//Así fue el cabaret de Boca

Así fue el cabaret de Boca

El Bambino con Latorre. El DT pidió multa económica por aquella frase. Fue de 578 pesos…

Se cumplen 22 años de aquella frase de Latorre que ya forma parte de la mitología de nuestro fútbol. ¿Pero qué pasó ese día que llevó a Gambetita a decir eso? ¿Cómo era ese vestuario? ¿Qué diferencias había? La historia detrás de un episodio que marcó un fin y un comienzo en el club…

El plantel de Boca todavía seguía trabajando en el Sindicato de Empleados de Comercio, en Ezeiza. Diego Latorre salió antes la práctica: sufría una gastroenteritis. Subió a su auto. Suéter marrón, lentes oscuros, jeans. No puso un CD. Siempre escuchaba música, mucho Bruce Springsteen. Esta vez, sintoniza la radio: Rivadavia.No puede creerlo: escucha con lujo de detalles todo lo que acaba de hablarse en el vestuario. Todo lo que pasó en una reunión del plantel que había concluido con un “tenemos que respetar los códigos, muchachos, nada de pasar información a los periodistas, esto muere acá “.

Latorre el día que tira la bomba. Bajó la ventanilla y ¡pum!

Latorre el día que tira la bomba. Bajó la ventanilla y ¡pum!

Latorre pone primera. Afuera, como siempre, esperan los periodistas. No tenía pensado parar. Para. Baja la ventanilla. Está a segundos de hacer un cagadón, a segundos de tirar una frase que ya forma parte de la mitología de nuestro fútbol.Eran las 11.30 de la mañana del lunes 20 de abril de 1998. Pasaron 22 años…

Por esos días, Boca tenía un andar muy flojo. Luego de ganarle 3-2 a River por la fecha diez, cae 2-1 ante Lanús, el martes 14 de abril, derrota que lo deja casi sin chances, muy lejos del Vélez puntero de Bielsa. Encima, tres días después, viernes 17, iguala 1-1 ante Central, un resultado que le quita todo tipo de aspiraciones de pelea por el título. En ese partido juegan, entre otros, Abbondancieri (con “c”), Bermúdez, Fabbri, Samuel, Serna, Arruabarrena, Latorre, Caniggia, Palermo, Guillermo. La Bombonera cruje. Suena el “la camiseta de Boca, se tiene que transpirar…”. Esa noche, en ese empate ante Central, en la segunda bandeja se despliega la bandera negra que dice “Gracias x el campeonato”. Los plateístas despiden con insultos al técnico, el Bambino Veira, pero hay otro gran apuntado: Diego Latorre. Esa noche, Gambetita es el único jugador de Boca que recibe silbidos. El vestuario también lo tiene en la mira: después de la derrota ante Lanús, mientras que casi todos los jugadores se habían ido sin hablar, Latorre apareció en El Equipo de Primera, aquel programa que salía los martes a las 23 por Telefe, conducido por Fernando Niembro junto a un grupo de monjitas adoratrices: Ruggeri, Chilavert, Juan Bava, Veira, Gorosito y, claro, Latorre. Veira no fue esa noche de la derrota ante Lanús: apagó su celular. Los productores del programa no pudieron ubicarlo. Latorre sí fue. Esto cayó como otra bomba en un vestuario que a esa altura era Kosovo.

La tapa de Olé del 21 de abril. Al estilo Full Monty.

La tapa de Olé del 21 de abril. Al estilo Full Monty.

“Perdimos con Lanús y quedamos todos muy mal. Entonces no daba para ir a un programa de televisión”, decía el Pato Abbondancieri. “En el fútbol el que habla pierde: los jugadores tienen que darse cuenta de que en determinados momentos no deben ir a un programa”, disparaba el por entonces presidente del club, Mauricio Macri. Ah, y Cani agregaba: “Hay jugadores que tiran tacos y sombreros. Quieren hacer el gol de su vida. Que se dediquen al baby fútbol”.

¿Qué explicaciones dio Latorre en el vestuario ante este cuestionamiento? Que no podía faltar al programa, que tenía un compromiso asumido gane o pierda, que había un contrato firmado que respetar con el canal (los jugadores cobraban diez mil dólares por mes por participar). Pero los problemas iban más allá: El Gráfico en esos días de abril cuenta que Caniggia miraba con cierto recelo a Guillermo, que le estaba sacando el puesto y relegándolo, así, además, en su carrera por ir al Mundial de Francia 98; que Oscar Córdoba ya no se bancaba ser suplente de Abbondancieri y se negaba a ir al banco; que el vestuario cuestionaba también al Ñol Solano que se había ido a jugar un amistoso contra México, en el que Perú puso a varios suplentes, borrándose del partido ante Central en algo que “se pareció a una fuga de esta olla a presión que es Boca”. Además, hoy, algunos cuentan que Latorre, referente, figura del equipo, se sentía algo desplazado por la ascendencia en el grupo que había logrado Diego Cagna.

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Más allá de estos entretelones, la realidad -la que dolía- era que iban 12 fechas del Clausura y Boca ya estaba fuera de la pelea. Ante este panorama, Veira tenía los días contados, pero no se iba solo: un día antes de que Latorre tirara lo del cabaret, Olé (edición del 19 de abril de 1998) informa: “Macri arregló con Veira para que se vaya en junio y el club tiene decidido vender a Latorre”. ¿Cuál era la explicación? “A los dirigentes y al plantel no les cae bien que muestre un perfil tan individualista”. Incluso, ya se hablaba de un posible pase a Racing.

El 17 de abril, tres días antes de los dichos de Latorre, Boca empata 1-1 ante Central. Queda muy lejos de la punta. Hay bandera negra.

El 17 de abril, tres días antes de los dichos de Latorre, Boca empata 1-1 ante Central. Queda muy lejos de la punta. Hay bandera negra.

“Uf, qué épocas, nosotros ahí tuvimos a varios Centuriones, ja –dice Lito Pintos, que en ese entonces cubría Boca para Radio Mitre-. Eran todos pibes bárbaros, pero cada uno tenía su personalidad, viste, y quería ser estrella. Latorre se iba de boca declarando. Era una cosa de locos. Hoy somos casi vecinos con Diego. La otra vuelta me lo crucé y hablando me dice: ‘Qué pendejo de mierda que era, eh’.Hasta me acuerdo de una vez que Boca pierde 4-0.Yo entro al vestuario. Todavía se podía entrar al vestuario en esos años. Me siento al lado. Me mira, lo miro.Me dice: ‘¿Y? ¿Cómo me viste?’. ‘¡Cómo te voy a ver! ¡La puta que te parió perdimos 4-0! ‘. Diego era así, se preocupaba por él. Hoy habla muy bien, es excelente, de lo mejor, pero en ese entonces era bravo ”.

El Bambino hoy se ríe de aquel lío. "¿Lío? ¿Qué lío?", dice. Esos días hasta explicó qué es un cabaret...

El Bambino hoy se ríe de aquel lío. “¿Lío? ¿Qué lío?”, dice. Esos días hasta explicó qué es un cabaret…

Después de la frase de Latorre, el Bambino, ante los medios, ensaya una explicación hermosa, antológica, casi pedagógica:“No se puede decir que Boca es un cabaret. Un cabaret es un lugar al que uno va una noche a divertirse, a las dos de la mañana con algunos amigos, como lógicamente lo hice yo durante mucho tiempo en el pasado. Acá se trabaja seriamente ”.

Hoy, 22 años después, el Bambino se divierte.
-Qué quilombito tenías en ese vestuario…
-¿Eh? ¿Qué lío? Ja. Bueno, lo manejamos… Ése era un plantel extraordinario, con grandes jugadores, fuertes, de selección. Yo salí al día siguiente con chistes… Es que Diego no quiso decir eso.
-¿Y qué explicación te dio en ese entonces?
-Ésa. Que no quiso decir eso. Yo lo banqué a muerte, si siguió jugando conmigo…

Lo cierto es que aquel 1998 ya no había arrancado bien, ni para Boca ni para el Bambino: en el entretiempo de un partido ante Racing, en Mar del Plata, se había ido a las manos con Gustavo Barros Schelotto. Los separaron el Profe Weber y Palermo. Todo empezó porque Veira mete dos cambios: uno era Serna por Gustavo. El Melli, cansado de ser pieza de recambio, empieza a putear, a golpear cosas. “¿Qué te pasa, pibe?”, lo encara el Bambino. Gustavo no se calla. Y le recuerda a Veira un episodio de su pasado. Al técnico no podían pararlo. “Mientras yo esté en Boca, vos no jugás más”, le grita, sacado. Gustavo ni siquiera viaja con el plantel en el vuelo de regreso. Enseguida, se arregla su salida: préstamo a Unión.

El día después de lo del cabaret, Veira encara a Latorre. Le dice que se equivocó con esa frase y que va a pedir que lo multen. Le descuentan el 10% de su sueldo: 578 pesos, según Olé. Ese mismo día, Gambetita declara que no se arrepiente: “Lo único que puedo decir es que quizá no utilicé las palabras correctas”. Años después, explicará: “Yo lo que qui­se de­cir fue que Bo­ca era un qui­lom­bo, que ha­bía chus­me­río, y me sa­lió ca­ba­ret”.

-¿Te arrepentiste de aquello? -le pregunta El Gráfico, ya en el 2005.
-No, la gente sabe lo que quise decir. Eso sí: voy a pedir derecho de autor, porque cada vez que hay bolonqui en un plantel, citan mi frase. Los periodistas no son muy originales, la tiran siempre. Estuvo bueno…

La Tota Fabbri, referente de ese Boca, en la pretemporada de Mardel. "Yo estuve cuatro años en el club y siempre se tiró para el mismo lado", dice hoy.

La Tota Fabbri, referente de ese Boca, en la pretemporada de Mardel. “Yo estuve cuatro años en el club y siempre se tiró para el mismo lado”, dice hoy.

“Esas son frases desafortunadas que el periodismo las toma para vender más diarios”, dice hoy la Tota Fabbri, capitán de aquel equipo, a días de cumplir 52 años (el 29 de este mes), mientras trabaja de representante de jugadores, como coordinador del fútbol femenino en Agremiados y administra locales de lotería con su mujer: “Seguramente en el plantel había más afinidad con uno u otro, pero yo estuve cuatro años en Boca y siempre se tiró para el mismo lado, el objetivo era ganar algo. Los pequeños detalles hicieron que no fuéramos campeones. Me acuerdo del 95, contra Central, que Mastrángelo no nos cobra un claro penal al Manteca Martínez. Con ese triunfo éramos campeones. Y después hubo errores nuestros, obviamente, muchísimos errores”.

El domingo 26 de abril, Boca visita a Ferro. Se come cuatro. Latorre es titular.Días después, desde su depto en Belgrano, Veira, que ya había amagado con renunciar tras la derrota ante Lanús, llama a Macri. Le dice que se va. Es la noche en que Argentina le gana 1-0 a Brasil, en el Maracaná, con aquel gol del Piojo López que esa vez le acertó al arco. Agarra de interino García Cambón, DT de la Reserva.El gran candidato en Boca es Passarella, publica Clarín.Macri lo quiere para “poner orden en el vestuario”. Y Passarella quiere ir. Sabe que después del Mundial de Francia no seguirá en la Selección: Grondona lo tiene decidido luego del papelón del corte de Cruz en Bolivia. De hecho, Passarella habla con los dirigentes de Boca. Hasta circula un precontrato y nombres de jugadores que quiere: se habla del Ratón Ayala y de Matías Almeyda. La presión de los hinchas hace que Macri lo baje. La gente pide por el Maestro Tabárez. No es ninguno de los dos, claro.

Después de los escándalos, llega Bianchi, en julio. Le da lugar a Riquelme, suplente con Veira, y les da a los jugadores sus Diez Mandamientos de convivencia.

Después de los escándalos, llega Bianchi, en julio. Le da lugar a Riquelme, suplente con Veira, y les da a los jugadores sus Diez Mandamientos de convivencia.

El 2 de julio de 1998, Carlos Bianchi arribó a la Posada de los Pájaros de Tandil. Llegó en el avión privado de Mauricio Macri.Bianchi ya sabía qué le esperaba. Por eso, ese día, lo primero que hizo fue pegar en una de las paredes de la posada un papel con Diez Mandamientos de convivencia.El sexto decía: “Las diferencias grupales requieren ser comentadas en la intimidad del plantel. Hablar de ellas con el periodismo constituye una falta grave. El que lo hace, se va”. Arrancaba así el ciclo más ganador de la historia del fútbol argentino.

Aquel lunes 20 de abril, Latorre deja atrás a los periodistas. Al llegar a su casa, su mujer, Yanina, le dice que es una locura, que lo estuvieron llamando de todas las radios: “Te juro -le dice Latorre a El Gráfico- que yo no entendía porqué”.

Fuente:Mariano MurphyMARIANO MURPHY – Ramiro LadouxRAMIRO LADOUX – Producción Facundo Echarren – Olé / JR – www.actualidaddeportiva.com.ar – Fotos: Olé – Video: Olé – TyC Sports – Canal 9