto de 2020 a Orozco por considerarlo un “ciclo agotado”. Asimismo, el factor Gonzalo Peillat, el defensor clave de los córners cortos, que decidió desprenderse de los Leones por no estar de acuerdo con la dinámica de los entrenamientos. Fue una baja sensible.

Pero la eclosión se produjo durante la pandemia: ya bajo la dirección de Mariano Ronconi, los Leones quedaron aislados del mundo por la inactividad general y por la falta de rodaje internacional. Una tras otra, las fechas de la Pro League se fueron cancelando y el equipo perdió tono competitivo, además de la forzosa coyuntura de tener que entrenarse en casa durante varios meses. Recién este año, el equipo pudo volver a reconocerse con algunas concentraciones y partidos amistosos, pero no resultaron suficientes. Esa falta de competencia en el exterior los dejó mucho más desarmados para llegar a estos Juegos Olímpicos con su máximo potencial, sobre todo en comparación con las selecciones europeas. Entonces, terminaron despidiéndose antes de lo pensado en su sueño de la defensa del título.

Fuente:Ir a notas de Gastón SaizGastón Saiz  LA NACION – Fotos: LA NACION/Santiago Filipuzzi –